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DOMINGO 6- 9- 87 ESPAÑA EN VACACIONES A B C 45 Crónicas del Verano rp Pan y vino andan camino n Un largo trayecto Salimos de Soria por la carretera de Madrid para desviarnos en el camino que lleva a Tardajos de Duero. Es un camino angosto y solitario que amenizan bosquecillos de pinos y de robles. En Tardajos- pequeño lugar, iglesia grande- cruza una mujer que lleva en la mano un cornetín. Es la pregonera que anunciará en distintos rincones del pueblo cualquier asunto de interés general o cualquier decisión del Municipio, tras ponerle a su voz un militar preludio trompetil. DE LA TRUCHA A LA TORTA DE ALMA El Parador de Alcañlz lo tiene todo: emplazamiento fabuloso sobre la ciudad y la vega del Guadalope; antigüedad ilustre que arranca del siglo XII; inteligente y respetuosa adaptación a las comodidades de un hotel de hoy, debida al talento tantas veces demostrado del arquitecto José Luis Picardo. En el comedor, que decoran reposteros con los escudos de los maestres de Calatrava, hemos reparado el desgaste del largo y difícil trayecto. Una crema de gambas, para empezar. Y luego costilletas a la parrilla por una parte- por la de siempre- y un rape al ajo arriero para este servidor de ustedes. Pruebo una chuletita para comprobar que está justificada la satisfacción de mi acompañante y la invito a que corrobore el sabroso punto de mi guiso. Nos recreamos un poco en los postres. Un buen flan de naranja La obligada contribución a la dulcería típica con la torta de alma y los almendros Y unos buñuelos de crema compartidos. No se escandalicen, que repartíamos entre tres, porque tuvimos una invitada. Todo estaba muy bien y, aunque a mí no me gusta el cabello de ángel la torta de alma que lo utiliza como relleno, es muy respetable golosina. Habíamos almorzado en el Hostal de la Trucha, cerca de Villarluengo, un sorprendente y encantador lugar en pleno corazón del Maestrazgo. Huevos fritos con morcilla, soberbias, truchas a la almendra y perdiz en aceite Un menú fuerte y sabroso, a tono con el paisaje. El único fallo, para mi gusto, fue el queso de Tronchón cuya fama me había llegado por comentarios y lecturas. Lo pedí con mucha ilusión, esperando uno de esos quesos bravos, que hacen cosquillas en el paladar. No tuve suerte. O el queso, o mi paladar no estaban en su punto. El desayuno en Alcañiz, antes de echarnos a la carretera, ha sido un gran éxito. Buenísimos churros recién hechos, que ya llevábamos unos días sin probar, y cuya ausencia empezaba a ser intolerable. Finísimos bollos, también, de leve, casi aérea entraña. Pastas de excelente calidad. Y unas tostadas recientes, calentitas, de verdadero y honrado pan, no esos productos industriales que salen correosos del tostador como si fueran resistentes al fuego. Un desayuno así dispone el corazón a las mayores hazañas. El itinerario más difícil parece un sendero de rosas cuando tostadas y churros han cumplido su labor estimulante. Me prometo a mí mismo venir con más tiempo a este lugar acogedor. Y no sólo por el desayuno, sino por la cordialidad que encontramos y que nos da vergüenza defraudar con una estancia tan corta. C. L. T. Este que recorremos es un campo tranquilo, levemente ondulado, donde crece el trigo y donde el río se hace presente, desde lejos, por la hilera arbolada de su orilla. Entre Solana del Cubo y Almarail el Duero se nos cruza, camino de Almazán, abrigado entre fresnos hermosísimos. Los pueblos son humildes, oscuros, y declaran por los cuatro costados su recia entraña campesina. De vez en cuando- como en Bliecos ahora- hay un pequeño valle, un oasis de verdor en que el paisaje se refresca. O un ruinoso castillo, como en Serón de Nágima. A partir de Fuentelmonge- así, con g hay un cambio sutil, casi imperceptible en el panorama. Nos habían sorprendido los girasoles, que creíamos incompatibles con estas tierras frías, y ahora el paisaje se endurece cuando la piedra empieza a asomar y la vegetación escasea. Es la contextura del campo la que se transforma, su color, su relieve. Todo parece igual que era hace unos kilómetros, pero todo empieza a ser distinto. Monteagudo de las Vicarías, casi en el límite de Teruel, tiene ya ese tinte terroso de muchos lugares de Aragón. Su castillo, a pesar de las mutilaciones y añadidos, conserva una arrogante estampa. Su iglesia gótica tiene un buen retablo escultórico y otro, pintado sobre tabla- del XIV, tal vez- en una capilla lateral. El templo está dedicado a la Virgen de la Muela. Monteagudo perteneció a don Sancho, un hermano de Enrique II, quien dio luego la villa a Beltrán Duguesclin- junto con las de Soria, Almazán, Atienza, Deza y Serón- en pago de sus leales servicios y su decisiva ayuda en el episodio de Montiel. Por Pozuel de Ariza entramos en la carretera general hasta- Calatayud, y escapamos allí del denso tránsito por el camino de Teruel. Un huerto interminable que riega el Jiloca se nos pone al costado derecho mientras las poblaciones desfilan por la siniestra mano. Fuentes de Jiloca, Montón, Villafeliche... Más torres mudejares, más iglesias monumentales, más ruinas de castillos. A partir de aquí se nos pierden los huertos a medida, que el río se nos aleja. Los trigos ocupan su lugar, entreverados con las viñas. Un soberbio pinar se anticipa a la imagen de Daroca, protegida, amparada por cien torres antiguas y lienzos de murallas. Cuando Alfonso I de Aragón, el Batallador la rescató de los árabes, ya tenía fama de gran fortaleza. Fue acrecentándose con los siglos y hoy todavía impresiona el recio cinturón que la vigila mientras descansa en el fondo del valle. En una capilla de la gótica colegiata se conservan los famosos corporales ensangrentados del milagroso suceso de 1239. Los guarda un relicario de oro que donó Fernando el Católico. Otra vez el Jiloca se pone a nuestro lado con su margen de huertos y en Báguena y Burbáguena y Luco de Jiloca vemos grandes caserones, lugareños palacios de típica arquitectura aragonesa. En Caminreal le hacemos un quiebro al río para irnos hacia Montalbán entre campos de trigo segado. Un pueblo escalonado en la ladera, Bañón, se funde con la tierra rojiza que lo enmarca. Otro, graciosamente llamado Cosa, arbolado y florido. El trigal se extiende ahora en tiras verticales por las faldas de. los montes. El puerto de Mínguez discurre por un áspero panorama de pedregales y matorral. En el descenso, Vivel del Río Martín, con una verde orla de almendros y avellanos. Las casas son de piedra plana, dispuesta horizontalmente. Las torres metálicas de las minas preludian la entrada en Montalbán, una villa próspera bajo los altos riscos con huellas de fortificaciones. Desde aquí, poco a poco, las sierras nos absorben, nos meten ets su laberinto de revueltas y. desniveles. Pasado el puerto de Las Traviesas entramos en tierras del Maestrazgo por caminos estrechos entre las gargantas cubiertas de pinos. Los veintisiete kilómetros desde el cruce de Ejulve hasta Villarluengo parece que no tienen fin, y el fatigado conductor llega a dudar si le compensa la brava hermosura del paisaje. Cantavieja, Mirambel, Morella... No por muy conocidos dejan de emocionarnos estos lugares llenos de sabor antiguo, cargados con el recuerdo de las románticas y audaces guerrillas de Cabrera. Tal vez lo enredado de sus accesos y su intrincada estructura montañosa han protegido a estas villas del Maestrazgo contra las siete plagas del crecimiento anárquico y turístico. Cayetano LUCA DE TENA ¡NO DE FACILIDADES A LOS LADRONES PROTEJA SUS CRISTALES CONTRA EL ROBO, SOL Y MIRADAS INDISCRETAS LAMINAS BLINDAJE Y ANTISOLARES RISO- CAR AUTOMOCION Y BLINDAJES, S. A. MAR DEL JAPÓN, 15 (final López de Hoyos) Tels. 763 41 21 y 763 41 68 LIMPIAMOS LA TAPICERÍA Y ASEAMOS SU VEHÍCULO