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50 A B C ESPAÑA EN VACACIONES MARTES 1- 9- 87 p Pan y vino andan camino Crónicas del verano ALMUERZOS EN SORIA El Parador de Soria, remozado y ampliado, tiene un emplazamiento excepcional. Es como un mirador sobre Soria, su gran río, sus antiguas iglesias y su fino y severo paisaje. El comedor se inunda de fuz por los anchos ventanales. Las habitaciones tienen grandes balcones acristalados sobre la vega. Es un sitio ideal para unos días de auténtico descanso. Y se come bien. Mi acompañante y yo hemos coincidido en un excelente pastel dé verduras, con la debida trabazón y suavidad, -para disentir en él segundo plato: estofado de añojo, por una parte; jámoncitos de pollo, por ja otra. Los dos guisos están hechos a conciencia, espesitos, sabrosos y absolutamente masticables. Los muslos de pollo, de: respetabilísimo tamaño, se acompañan de bacon y p e r a s en a f o r t u n a d a combinación. No. puedo exfeader. mis elogios, ylo- lamento, a los buñiaejos de crema, cuya masa- tal vez por un defecto dé conservación- sé había endurécidOi- excesivameñté. Pero esees pecado menor y de fácil disculpa. -La inv presión general es francamente buena. Almorzamos en Maroto aLdía siguiente. Un salón bien cuidado. Un. servicio atento. Elegimos una especie de menú- degustación para abarcar los más aspectos posibles. El programa incluye un paté de la casa, chorizo curado, una ensaladilla de vegetales crudos en juliana gambas, tarta dé cebolla y un pudding de setas. Para mi gusto, el paté y la tarta de cebolla son los mejores logros del conjunto. La tarta, sobre todo, es deliciosa. A la hora de la verdad nos decidirnos por un Somarro con salsa de Roque- fort y un Jarrete de la abuela El so- marro, como ustedes saben muy bien, es un solomillo de cerdo. Las dos prepa- raciones revelan buenos materiales y: cuidadoso trabajo en su elaboración. El deficiente carnívoro que soy, ama particularmente el jarrete por la suavidad- l a melosidad -de su íntima naturaleza. Es una carne de pacífica condición que no intenta la lucha contra el comensal y sé rinde en el primer asalto. El somarro obtuvo calurosos elogios de mi acompañante. Yo tributé los míos al jarrete Sorbetes de hierbabuena- refrescante invento- y de limón cerraron el almuerzo. Millán Maroto es un hombre joven y entusiasta, enamorado de su oficio, conocedor de las cocinas europeas- en algunas de las cuales ha trabajado- y en actitud de permanente búsqueda y experimentación. Investiga y trabaja con hierbas diferentes, con las escasas, carísimas y exquisitas trufas, y no se limita a mantener en alto un establecimiento al que ha dado prestigio; sino que imagina sin tregua fórmulas para mejorarlo y engrandecerlo. Si el presente le es favorable, él futuro aún puede serlo más: Su esfuerzo lo. merece. y. C L. T Sierra de Cameros No hay sol cuando salimos de Calahorra. No se han cumplido nuestras esperanzas de ayer. La verdad es que se emprende el viaje con un ánimo distinto bajo este cielo gris que nos achica el horizonte y apaga y emborrona los colores del paisaje. Estas lomas suaves tapizadas de vinas, estos almendros de un verde juvenil, relucirían como joyas bajo el primer sol de la mañana. Ahora son apenas un desdibujado telón de fondo en el que nuestra mirada no tiene respuesta. Nos evadimos de la carretera general en el excavadoras que obstruyen el paso y cañViodesvío a Murilto de Río Leza. El ancho valle ¡nes que se llevan la tierra, y lluvia, y barró, y mantiene urf panorama de viñas- estamos repetidas y forzosas esperas. Lo aceptarnos en Rioja- que suben escalonadas por las latodo de buena gana, porque es como el tribuderas. Hay campos dé frutales y el cauce to debido por tantos y tantos paisajes descupróximo del Leza se abriga entre chopos y biertos, por tantas- horas de buen sol, ipor tanálamos. Murillo tiene otra de esas iglesias tas jornadas sin tropiezos. Tras ese tramo en: desmesuradas que parecen abrumar la po- obras- -que nos resulta interminable- la senblación. En las estrechas calles, una compli- da mejora levemente y nos damos cuenta- de: cada circulación entre tractores y camiones. qué hemos descendido casi al, nivel del agua. Más allá se nos pierden los árboles en bene- Terroba se nos queda én alto sobre el camifieio del trigal para reaparecer, de cuando en j no, casi invisible a nuestros ojos. San Román cuando, mientras descendemos hacia Ribra- de Cameros llega después. Buenas casas, un trecha- y no Ribaf- lecha, como dice el: frontón, una iglesita románica defendida por mapa- por agudas y enredadas pendientes. una verja. Los pueblos, de esta comarca, a El pueblo tiene ese color terroso que casi lo; pesar de su relativo aislamiento; respiran solidez y bienestar. En Jalón de Cameros, estaconfunde con el paisaje que lo rodea. mos ya en el vahe, con el, agua cerca, con Cruzamos- ej n o. Subimos por la montaña? valles y prados que han reaparecido, gloriosaque en unóstriínútós se ha vueíto alta, recia, mente. Hasta parece que el día, mientras al- impresionante. Este es el costado oriental de canzamos Cabezón, quiere romper el oscuro la famosa sierra de Gaméros. Miren ustedes cerco délas nubes. el mapa oficial dé carreteras. Verán un sendero amarillo retorcido como un tirabuzón. Laguna de Cameros tiene unos grandes ti- Por ahí vamos nosotros, agarrados a la falda los a la entrada, blasonados muros y floridas del monte, moviendo el volante sin descanso, ventanas. Como todos los demás lugares de a derecha y a izquierda. Muchos caminos esta sierra es gravemente hermoso, austeracomplicados les fie descrito, a ustedes en esmente bello. Desde allí los robles nosreciben tos viajes. Este es de los más bravos. El río y nos acompañan, apretándose a nuestro al; se nos quedó debajo, y en la vertiente del rededor y unas: alegres flores amarillas presu; lado opuesto, la muralla de piedra que remamen en los bordes de la carretera, Por fin ta las cumbres tiene tan perfilado y armonio; so diseño que parece obra de la mano del quedamos libres del fango, de los baches y de las piedras. Pacen las vacas sosegada hombre. ¿Necesito decir que rodamos en ab- mente y, para completar la felicidad del viajesoluta soledad? Es lógico que quien no tenga ro, en el toldo gris que nos cubre se abrió un motivo de fuerza mayor no se aventure una ancha desgarradura por donde asoma el por este difícil, enredado y, sin embargo, her- azul. Valía la pena el esfuerzo pasado para moso camino. En realidad, ésta es la garganllegar a este paisaje idílico, salpicado de jaras ta del rio Leza, que se angosta o se dilata en flor, cubierto de pinos que han tomado el mientras la senda se hunde o se remonta relevo de los robles. hasta tocar las- cumbres. El Collado de Leza, dé 1.391 metros. EmCon todos sus problemas, hay que reconopezamos a bajar entre rosales silvestres. Vacerla grandiosidad, la fuerza, la misteriosa atracción de este arisco paisaje. Esto es tam- mos por un jardín, por un maravilloso parque bién España y en su conocimiento hay un en el que nunca habíamos entrado. Son capermanente placer, como el de quien va en- torce kilómetros deslumbrantes, porque el sol contrando cada día ángulos diferentes, ges- ha hecho una triunfal aparición y transporta el tos ignorados, lunares desconocidos en el paisaje entero a un punto de perfección sorostro de la mujer amada. Estos viajes son brenatural. Reducimos la marcha involuntariauna manera de integrarse en la tierra que por mente, sumidos en el júbilo de la contemplanacimiento nos pertenece, una fórmula de po- ción. El puerto de Piqueras, un poco dessesión ideal de todos sus atractivos. Ahora, pués, prolonga el encanto con sus bosques por ejemplo, en la cresta del monte entreve- tupidos y una pista recién arreglada por la mos algo parecido a una fortaleza, desvane- que nos deslizamos hacia Soria, casi volupcida por la lejanía y por el fino velo de la llu- tuosamente. via que empieza a caer. Y un poco más tarde El Parador, que lleva el nombre del poeta aparece Soto en Cameros, agarrado al declive, armosiosamente compuesto en alturas enamorado de Castilla, domina desde el cerdistintas, con su gran iglesia, su soberbia to- co la ancha curva del Duero entre los álarre y sus recias casonas. Es como una gran mos, los álamos cantores de Antonio Madama, como ünafióblé y rica señora que hu- chado. Tras la reciente lluvia el verdees más biera decidido retirarse a un lugar solitario, jugoso y más brillante, bajo un cielo como pintado por El Greco, donde conviven la torpropició al recogimiento y la. meditación. menta y el sol, A partir de aquí, las cosas se complican. Están arreglándola carretera y hay máquinas Cayetano LUCA DE TENA