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MIÉRCOLES 2- 9- 87 ESPECTÁCULOS A B C 67 Estaba sobrecogida, era fascinante: la sangre del toro, y luego: el torero, solo y esbelto, jugando con la muerte Maya Plisetskaia niega con la cabeza, alza los brazos e ¡mita el gesto de tocar castañuelas... Se ondula la melena caoba y brillan sus ojos con una especial luz: -E l flamenco... Dicen de Maya que, en su nombre, se oye una oleada de aplausos, que la música de Tschaikovsky adquiere su adecuado símbolo con la cisne- Plisetskaia que los xilofones, marimbas y bongos de Carmen sólo son posibles si quien baila es Maya... ¿Qué siente usted cuando oye estas cosas? Se queda un momento en silencio. Luego pregunta a su vez: ¿Va usted a ir a verme? Dice Maya que jamás lloró sobre un escenario. -Prefiero que lloren, que se emocionen, que vibren, quienes sienten el ballet Un pueblo capaz de bailar, vivir y sentir el flamenco tiene una verdadera disciplina de amor a lo que se hace dora; sus palabras, su danza, su dedicación a los alumnos... Ese ballet de dieciséis segundos encierran mi mejor homenaje. -Maya, cuando usted comenzó sobre el escenario del teatro Bolshoi, en aquella interpretación de la joven Quitri, poco podía imaginar su encuentro con Rodion Schedrin, lo que le llevaría a ser una bailarina genial y diferente. -Debo pensar hoy que estaba predestinada a ese encuentro. -Y el mundo la ha aceptado y ensalzado. ¿Dónde más y mejor? -No sabría decirle, pero si debo citar alguno, diría que Francia, Argentina y España me impactaron de manera especial. Tampoco sabría decirle las razones concretas. Es algo que he sentido aquí dentro... -Su hermano Azary Plisetsky se encuentra actualmente en nuestro Ballet Nacional. Usted llegará próximamente a él. ¿Qué espera de nuestra danza... -Todo. (Maya Plisetskaia ha regalado las dos primeras filas del teatro a los componentes del Ballet Nacional. Para que la vean, para que la enjuicien, para que comiencen a conocerla sobre el escenario, como si se tratase de la primera sesión docente, de la primera clase práctica. Y repite convencida: -Todo. El cisne y la flecha ¿Usted no sintió nunca, como cisne, el agudo dolor de la flecha? -Y o no estoy segura de que el cisne muera por un flechazo. Yo creo que muere de amor... En cualquier caso, cuando yo- cisne agonizo, lo hago sólo por el efecto de la música... Es la música quien me hiere... -Y cuando usted no es cisne, cuando no es Carmen, cuando no es Gaviota- Nina... Cuando es simplemente mujer, ¿se siente herida por su vida de sacrificio? ¿A qué sacrificio se refiere? -Perdone lo que ya parece un tópico; no comidas, no bebidas, no fiestas nocturnas... -Todo eso es cierto, pero- y no me lo tome a mí como otro tópico- me siento compensada si el público advierte que lo que contempla, en el escenario representa, entre otras cosas, el triunfo de la fuerza de voluntad. Quizá esa fuerza de voluntad, esa imperiosa necesidad de vivir para la danza clásica y sólo para la danza clásica, sea lo que haya vestido siempre los pies de Maya con unas zapatillas blancas: -Por cierto, ¿siempre son blancas sus zapatillas? -Supongo que me pregunta eso para saber si practico cualquier otro tipo de baile- sonríe- pero debo decirle que no, que no son siempre blancas- vuelve a sonreír- porque en La muerte de la rosa son blancas en el primer acto y azules en el segundo... ¿Ha hecho cine, quiero decir como Moria Shearer, como Ludmilla Tcherina... -Dos o tres filmes; muy poco: ¿Cómo se valoraría usted, de cero a diez? -Pues uñas veces cero y otras veces diez. No soy una mujer de términos. O bien o mal. disfraza su negativa a enjuiciarse a si misma o a los demás. No sabría decir quién es hoy la más grande, ni el más grande. Duncan es única, pero también lo es la Pavlova o Nu- reyev... ¿Maya? Son los demás quienes deben pegar en su tú- tú esa etiqueta de exclusividad. Y es mejor hacer una especie de escorzo en la conversación: ¿Vio alguna vez una corrida de toros... ¿Qué tiene de ballet Otra vez los ojos se iluminan y otra vez las manos evolucionan como alas: -Sí... Algo fascinante. Me sentí sobrecogida. Claro que sí, claro que hay mucho de danza... Me impresionó la sangre del toro al principio, luego me prendió la atención la figura de aquel torero esbelto, apuesto, que jugaba o parecía jugar con su vida. ¿Qué obstáculos encuentra usted para difundir la danza clásica? -Hay obstáculos de toda índole. Tenemos que luchar contra demasiadas cosas: la burocracia, los celos, la incomprensión... En la URSS, forma parte de la educación, de los sistemas docentes... Pero aquí tienen ustedes el flamenco. ¿Se dan cuenta? El flamenco... La rebelde Maya -Y ese baltet bajo su dirección, ¿mostrará también la rebeldía de Maya? -Tenga la seguridad. Desde hace veinte años, me siento rebelde... ¿Cómo le diría? Me siento revolucionaria. Creo que hay que dotar al ballet del romanticismo que echo de menos en la técnica del Bolshoi. -Y en su actual baile, ¿se puede observar esta rebeldía, este ansia de renovación? -No sólo se puede notar, sino que es inevitable el notarlo. Todo en Maya Plisetskaia produce esa impresión de inconformismo, todo en ella produce la sensación de querer crear lo inexistente y que esa creación se produzca en cada primer minuto de su futuro. Nada en ella responde a la imagen prefabricada de la diva que siente ya el peso del laurel. Y siempre a la espera ilusionada de que el arte puede, debe y tiene que surgir de cualquier parte. De ahí que admita el hecho de que el talento puede vestirse con pantalón vaquero y que pueda tener la misma belleza un espiritual en Nueva Orleáns que el heroico cabalgar de. Lohengrin sobre el cisne. Es así Maya Plisetskaia, que al final de nuestro encuentro recuerda su promesa y me ofrece el boceto de ella misma como Isadora. -Consérvelo; es En blanco y negro, la perfecta simbiosis Isadora- Maya. Y un pañuelo en el cuello de cisne, que vuela veintiséis metros detrás de la genial bailarina... Alvaro SANTAMARINA Flamenco y sol -L a noto obsesionada. No sé si será simplemente una gentileza o un súbito amor por nuestro folclore. -Es amor, pero no súbito. Es un amor de siempre. Para mí, lo primero es el flamenco... luego el ballet ¿Qué me dice? Me está usted dando un titular... Y Maya dice en inglés textualmente, una vez más: -Flamenco... ¡The first! -Quizá se siente usted inclinada hacia los países meridionales. ¿Dónde se baila mejor, sobre la nieve o bajo el sol? Maya alza los brazos y uno juraría, en su supina ignorancia, que así se alzan los brazos para bailar sevillanas. -E l sol, siempre el sol... the sun, le soleil... -Maya, ya he descubierto en usted un repóquer de pasiones: el amor, el flamenco, el ballet el sol e Isadora Duncan... -Sí, es cierto, a mí me gustaría que usted viese esos dieciséis minutos dedicados a Isa- Los toros y la danza Hay momentos en que Maya se encierra en sí misma, une las palmas de sus manos y apoya en la barbilla la punta de sus dedos. Es una imagen escultórica en oración, que