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58 A B C LA FIESTA NACIONAL Cuarta corrida de la feria de San Sebastián de los Reyes SÁBADO 29- 8- 87 La tarde de las sorpresas Meritoria faena del Niño de la Capea Madrid. Luis García En la cuarta corrida de la feria de San Sebastián de los Reyes ocurrió de todo, aunque nada afortunadamente desagradable. Hubo toros mochos, hubo toros más astifinos. Hubo momentos aburridos, hubo otros más distraídos. Hubo ovaciones y se llegó á otorgar una oreja. Hubo despistes ajenos a la iidia por parte de los toreros. Hubo momentos importantes en el quinto toro. Y hubo en la plaza menos gente de la esperada. Tarde de contrastes, de dientes de sierra, como dirían mis compañeros de la sección bursátil, pero que resultó entretenida en su conjunto, y, lo que es mejor, que duró hora y medía en punto. Recordábamos con nuestro habitual compañero de localidad en esta feria, Manolo Torres, que desde ios tiempos de Antonio Bienvenida en sus corridas de seis toros no recordábamos tanta brevedad en la duración dei espectáculo taurino. Y es que no hace falta que una corrida Niño de la Capea dure más de dos horas para que se produzca el éxito. ¡Cuántas tardes llevaron al maestro hasta la casa de General Mola en hombros, apenas dos horas después de haber partido para las Ventas! ¿Lo recordáis, Ángel Luis y Juan? Nos llevamos la primera sorpresa de la tarde cuando a la hora de sonar los clarines, la plaza estaba cubierta en algo apenas la mitad de su aforo. Pensamos que como era fin de semana... La segunda sorpresa se produjo al ver desfilar a las cuadrillas sin haberse desmonterado previamente, como era lo preceptivo, y verlas deshacer el desfile como si tal cosa. Tan sólo el Niño de la Capea, al saludar a la presidencia, se desmonteró sin desliarse el capote de paseo. Todavía transcurrieron unos momentos hasta que sus compañeros calieron en la cuenta de que hoy se cumplían cuarenta años de la muerte de Manolete, en Linares. Tampoco esperábamos ver salir por los chiqueros tres toros, los tres primeros, con tan poca presencia y con unos pitones tan aparentemente manipulados, a cambio de los otros tres, con ellos demasiado puntiagudos, que no digo astifinos... Y tal como se iba la tarde, no ocultamos tampoco la sorpresa de ver jugarse el tipo, de verdad, al Niño de la Capea con su segundo enemigo, el de más dificultades con mucho del conjunto de la ganadería de los Hijos de Bernardino Giménez, cuando lo fácil hubiera sido quitárselo de encima con habilidad. mente deja el acero en buen sitio. El público se muestra indiferente. El toro tenía la edad reglamentaria, según el guarismo que lucía en el brazuelo, pero ni tenía presencia, ni potencia; aunque, eso sí, le sobró sosería a raudales. A Manzanares se le cayó sin duda el ánimo al suelo cuando vio el material que tenía delante. Quizá por aquello de las compensaciones el cuarto lució más presencia y unos pitones que a simple vista no daban la impresión de haber sido retocados. Manzanares comenzó el trasteo despegadillo, citando al filo del pitón, y claro el toro que andaba escaso de casta, se hacía el remolón a la hora de embestir. Cuando el alicantino se decidió- que no cuando se dio cuenta, pues Manzanares es de los toreros que mejor ven los toros- a cruzarse, y a ponerse en el sitio de torear, toreó. Y lo hizo con su habitual estilo y clase, aunque no fuera capaz de mantener el ritmo. No se enfadó lo suficiente, y la cosa se quedó en una ovación, cuando a nada que se hubiera esforzado habría cortado su habitual oreja diaria. Mató de una estocada corta y un descabello. Ficha de la corrida Plaza de San Sebastián de los Reyes. Cuarta de feria. Algo más de media entrada. Seis toros de Hijos de Bernardino Giménez, flojos en general. Los tres primeros de escasa presencia y pobres de cabeza; con mejores hechuras y más trapío los otros tres. Tercero y cuarto se dejaron torear, y el quinto planteó serios problemas. José Mari Manzanares, de grana y ora. En su primero estocada con habilidad (silencio) En el cuarto, estocada corta y descabello (ovación) Niño de la Capea, de gris plomo y oro. En su primero estocada (silencio) En el quinto más de media algo tendida (ovación) Fernando Cepeda, de grana y oro. En el tercero casi media en buen sitio (ovación, oreja y vuelta al ruedo) En el sexto, estocada tendida y trasera y dos descabellos (palmas) Fue asistido de probable rotura de ligamentos en el pie izquierdo, por un pisotón durante la faena a su primer toro. rero charro en este toro, al que además mató con decisión, aunque el acero cayera algo tendido. Faena que no fue valorada en su justa medida. Le dedicaron solamente una ovación. Entonado Buenos lances, de manos bajas, los que ejecutó Fernando Cepeda a su primero. El animal también andaba flojo de remos y escasito de presencia, aunque con algo más de pitones. Con la muleta, Cepeda sorprende a los que sólo han oído hablar de él, despertando su interés. Por fin suenan las palmas. El animal pese a tardear cuando mete la cara lo hace con nobleza. Cepeda aprovecha la circunstancia y alarga los viajes con lentitud por el lado derecho. Hay un ayudado por bajo, a dos manos, que nos trajo recuerdos de otros tiempos. Casi media en la yema dieron paso al flamear de pañuelos. Se le concedió una oreja y nadie rechistó. Dejó pegar al sexto más de. la cuenta, por lo que luego le costaría seguir la muleta- Cepeda compuso una faena desigual que alcanzó las mayores cotas en los momentos en que se decidió a tomar por delante al animal y dejarle posteriormente la muleta en la cara para empalmar el pase siguiente. Cuando no hizo así, los muletazos le resultaron deslucidos y el trapo enganchado. Se conformó con la oreja que había cortado a su primero. Fue despedido con una ovación en recuerdo a una actuación que resultó entonada en su conjunto. Mérito El segundo, también muy corto de fuerzas y... ustedes ya me entienden. Capea lancea con el mismo salero que algunas amas de casa cuando manejan la fregona. Con desgana. Contagiado de la indiferencia general de los tendidos. Los banderilleros, como si el toro fuera el del aguardiente prenden las banderillas como las hacen, una a una. Durante la faena de muleta el animalito, está más pendiente de las musarañas que de la tela roja que le ofrece el torero, cuando acude al cite lo hace con desgana. El salmantino tampoco está muy por la labor de pelearse con el toro, y se conforma con enviarlo al desolladero de un certero sopapo. Cuando el toro cae, parte del público despierta de la breve siestecita que se ha echado, aprovechando la sosa lidia de los primeros toros. Como ocurriera con el cuarto, tampoco hay que poner reparos a la presentación del quinto, al que el Niño de la Capea lanceó con soltura, aunque no hubiera brillantez. Pedro, que también es un lince en eso tan difícil de ver pronto los toros, se. dio cuenta, tras el único puyazo, que consintiendo a su enemigo, y espetándole, podía sacar. partido de él. Y como anda sobrado de valor y además es un profesional como la copa de un pino, optó por no perder la ocasión, y no irse de vacío, aunque para ello tuviera que exponer en algunos momentos más de lo presumible, dejando clara constancia de que por algo después de más de quince años de alternativa sigue siendo figura del toreo. Mucho mérito derrochó el to- Trasladados los restos mortales del Yiyo Los restos mortales del joven torero José Cubero Yiyo han sido trasladados, en el cementerio madrileño de la Almudena, al lugar donde próximamente se erigirá un mausoleo que albergue su sepultura definitiva. Casi a los dos años de la muerte de Yiyo, el 30 de agosto de 1985, en la plaza de toros de Colmenar Viejo (Madrid) se ha procedido a la ubicación definitiva de la sepultura en la tercera meseta del campo santo, a la derecha del monumento a Alberto Aguilera. El traslado se efectuó en un acto estrictamente familiar, en el que estuvieron presen tes sólo los padres y hermanos. Discreto Manzanares lanceó con pulcritud a su primero, chico, y muy escaso de defensas. Un picotazo: y ante la debilidad del animal se cambia el tercio. Entre- las protestas del público, Manzanares mueve la muleta con desgana, sin ilusión, como si estuviera toreando a un carretón. Frío y desangelado. Entre palmas de descontento entra a matar y hábil-