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MIÉRCOLES 2- 9- 87 ESPECTÁCULOS Festival de Venecia A B C, 69 A Kathleen Turner ya no se la ve en él horizonte veneciano. Candice Bergen se sabe que anda escondida entre sus recovecos. Con esta perspectiva, no hay más solución que acercarse a la, hasta el momento, mayor transgresión del paisaje, que la ha producido El valle fantasma ha despejado las brumas de la competición James Ivory y su película Mauríce sacada La clave del juego parecía ser la siguiente: Venecia, agua; Biragui, tocado; Rondi, hundi- de las más húmedas páginas de Forster. do. Tai lo parecía desde que Gian Luigi Rondi, anterior director de la Mostra, había endo- Yvoy se ha convertido ahora en el Casanova sado al actual, Giugiielmo Biragui, la acusación de no respetar las líneas de programa- del certamen (no hay ventana ni puerta que ción pactadas. Este ha dicho paso al envite y ha dejado que continúe el juego con una se le resista, ni corrillo, por muy barbado que programación de alto calibre y que ayer se disparó con la película de Alain Tanner. sea, en el que no aparezca) y, con el permiso El Festival de Venecia sale a flote, bien ama- rio: que te ocurra con sus cien minutos de de Louis Malle y Alain Turner, en la espuma rrado a la boya competitiva que en esta edi- duración lo mismo que con la última carrera del escaso oleaje que se divisa. Hablar de Ivory es poco menos que una obligación; esción parece no tener escapes. El aire que de Ben Johnson; la imperiosa necesidad de cuchar a Ivory, una suerte. Para seguir de perdió en un par de títulos ya prácticamente aguardar la repetición. cerca el desarrollo de la Mostra hay que saolvidados lo recuperó ayer de forma definitiva Y en este ambiente de ida y vuelta a la ber, de viva voz, lo que opina Ivory de la miscon dos filmes, el escandinavo Hip, hip, hu- enajenación se presentó Hip, hip, hurra teriosa novela de Forster. rra y sobre todo con El valle fantasma la historia de un pintor de dudosa razón, que A la una de la tarde de ayer, con el sol hapelícula francesa dei suizo Atein Tanner, una ocasionalmente habita en un pueblo en la de esas pequeñas obras de arte que justifi- frontera con lo real, donde, de repente, todos ciendo chiribitas en los hilos morados de las can que alguien se pueda pasar hora y me- se echan al campo a pintar o a organizar una mangas de su camisa, James Ivory confesafiesta. La película, que firma Kjell Grede, re- ba su pasión por Forster: Me gusta el tono dia, solo y a oscuras, mirando al mismo sitio. corre en varias ocasiones el lejano camino de voz que adopta para narrar; esa nota exTanner, por su aspecto y sus palabras, pa- entre lo fatuo y lo genial; sube y baja de la traña que lo hace absolutamente moderno; la rece que siempre regresa de un viaje, que azotea descriptiva al sótano del simbolismo. capacidad para contener e) dramatismo sin está de vuelta. Con las manos en los bolsillos Lo que es una escena sublime de forma y ex- que rebose, sin llegar a sobrecargar. ancla frases como ahora es difícil encontrar presión, dos antes o después es un salto al A pesar de la rara postura que adopta argumentos extraordinarios para el cine, por- vacío. El conjunto resulta en definitiva sor- -una mano en la cocorota y otra bajo la barque la vida actual está llena de sucesos ordi- prendente y muy digno, en parte gracias a la billa- sus palabras resultan convincentes: narios, pequeños amores, pequeñas envidias, interpretación que hace Stellan Skarsgard de Maurice es la novela más madura de Forspequeños odios. Hay que amplificar los senti- su engorroso personaje, el pintor Soren ter, la más sincera y angustiada. Visto esto, mientos, yo odio a la televisión y mantengo Kroyer; y en parte, también, por una cuidadí- queda saber si su película es también la más una guerra en la que se puede firmar la paz, sima imagen apoyada en tres luces, la del convincente: Tiene un tratamiento distinto a como no se puede firmar la paz con un frigo- paisaje que rodea al protagonista, la que se Habitación con vistas pero también está llerífico Todo esto se lo llevó a un lugar, un escapa de su cabeza y la que se escapa de na de ironía, de sentido del humor, aunque valle donde habitan los fantasmas de un di- sus manos hasta el lienzo. Antes de su sea más oscuro. He tratado, sobre todo, de rector de cine, que recogen o no velas según proyección, este filme coproducido por Sue- ser honesto y no transgredir la novela; del se presente la estación del año. Su director cia, Dinamarca y Noruega, había hecho lan- mismo modo que Forster lo hizo consigo y (Jean- Louis Trintignant) tenía un argumento zar a la crítica presente un hip, hip, hurra con sus héroes, que no se derrumban con el para rodar, pero se da cuenta de que no es al darse cuenta que la representación escan- peso de la verdad, sino que se vuelven consnada más que bueno, lo cual le parece poco dinava se había solventado con un título (tan cientes y lo asumen. Esto lo dice referido a (no se ajusta a esa regla general de está escamada ya de la horrible y nutrida visión Maurice, el protagonista de la historia, que se bien, es suficiente y decide darle la vuelta del cine que viene del Norte) Pero, al fin, el reconoce homosexual, se mira de reojo, amaal asunto: buscar una actriz, un personaje, peligro no ha sido tanto y el grito se justifica ga con algún aspaviento para, finalmente, tipara que de él salga la historia. Como un pin- por razones de calidad. rar para adelante. tor busca un modelo que le diga hazme un retrato. Encuentra un personaje (Laura Morante) que no quiere ser retratado y que finalmente es convencido por un joven colaborador (Jacob Berger) del director. Y así, el punto de partida se convierte también en la meta, y la falta de argumento en argumento. Hasta este punto, la película de Tanner no pasaría de ser original, que es mucho, pero se ve sublimada por varios detalles: Trintignant, que compone su papel con una ironía ligera, sin destrucción, y que, desde su rostro devorador de cámara, resulta hasta gracioso, muy gracioso (durante la proyección, Trintignant, una fila detrás, ni siquiera parpadeó) Laura Morante, cuya morenez infinita permite comprender la pirueta de método dada por Tanner; los diálogos, la forma en que se escapan de los personajes, están tan bien construidos que necesitarían de unas orejas móviles para su mejor degustación; el andamiaje del filme, con apenas aparato, directo, sin recovecos, por el que se desliza la imagen apoyada en la claridad del planocontraplano un bien engrasado juego de secuencias. El valle fantasma consigue con estos detalles algo casi perdido en este cine centena- Alain Tanner, un flotador perfecto para que Venecia no haga agua James Ivory habla de Forster a su espalda X