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24 A B C INTERNACIONAL MIÉRCOLES 2- 9- 87 Horizonte Otro de los que en principio daban la impresión de ser obstáculos poco menos que insalvables, parece haber desaparecido: la comprobación ¡n situ del desmantelamiento de armas nucleares, una vez alcanzado un programa de desarme. Se comprende que la mera sospecha de que una de las partes hiciese trampa y conservase intactos sus cohetes, mientras la otra procedía a su destrucción, no dejase dormir a algunas personas en Washington ni en Moscú. Había que dar, pues, con un sistema de detección a toda prueba, por encima de toda sospecha, como la mujer del César. En esto estábamos cuando en Washington acaba de pronunciar un discurso esperanzador uno de los responsables soviéticos en materia de control de armamento, el general Cherkov. Este hombre ha dicho que su país está dispuesto a aceptar todo sistema de verificación ¡n situ que incluya la instalación en los centros de pruebas rusos de monitores norteamericanos. Y a la recíproca, claro está. Este discurso produjo una excelente impresión en Washington y supongo que ia oferta habrá de ser aceptada, a no ser que a alguien se le ocurra algo mejor. A mí se me ocurre, por ejemplo, que los norteamericanos pueden colocar en los centros soviéticos citados todos los monitores que deseen, mientras los rusos se van a otros sitios con sus artefactos nucleares. Y a la inversa, por supuesto. Eso es antojársele a uno los dedos huéspedes, pero así han sido siempre las relaciones ruso- norteamericanas. Moscú y Washington han elevado la desconfianza mutua a un nivel de arte. No sé a qué grado de sofisticación se ha llegado en la tecnología de detección, pero hace ya muchos años que- el general Eisenhower, siendo presidente de los EE UU, propuso una política que se llamó EL ARTE DE DESCONFIAR Final incruento del motín en la isla italiana de Elba Roma. Alejandro Pistolesi La pesadilla de Porto Azzurro terminó al fin, ayer por la mañana, cuando los seis reclusos amotinados liberaron a los veintiocho rehenes, incluido el director, Cósimo Giordano, con los qué se habían encerrado desde hacía ocho días en la enfermería de la- cárcel. Los amotinados se rindieron a las once y media, tras un segundo coloquio con los cuatro abogados de confianza que habían llegado la tarde antes en helicóptero a la isla de Elba. En la última fase de las negociaciones participó también un representante de Amnesty International, de la sección italiana de Liorna. Fueron los amotinados que lo pidieron a los abogados, y en el comunicado oficial del fiscal de la República de Liorna, del cual depende la penitenciaría de Porto Azzurro, se menciona dicha presencia ante la posible aplicación de determinados beneficios en el pleno respeto de la legalidad El presidente del Consejo, Giovanni Goria, expresó su satisfacción por cómo había terminado el episodio. El Gobierno- d i j o- se propuso desde el primer momento el deber de conciliar la salvaguardia de la vida de tos rehenes y los detenidos con la mayor firmeza en el respeto de las leyes. Este es el resultado que se ha conseguido Goría dio las gracias a los hombres del Estado que han hecho posible con su eficiencia y profesionalidad, Ja feliz conclusión del motín. Gracias a Dios lo hemos conseguido exclamó el director general de prisiones, Nicolo Amato, al reunirse con los periodistas en la sala de Prensa improvisada el domingo en una habitación dé la penitenciaría. Todos reconocen que el mérito del resultado de las negociaciones es suyo, porque supo mantener desde el primer día una calma y una prudencia ejemplares, expresando siempre la mayor confianza en el triunfo de la razón. Los amotinados acabarán dándose cuenta de que no hay otra salida que la negociación. El Estado no puede ceder, pero puede negociar y así, en el comunicado que anuncia la rendición se advierte que los amotinados serán juzgados por los delitos cometidos en los ocho días de la sublevación, pero ha habido también que estudiar garantías para su seguridad, porque ahora empieza para los seis reclusos un período muy difícil. Ellos saben que a cualquier penitenciaría que los trasladen les espera la venganza de los presos que los van a considerar responsables de la eliminación de muchos beneficios que habían sido aprobados con la reforma carcelaria. Es por esto que han pedido el traslado a celdas especiales, en cuarteles de carabineros, como suele hacerse con los arrepentidos de la mafia y de la camorra. Pero esto no va a ser posible. Se les vigilará mucho, pero más no se puede hacer. Al principio de la sublevación, Ips cinco presidiarios condenados por delitos comunes, obedecían las órdenes del terrorista neonazi Mario Tuti, condenado tres veces a cadena perpetua por los atentados contra los trenes de la línea Florencia- Bolonia, pero al final, cada uno de ellos se ha preocupado de negociar por su cuenta, pidiendo la revisión de los respectivos procesos, lo cual sería imposible en el caso de Tuti. de open sky o de cielo abierto asegurándose por aquel tiempo que ya no eran necesarias las inspecciones ¡n situ Se hablaba de satélites espías, capaces de fotografiar la portada de un libro desde el alto espacio, y cosas así. Es de suponer que esa tecnología habrá prosperado en tantos años, de forma que no sabemos muy bien a qué viene ahora lo de los monitores. Quizás las razones sean más psicológicas que tecnológicas. En cualquier caso, esa oferta del general Cherkov revela una de esas nuevas actitudes soviéticas de apertura a las que no estamos acostumbrados y que, por supuesto, ha traído Gorbachov. No podemos imaginarnos, apenas, algo más contrario al régimen político soviético que eso de permitir que narices norteamericanas se metan en las entretelas de sus establecimientos militares. La suspicacia en estas materias ha llegado a niveles semejantes al del príncipe de Metternich, cuan- do el Congreso de Viena. Como quiera que un día le diesen la noticia de que el embajador de Turquía había muerto la víspera, Metternich se mesó la barbilla, preguntándose: ¿Qué habrá querido decir con eso? De cualquier manera, la actitud soviética en materia de desarme nuclear no puede ser más positiva, hasta el punto de que le han traspasado a los Estados Unidos, y vaya usted a saber si por casualidad, el papel de reticentes, reservados y desconfiados. Así que habiéndose resuelto los alemanes federales a deshacerse de sus controvertibles Pershing 1- A y ahora habiéndose dispuesto los rusos a la verificación in situ con monitores, ya no quedan obstáculos de mayor cuantía para proceder al desmantelamiento de cohetes de alcance intermedio y corto. Manuel BLANCO TOBIO Pocas esperanzas para los 42 mineros atrapados en un ascensor en Suráfrica Dos activistas negros de la oposición, ejecutados Ciudad del Cabo. Gregorio Villacastín Quedan ya pocas esperanzas de vida para los cuarenta y dos mineros atrapados en un elevador, pasadas veinticuatro horas desde que tuviera tugar la explosión en la mina de oro de Suráfrica de Santa Helena. Pese a los esfuerzos de los equipos de salvamento, existe el peligro de que el socavón se derrumbe totalmente y sepulte a los mineros. Ayer, miembros de los equipos de socorro rescataron, désele una profundidad de setecientos metros, a cinco mineros gravemente heridos por quemaduras. También fueron hallados los cadáveres de otros ocho compañeros que murieron a causa de la explosión. Se presume que un total de noventa y dos trabajadores han perecido, hasta el momento, a raíz de la tragedia. La cabina del elevador, en el que se encuentran los cuarenta y dos mineros atrapados, aún no ha podido ser localizada, dados los graves daños causados por la explosión en el socavón principal de la mina, de más de mil trescientos metros de profundidad, donde se teme haya caído el ascensor. Tampoco han podido ser determinadas las causas del accidente. Por otra parte, según informa Reuter, siete personas, entre ellas los activistas negros Wellington Melies y Moisés Jantjies, fueron ejecutadas ayer en Pretoria. Ambos se encontraban en prisión, junto a treinta y una personas, por actos de violencia perpetrados en 1985 en barrios reservados a los nativos. Los otros cinco ahorcados en el penal central de Pretoria, tres negros y dos mestizos, habían sido condenados por delitos comunes.