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...DOMINGO 6- 9- 87 ESPECTÁCULOS Festival de Venecia ABC 79 Richard Marquand, artesano malogrado En ocasiones- pocas, desde luego el calificativo de malogrado sirve, como en este caso, para catalogar una muerte. Richard Marquand, con media docena de largometrajes y algunas realizaciones de televisión, cineasta británico incorporado al cine nortemericano, acaba de morir, a los cuarenta y nueve apos, victima de una crisis cardíaca, en un centro sanitario del sur de Inglaterra. Malogrado su talento, acreditado como buen fabricante de imágenes; malograda su prometedora filmografía. Marquand destacó ínicialmerite en la televisión británica, para la que filmó, en 1975, La búsqueda del Nilo Su primera oportunidad cinematográfica la constituyó The Legacy en 1975, que pasó sin pena ni gloria. Pero en 1981, cuando se estrenó El ojo del aguja según una novela de Ken Follett- La isla de las tormentas sobre las andanzas de un espía nazi en la Inglaterra del principio de los años cuarenta, Richard Marquand se convirtió en un realizador relativamente popular, y apreciado dentro de ía industria. Tanto que George Lucas le llamó para que se encargase de la realización del tercer episodio de la trilogía La guerra de las galaxias Teniendo en cuenta el éxito multimillonario de los dos primeros capítulos, el riesgo, al confiar a Marquand El retorno del Jedi era indudablemente alto. Sin embargo, Marquand consiguió el que acaso sea el mejor episodio de la trilogía, y los ingresos en taquilla no desmerecieron en absoluto de los precedentes. En su cuarta película de 1985, Jagged Eye -aquí presentada como Al filo de la sospecha Marquand siguió mostrando una habilidd artesanal de primer orden. Tras las huellas de Hitchcock, jugando al gato y al ratón con las sospechas y los nervios de los espectadores, -como en Sospecha Falso culpable o El proceso Paradine Marquand hacía gala de su profesionalidad, en una intriga de asesinato, con atracción entre la abogada y su defendido. Mi amante francesa su siguiente película- Until septembre en el original americano- marcó un cierto retroceso en su carrera triunfante. Se trataba dé una comedia romántica que contaba la imposibilidad de un amor a plazo fijo, hasta septiembre en que se acabaran las vacaciones, entre una turista británica y un especialista financiero francés. No había en ella el pulso habitual del realizador, más dotado para la tensión dramática, para la aventura o la violencia, que para la risa o la sonrisa. La última película de Marquand, que para el público español será ya postuma, parece ser Hills of Fire rodada en Estados Unidos, como casi todas las anteriores. Pedro CRESPO Al Capone, elmonstruo de Eliot Ness, visto de cerca por Brian de Palma Montaldo aparece ya como uno de los intocables del certamen Venecia. E. Rodríguez Marchante, enviado especial Los cada vez más cercanos rugidos del león le han puesto alas al certamen. Las películas se agolpan para ser vistas y es prácticamente imposible dar dos pasos sin encontrarse con alguna vieja o nueva gloria del cine. Jane Birkin, Rupert Everett, Brian de Palma, Timothy Hutton, Alan Rudolph, Ana Belén y la discreta corte española encabezada por José Luis García Sánchez. Todos pendientes de ver por donde van a ir los zarpazos. En las últimas horas, los rugidos han cambiado de dirección, o por lo menos, los vientos que los traen. El fasto que se derrochó alrededor de la película del italiano Montaldo, Las gafas de oro con todas las fuerzas vivas del país y una nutrida representación europea deshaciéndose en abrazos con Giuliano Montaldo, hacen presagiar lo peor. Nada tiene que ver que su película haya recibido el varapalo desde todos los rincones de la crítica. Ante tal enjundia a su alrededor se presenta poco menos que intocable. Esta palabra, ha sido precisamente la más oída en la jornada cinematográfica de ayer, en la que presentó Brian de Palma su última película, Los intocables (fuera de competición) y con la coletilla de acontecimiento especial Lo que cuenta De Palma en el filme es de todos conocido, el mítico enfrentamiento entre Al Capone y Eliot Ness en el peligroso Chicago de principios de los 30. Lo hace con verdadera devoción y con un sentido cinematográfico que parecía haber extraviado en sus últimos trabajos. De Los intocables es difícil restablecer un buen punto de partida para el comentario. Falsamente al azar se puede comenzar con Robert de Niro, que encarna al malo. Todo el mundo está ya al tanto de la cantidad de carne que pone De Niro a sus personajes: sean boxeadores, asesinos, conquistadores, músicos... a todos les ofrece hasta las uñas. Su trabajo de Al Capone llega, de perfecto, a agobiar; simetría física, moral, gestos, movimientos, miradas, voz, nada tiene que ver con el actor que vimos en otras ocasiones, porque Robert de Niro está dejando de ser un actor para convertirse en un devorador de sí mismo y de quien tenga en frente. Un trabajo intocable que además realizó en sólo ocho días de rodaje. Tras la suya, las demás interpretaciones son ejemplares, desde Sean Connery hasta Kevin Costnec pero tras la suya. Se puede eludir, por obvia, la calidad de la TIENDA DE FABRICA Marcas francesas GRAN LIQUIDACIÓN POR FIN DE TEMPORADA Todo a 1.000, 2.000, 3.000, 4.000 pesetas ¡VEN A VERLO! Horario lunes a viernes, 10- 2 y 4- 8; sábados, 10- 2. Calle Ramírez Arellano, n. 19. 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Y se puede hablar, en cambio, de la estructura endiabladamente precisa que utiliza, presenta a los dos personajes claves de igual forma, Al Capone (primeras imágenes) con el rostro tapado por las toallas húmedas del barbero; Elliot Ness en una conversación de espaldas a la cámara; fuerza constantemente un juego de climas (distanciador con los gansters y aproximador con los intocables por medio de extraños movimientos y de encuadres atornillados; recoge, como es su costumbre, escenas memorables de otras películas para, sin ningún pudor, acoplarse a su acción (desde el punto de vista husmeador de Hitchkock a la secuencia de las escaleras de El acorazado Potemkim Es en definitiva un trabajo en el que. se aprecia que todo el aparato y la catarata de medios de que ha dispuesto, estuvo al servicio de una cabeza en forma de exprimidor, y que además ésta se ha permitido el dudoso lujo de no desviarse demasiado de sus habituales manías, que, por otra parte, en Los intocables resultan hasta simpáticas. A la hora de hablar de la competición, lo primero que hay que decir es que la película española se proyecta hoy para la Prensa y mañana, de forma oficial, a todo el mundo. Divinas palabras de antemano, debería caer con la rotundidad de un huevo en la sartén del concurso. José Luis García Sánchez, que es sin duda el director más simpático de cuantos compiten, está tan ocupado habiéndoles de Valle Inclán al surtido de magnetófonos que campean por el Lido, que no ha tenido tiempo de ver a sus rivales. De haberlo hecho ayer, una esperpéntica sonrisa se hubiera dibujado en su cara al echarse ante ella la horrible película de Jacques Doillon, Comedie Ni siquiera hubiera aburrido a las ovejas; se habrían largado. Si le hubiera dado que pensar, en cambio, la película japonesa a competición, Marusa no onna de Juzo Itami, con un ritmo y un sentido del humor inaudito para la cinematografía que representa (como todo el mundo sabe, los filmes japoneses o son obras de arte, o son aburridísimos) Cuenta la historia de una en exceso animosa recaudadora de impuestos en una sociedad, la nipona, que al parecer evade con auténtica soltura. Sus métodos para localizar y atajar a los morosos son tan ocurrentes que, a pesar de su gracia, no le hubieran hecho ninguna al mismísimo Al Capone.