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Los Reyes Don Alfonso XIII y Dona Victoria Eugenia, junto al Infante Don Alfonso de Orleáns, inspeccionan en Cuatro Vientos un Morane Saulnier francés, en 1916. A la derecha, la Infanta Doña Beatriz con el capitán jefe de la escuadrilla del aeródromo de Sevilla, en 1927 concentraran en Tablada numerosas escuadrillas, que dieron gran brillantez al acto. Durante el vuelo de éstas se vivieron momentos de gran emoción y angustia, cuando el teniente Gutiérrez López, tras un picado desde doscientos metros, desciende vertiginosamente hacia tierra. Por unos instantes, cual si quisiera rendir honores, mira a la izquierda, son unos segundos de distracción y el aparato se estampa contra el suelo, no lejos de la tribuna regia. Corren despavoridas en su auxilio las asistencias, temiéndose lo peor, pero... ante el asombro de todos, el piloto sale por su propio pie de entre los restos del avión y. entre cálidos aplausos, se dirige a la tribuna, donde los Reyes le felicitan afectuosos. El Rey, que como todo su pueblo, había vibrado de españolismo, con motivo del espléndido raid del Plus Ultra al Rio de la Plata, quiso ser también el primero en abrazar a tan distinguidos aviadores, a los que agasaja y muy especialmente al comandante Ramón Franco a quien entrega la llave de Gentilhombre. proponen llevar a cabo ambiciosos raids. Tras el oficio religioso, la Reina procede a bautizar el avión con vino de Jerez; pero, como narraba un aviador testigo de la ceremonia, la lucha de Su Majestad para romper contra el buje de la hélice, la botella que no quería romperse, dejó filtrar una brisa de zumba en el emotivo acto El Jesús del Gran Poder iniciaría días después un interesante raid a Oriente. Pero tras recorrer cinco mil cien kilómetros en veintiocho horas, una furiosa tormenta de arena acabó produciendo una avería en el motor que les obliga a aterrizar en un lugar perdido en Mesopotamia, donde por unos días serían prisioneros de los beduinos. Habría de ser casi un año después, cuando Jiménez e Iglesias, a bordo del mismo aparato, alcanzaran la gloria con su vuelo directo Sevilla- Bahía de seis mil quinientos treinta kilómetros sobre el océano. cibirían su bautismo del aire los Infantes Don Jaime y Don Juan, quienes realizaron un vuelo de exploración hasta encontrar a los yates participantes en la regata Plymouth- Santander. El autogiro En aquellos días, un español. el genial Juan de la Cierva, llamaba la atención del mundo con su formidable invento del autogiro. La Prensa gráfica que había popularizado la estampa del revolucionario aparato y de su creador, recogía un día del verano de 1930, el testimonio del vuelo, que el ingeniero diera en Santander al Infante Don Jaime. Años después, en la campiña británica. La Cierva tendría la ocasión y el honor de ofrecer una pequeña satisfacción a su Rey al ofrecerle un viaje en su autogiro cuando Alfonso XIII vivía ya los amargos días del destierro. trata del infante don Alfonso de Orleáns, que acaba de ser objeto de un homenaje nacional de la aviación deportiva, con el ofrecimiento de una avioneta costeada por todos los aeroclubs. El deseo es cumplido y a sus setenta y un años, aquel que viviera los albores de la aeronáutica, vuela supersónico en compañía del célebre as norteamericano Chuck Yeager. No es de extrañar que este hombre de leyenda que fue el infante, merecedor indiscutible de la Medalla Aérea que le fue impuesta el 22 de febrero de 1969, expresara como última voluntad el que se le amortajara con su mono de vuelo. Deseo que se cumplió cuando a los ochenta y ocho años España perdía una figura señera de su aviación. Príncipe aviador Para completar su formación militar, iniciada en la Academia General de Zaragoza y continuada en la Escuela Naval Militar de Marín, el Príncipe Don Juan Carlos de Borbón inicia en 1958 su aprendizaje aeronáutico en la Academia General del Aire, integrándose en la XI Promoción. En San Javier conocería la fascinación del vuelo y su profesor, el comandante Prieto Arozamena, en seguida declararía: El Príncipe es un excelente alumno, un manitas en el argot aeronáutico al que no le cuesta obtener el título de piloto de avión de guerra y por decreto del 10- XII 1959 se le promueve al empleo de teniente del Arma de Aviación Servicio de Vuelo. En julio de 1969, pocos días antes de que las Cortes proclamaran a Don Juan Carlos como sucesor a título de Rey, tras el oportuno curso realizado en la La guerra Cuando en 1936 se desata la trágica guerra civil, el infante de Orleans. quien acompañara al Rey en su viaje camino del destierro, regresa a España junto a sus hijos que, aviadores como él. se integran en unidades de vuelo. El infante llegaría a mandar la 2 Brigada del Aire, pero habría de pasar por el penoso trance de perder a su hijo Alfonso caído en acción de guerra. Bautismo del aire Aquel celo, exagerado muchas veces, en velar por la seguridad del Rey, le había privado hasta entonces de su ilusión por volar en avión. Al fin, un día del verano de 1929, confiando el Gobierno en la seguridad del Dornier número 16 accedió a ofrecer al Monarca la ocasión de realizar un vuelo. Partiendo de la bahía santanderina. el hidroavión pilotado por el célebre Gallarza, recorrió buena parte de la costa cantábrica, comandado durante un buen rato por el egregio pasajero. El año siguiente, también en Santander y a bordo de un hidro Dornier Wal de la Aeronáutica Naval, circunstancialmente en la capital de la Montaña con motivo de las maniobras de la Flota, re- El Jesús del Gran Poder La fiesta de la Industria Aeronáutica Española en 1927, desplegaría en Getafe la más importante concentración de aviones de la época; ciento veinte aparatos distribuidos en catorce escuadrillas, formarían alineados para su bendición. Actuaron de madrinas las Infantas Beatriz y Cristina, la infanta Beatriz de Orleans y otras distinguidas damas. El año siguiente, en Tablada, los Reyes presiden el solemne acto de bendición del Jesús del Gran Poder soberbio aparato construido por CASA con el que los capitanes Jiménez e Iglesias se 12 Supersónico Estamos en 1958, la aviación se ha desarrollado espectacularmente. Para los reactores de combate la barrera del sonido ya no es tal. Un viejo general que, aún en el retiro no puede dejar de volar casi a diario, muestra su deseo de realizar un vuelo supersónico. Se