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ABC, pág. 54 LA FIESTA NACIONAL Ultima corrida de la feria de San Sebastián de los Reyes -MARTES 1- 9- 87 Por favor, señores, mayor respeto con el público Los de Marcos Núñez, impropios de una plaza de toros Madrid. Luis García Eduardo San Nicolás, que por motivos de salud no ha podido estar este año en su plaza durante la feria, decidió abrochar el ciclo con un cartel de lujo. Pensó en rematar el ciclo por todo lo alto. Pero mira por donde que no contó con las exigencias de unos y la benevolencia de otros, y lo que estaba reservado para la apoteosis final, por poco acaba como el rosario de la aurora. Menos mal que como decía el Fari, el público es santo. Es normal, porque así ha ocurrido siempre, que los mentores de los toreros tratan de aliviartas en las plazas de inferior categoría. Y es lógico. Desde los tiempos de Joselito el Gallo viene ocurriendo así. Pero dentro de un orden, con un mínimo de respeto al público. Los ganaderos tienen en sus carnadas animales que aunque tengan edad para ser lidiados como toros, no son de recibo. Ellos lo saben muy bien, pero esconden el pico bajo el ala si los veedores de turno se los llevan. Ya tienen toros los toreros, que es lo impor- Fernando Lozano tante. Lo que cobre el ganadero importa poco, porque ya se ha tenido buen cuidado en incrementar el precio de las localidades lo suficiente como para absorber el alza de los precios de los toros. Ahora sólo falta poner una venda en la cara de los veterinarios, pero eso no parece preocupar demasiado. ¿Quién va a ser capaz de provocar la suspensión de un festejo con el papel acabado y en el que toreros y ganadero van a cobrar religiosamente, sin recortes, el dinero previamente acordado, máxime cuando el festejo puede ser el salvavidas de la feria? Sin echarle mucha imaginación al asunto, puede ser poco más o menos lo que ha debido ocurrir en San Sebastián de los Reyes. saron que los demás astados- no serían como el que acaban de arrastrar. Suenan los clarines y dan suelta al hermano gemelo del anterior. Vuelve a hacerse patente el descontento y el malestar de los espectadores. Un picotacito y tocan a banderillas. Tres palos cuelgan del lomo del novillote cuando Espartaco se dirige a él con la espada y la muleta. Las protestas y gritos suben de todo. El de Espartinas aprovecha la noble embestida para llevar a cabo una labor un tanto rápida en su primera mitad y algo más acompasada después, con la qué consigue acayar las protestas. Nuevo diluvio. El tercero, sin ser mucho más allá, fue acogido sin reparos. Le salvó el genio y los malos modales que exhibió durante toda su lidia, ya que a la postre transmitió interés al público. Fernando Lozano anduvo muy decidido y seguro con él, incluso en la segunda parte del trateo, en la que el animal empezó a desarrollar sentido, buscando al torero y tirándole tarascadas. En ningún momento se arredró el torero, que prosiguió muleteando con seguridad. Siempre en su sitio y sin descomponerse. Muy por encima del toro, al que llevó largo y muy metido en el engaño. Ficha de la corrida Plaza de toros de San Sebastián de los Reyes. Ultima corrida de feria. Cartel de No hay billetes Seis toros de Marcos Núñez, mal presentados, chicos y además flojos. El tercero y quinto desarrollaron sentido durante su lidia. Ortega Cano, de rosa y oro. En el primero, pinchazo, metisaca y descabello (silencio) En el cuarto, estocada tendida y descabello (oreja y vuelta al ruedo) Espartaco, de purísima y oro. En el segundo, estocada (silencio) En el quinto, más de media y cuatro descabellos (ovación) Fernando Lozano, de blanco y oro. En el tercero, estocada caída (oreja y vuelta al ruedo) En el sexto, estocada (oreja y vuelta al ruedo) Salió en hombros. La segunda parte El cuarto se tapaba con los pitones. Ortega Cano le arrancó una meritoria oreja merced a un trasteo tesonero, por encima del toro, que sin plantear problema de bulto tuvo el defecto de salir de los pases con la cara a media altura. El de Cartagena lo sobó una y otra vez por ambos lados, consiguiendo empapar a veces la embestida. El quinto nos despistó a todos. Un animal bien hecho y con el trapío suficiente. Parecía por su comportamiento en el caballo que podía embestir. Espartaco se precipitó y pidió el AI borde del escándalo Menos mal que el tercero de la tarde tuvo un poco más dé presencia que los dos primeros, porque si no... Verán ustedes lo que pasó: cuando aparece en el ruedo el que abrió plaza, el público se ve sorprendido por la ínfima presencia del animalito, chico, desnutrido y con dos pitoncillos que querían apuntar hacia arriba. Ortega Cano, que sin duda había sido prevenido de lo que se le podía venir encima, lo esperó en el centro del ruedo, tratando de tapar al anovilladito animal. Pero el público no traga. La protesta se hace general. Arrecia cuando se cambia el tercio con un picotacito y toma mayores dimensiones en banderillas. El presidente parecía, y así ejerció toda ia corrida, de convidado de piedra. Cuando el diestro toma la espada y la muleta, todos le piden que acabe cuanto antes. Inteligentemente acaba con prontitud. Ni una protesta más. Sin duda pen- cambio. El toro se vino arriba en banderillas. Y cuando todos esperábamos una faena de trámite va Espartaco y se descara con él. El animal toma, el engaño con brusquedad y con la cara alta. Espartaco lo aguanta, soporta a continuación un par de serios gañafones. Se ha propuesto romper al toro y sigue en su empeño. No acabamos de entenderlo, porque no necesita hacer alardes. Sino porque los figuras necesitan, en ocasiones, demostrarse a sí mismos que son capaces, y al público que no están arriba por el capricho o la imposición de unos cuantos. Espartaco se jugó la cornada sin importarle que también tiene comprometidas todas las fechas de este mes. No es ocasión de comentar si los muletazos fueron mejores o peores, pero sí de decir que el de Espartinas toreó, porque si torear es hacerlos ir por donde no quieren, ¡caray si toreó Espartaco! El sexto fue ya el colmo de la mala presentación de un animal en una plaza de toros, aunque fuera una chispita cornalón. Volvíamos a las andadas y nadie rechistó. El torillo, por su poca fuerza, echaba la cara arriba como tomando aire al final de cada arrancada. Fernando Lozano brindó al público, y desde los primeros muletazos atornilla los pies a la arena y empieza a pasarse una y otra vez por ambos lados al animal, que acaba embelesado con la franela y humillado como es debido. Lozano exhibe un toreo seco, macizo, sobrio, que algunos momentos nos recordó al de la mejor muleta de Castilla de los años cincuenta, y gracias al cual nos hizo olvidar en algunos momentos la categoría del enemigo que tenía delante. Menos mal que el público es santo, porque, como decían por mis alrededores, si esto llega a ocurrir por ahí arriba... En otras plazas Colmenar Viejo. Toros de José Ortega, mansurrones. Roberto Domínguez, ovacionado en ambos. Juan Mora, ovación y una oreja. Carlos Cancela, ovación y palmas. Linares. Toros de Palha, desiguales. José Antonio Campuzano, palmas y una oreja. Paquito Esplá, ovación y una oreja. El Soro, pal mas y ovación. Calahorra. Toros de Camacho, buenos. Curro Vázquez, pitos y oreja. Víctor Mendes, dos orejas y vuelta. Joseiito, oreja en cada toro. ¿NECESITA ALQUILAR UN ARVRIAMENTO? Consulte las páginas de Anuncios por palabras de