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DOMINGO 6 9 87 LA MAYOR TRAGEDIA DEL CUERPO DE BOMBEROS ABC 61 s escombros de Almacenes Arias A fas tres de la mañana, diez hombres quedaron parecía bajo toneladas de cascotes w wí TM. ucirse enfrentamientos entre policías y leran un nuevo obstáculo para rescatar ropa y regresar. Alvarez del Manzano también ha permanecido a pie firme buena parte de la noche, al igual que Luis Larroque y Emilio García Horcajo. Ya de mañana, se personarían la delegada del Gobierno, Ana Tutor: Joaquín Leguina, Jesús Espelosín, y, poco antes de las doce, Agustín Rodríguez Sahagún. Para cuando llega Juan Barranco, el edificio de los Almacenes Arias se encuentra rodeado por una enorme bola de fuego que, poco a poco, va devorando ío que encuentra a su paso. Y por ello comienzan a caer con gran estrépito sobre el asfalto de la calle de la Montera enormes panderetes desprendidos de la parte superior de la edificación. Paralelamente, otros enormes trozos se estrellan en la zona de la plaza del Carmen. b Ambiente fantasmagórico El ulular de las sirenas, unido a las luces de los lanzadestellos de los coches radio- patrulla crean un ambiente fantasmagórico. Un hervidero humano se congrega en la Puerta del Sol, en la Gran Vía, en la caile de las Tres Cruces, y en otras aledañas a la espera del desarrollo del suceso. Y también, un colapso circulatorio sin precedentes que, por fortuna, poco más tarde de producirse el siniestro es paliado. Serán varias las ocasiones en que los bomberos y autoridades creerán tener dominada la situación, pero cuando menos se pensaba el fuego iba reavivándose con gran virulencia como si de un gigantesco tiro de chimenea se tratase. Obvio es decir que, desde los primeros bien los corazones. Todo es confu- han podido hallarlas, pronto las esmomentos, la Policía y los propios sión, gritos y carreras: La parte cen- peranzas se desvanecen. Comienbomberos han procedido a la eva- tral de los Almacenes Arias, es de- zan a llegar camiones del Servicio cuación de todas aquellas personas cir todos los forjados, se han de Limpieza en los que se cargan que se encontraban en los edificios venidos abajo, al parecer, tras abrir- ios escombros, trabajo que se realicontiguos, aunque siempre queda la se un impresionante boquete en la za pesadamente, pues en. los rosduda de que alguien pueda perma- planta sótano y, al hacerse un va- tros se vislumbra el cansancio. necer atrapado en alguna edifica- cío, puede haber actuado como gi- También a esa hora, los primeros ción, sobre todo si se tiene en gantesca ventosa atrayendo los for- llantos: las mujeres, novias, hermacuenta que prácticamente desde el jados superiores de viguería o de nas y madres de los desaparecidos comienzo del incedio las llamas se estructura metálica, muy debilitada que buscan desesperadas cualquier han propagado al edificio número por el intenso calor que han tenido tipo de noticia. Son momentos de que soportar. Esto, unido al peso de nudos en la garganta, de crispación, 31. La lucha contra el fuego no pue- los escombros, a algún derrumba- dé histeria. Una mujer de pequeña de ser más intensa. Se ataca en la miento superior imprevisible, o vaya estatura, edad mediana y cabello caile de la Montera por su frente a saberse por qué. causas, han pro- negro coloca sus manos en posicon potentes chorros de una man- vocado que los hombres que se en- ción de rezo y, como enloquecida, cuentran dentro se precipiten como no deja de dar vueltas a un quiosco guera cañón, mientras que otros muñecos rotos enmedio de una im- de prensa allí situado pronunciando hombres del Servicio Contra Incenen alta voz: Corazón de Jesús, en Vos confío. Corazón de Jesús, en Vos confío... Pasa el tiempo. Es la una de la tarde. Alguien asegura que ha escuchado gemidos provenientes de los almacenes. Se pide silencio. Callan los motores de los vehículos. La escena es sobrecogedora... Al fin, el mutismo se rompe por la voz de María del Mar, esposa de José Antonio Escalera, uno de los sepultados, que grita: ¡Mi marido está dios intentan sofocarlo subidos en presionaníe cascada de cemento, muerto! Se reanundan los trabaos. Y, al fin, llega la tan ansiada las canastas de las escalas, al igual cristales y metal al suelo. que desde la azotea del edificio núToneladas y toneladas de escom- cinta transportadora para no tener mero 25 y 27, donde se encuentran bros les aplastan, tomando desde que acarrear a mano los escomsituados, entre otros establecimien- ese momento el siniestro unos tin- bros. Estos trabajos se paralizarán tos, la zapatería Los Guerrilleros y tes dramáticos. Las siguientes ho- en un momento dado para proceder el hotel Montesol. Por la parte pos- ras serán de tensión, de realizar tra- a un detallado estudio de un torreón terior de los almacenes, numerosos bajos de extinción de las impresio- situado encima del edificio que albomberos también luchan denoda- nantes llamaradas que surgen de berga la maquinaria de los ascensolas balconadas del número 31, cuya res. Este torreón amenaza con damente por sofocar la hoguera. estructura interior de viguería de caerse y provocar aún más catásPeriodistas de todos los medios madera que, curiosamente, ha re- trofe cuando se proceda a extraer informativos, personal de Protección sistido más tiempo el embite del los cuerpos. Se. decide volarlo. Civil, Cruz Roja, Guardia Civil, Ayu- fuego que las metálicas, también se Seis de la tarde. Se producen dos da en Carretera, personal sanitario, viene abajo, quedando sólo la fa- detonaciones espaciadas unos diezPolicía Municipal y Nacional, ade- chada, sin esqueleto. minutos una de otra. La segunda más de numerosos curiosos que Siete horas y quince minutos de carga ha conseguido su objetivo. Y, han conseguido colarse siguen de después, más espera... cerca el desarrollo del fuego. La la mañana. Clarea el día. Un cuarto de hora más tarde, se cumplen Al filo de las doce de la noche, sed y el hambre comienzan a hacer estragos, mientras que el hollín del doce horas desde el comienzo del dos bomberos de los diez que perhumo empieza a descender. -Por siniestro. Y no sólo se padece por manecían bajo los escombros fueeste motivo, Protección Civil pronto la situación de los hombres sepulta- ron finalmente rescatados sin vida, se apresta a facilitar toallas húme- dos, sino también se teme por un con sus cuerpos completamente das para facilitar la respiración a las posible derrumbe de la fachada del aplastados. A partir de estos monúmero 31 en dirección al público. mentos la noche se haría, si cabe, personas que allí se encuentran. Este temor se hace realidad hora y más interminable para los familiares Son las tres de la mañana. Varios media después, cuando nuevamen- de los ocho restantes miembros del bomberos trabajan en la cuarta te enormes panderetes se despren- Servicio contra Incendios sepultaplanta de los almacenes, pues el den, provocando el pánico. dos. Las labores de rescate contifuego, aunque más virulento en el Diez horas. Son introducidos pe- nuaron infatigablemente durante númeo 31, también allí se encuenrros adiestrados para la búsqueda toda la noche, mientras que las estra. de personas en lo que queda de los posas, padres y amigos de las víctiUn formidable estruendo hace almacenes. Los canes no encuen- mas buscaban cualquier noticia que temblar no sólo al edificio, sino tam- tran pistas y, cuando se cree que hiciera reavivar la esperanza. entramado de hierro del edificio cebando intentaban apagar un foco Inmueble colindante sólo quedó indemne ía fachada, tras doce horas de fuego