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60 ABC LA MAYOR TRAGEDIA DEL CUERPO DE BOMBEROS DOMINGO Ó- 9- 87 jornada de angustia Madrid Las agujas del reloj lamían ya las tres de la mañana. De súbito, un formidable estruendo pudo oírse en la zona, y en la garganta de todos los que allí se encontraban se hizo un nudo, pues el desplomé interior de! edificio de los Almacenes Arias había arrastrado consigo, entre una lluvia de ladrillos, panderetes y vigas, a diez bomberos. A partir de aquel momento, la angustia se fue acrecentando segundo a segundo, y se acentuó aún más cuando las familias de los hombres desaparecidos comenzaron a llegar y prorrumpieron en sonoro llanto. Todas las explicaciones que puedan darse en estos momentos sobre la tragedia vivida en Madrid son válidas, si bien su peso específico puede que no sea muy elevado, pues las conjeturas son muchas a! igual que los interrogantes que, en su día, irán desgranándose poco a poco. Por ello, de lo que realmente puede hablarse en estos momentos, sin incurrir en errores informativos es de las horas vividas por todos aquellos que presenciaron el graví- simo suceso. Los hechos, de una forma más o menos lineal, comienzan de la siguiente manera: Viernes día 4. Son las siete y media de la tarde. En el comercio conocido popularmente como Saldos Arias, situado en el número 29 de la calle de la Montera, se encuentran más de sesenta empleados y poca clientela. De súbito, alguien advierte que de una cata de ropa al menos parece que esa es la versión más fiable- sale fuego. Pronto se da la voz de alarma en la tercera planta y se intenta sofocar aquella llamarada que, algunos testigos, aseguran que eran como un pequeño hilo de humo, como si se hubiera quemado una sartén Sin embargo, las buenas intenciones de los empleados no serán suficientes para sofocar el fuego, por lo que tiene que avisarse a los bomberos. Estos acuden, como es habitual rápidamente, si bien el incendio que al principio parece haber quedado dominado, pronto toma alarmantes proporciones al propagarse una llama por un cable hacia la cuarta planta por la zona que da a la plaza del Carmen. La pequeña llama parece ser el detonante final de la tragedla: cajas de cartón, prendas de vestir, hules, gomas y, en definitiva, elementos combustibles provocan un fuego de incalculables dimensiones. Pese a su gravedad, han logrado salvarse vidas humanas. La evacuacióp se ha realizado con riguroso orden, tanto de empleados- algunos de los cuales llegan a cambiarse de ropa en el segundo sótano- como de clientes que abandonan el edificio no sin muestras de nerviosismo en algunos, de asombro en otros, y de histeria en muchos. Versiones dispares En breves instantes, una gigantesca columna de humo negro podía contemplarse desde los puntos más dispares de la ciudad: De Norte a Sur y de Este a Oeste. Lo que ocurría, pronto corrió de boca en boca, como también corrieron las versiones más disparatadas y contradictorias y, entre ellas, cómo no, la de un atentado, que pronto fue desmentida. Otras hipótesis apuntaban a un posible cortocircuito, mientras que no faltaron las que atribuían la causa a una punta de cigarrillo sobre un mostrador de ropa. Los hombres del Servicio Contra Incendios se ven obligados a pedir refuerzos, pues las llamas se propagan con gran celeridad a plantas En las labores de descombro se vivieron momentos de crispación al pr bomberos, por negarse estos últimos a que se realizaran voladuras que con vida a los sepultados superiores, hasta la quinta y última, rior de los almacenes, el calor, la desde la que pueden contemplarse tensión y otras mil circunstancias, impresionantes llamaradas, que se hacen que muchos de ellos se deelevan hacia el cielo y que amena- rrumben físicamente y sus pulmozan peligrosamente a uno de los nes no puedan soportar el infierno edificios colindantes, en concreto al en que se encuentran, pues la plannúmero- 31, vieja edificación de en- tas de Saldos Arias se han convertitramado de madera, que en buena do en una jaula de fuego. Así, pronparte sirve de almacén para la em- to se tienen noticias de la intoxicapresa afectada. Pero también en ción de cinco bomberos, de nueve, esta misma casa se encuentran de treinta, de más... Exhaustos, personas, muchas de ellas ancia- agotados, con cortaduras, los uninas, que tienen que ser evacuadas formes embarrados, son atendidos por los bomberos por terrazas y es- por las ambulancias allí congregadas, quienes les suministran leche y calas. oxígeno. Es tal su profesionalidad Son las nueve de la noche. Nue- que, en cuanto pueden ponerse en vamente se han salvado vidas, pero pie, vuelven a coger sus manguelos bomberos actuantes, a los que ras, picos o hachas y retornan al se han sumado voluntariamente frente del fuego. Sólo uno de ellos compañeros francos de servicio, tiene que ser evacuado al ser almuestran los primeros síntomas de canzado por una impresionante llaasfixia por la densa y negra huma- marada cuando se encuentra en reda originada. Pese a que actúan unión de otro compañero en un balcon equipos autónomos en el inte- cón. Los políticos comienzan a hacer acto de presencia: tenientes de alcalde, concejales y el propio alcalde, Juan Barranco, que, tras haber pasado la tarde, en Aranjuez presenciando las fiestas que conmemoran el amotinamiento, regresa a Madrid e intenta disfrutar de otro agradable rato presenciando el recital de Juan Manuel Serrat en la plaza de toros de las Ventas. Sin embargo, antes de que comience el espectáculo le comunican lo que está pasando en pleno corazón de la ciudad y se persona en el lugar del siniestro poco antes de las once de la noche, no abandonándolo hasta pasadas las nueve y media de la mañana para cambiarse de Maleficio de unos almacenes macenes Arias de Barcelona, situados en la confluencia de las El último incendio de los almace- calles Tamarit y Villarroel, con el nes Arias viene a sumarse a una saldo de cuatro muertos y varios cadena de siniestros análogos- heridos. Todos las víctimas peren establecimientos de la firma. tenecían a una misma familia, El primero de ellos, como infor- residente, en una pensión contimábamos en nuestra edición de gua, y dos de los fallecidos eran ayer, tuvo lugar el 21 de enero niños. La mayoría de los inquilide 1964: ese día ardió el mismo nos de la pensión subieron a la edificio de la calle de la Montera terraza, pero otros intentaron de Madrid, sin que se produjeran descender por la escalera y allí víctimas. se produjeron los muertos y heriEl 11 de marzo de 1981 se re- dos, en la mayoría por asfixia. El fuego se propagó por la prigistraba otro incendio en los alMadrid. Documentación mera planta del edificio, alcanzando las viviendas superiores y la pensión. Aunque el incendio fue sofocado en menos de una hora, la rapidez de su propagación hizo sospechar que pudo ser provocado por el lanzamientrp de cócteles Molotov Testigos presenciales afirmaron haber escuchado una explosión y visto a unos jóvenes huir precipitadamente del lugar, aunque la intencionalidad del siniestro fue desmentida por las autoridades y no llegó a confirmarse.