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-NoVelá- -El nacional A sus plantas rendido un león Osvaldo Soriano Mondadori Madrid, 1987. 248 páginas Esta cuarta novela de Osvaldo Soriano (nacido en Mar del Plata, Argentina, en 1943) tiene como título un verso del himno nacional argentino, y muestra así su intención de fervor patrio, la exaltación de hitos guerreros y libertarios. Y no en vano, porque esta fábula política (esta catalogación parece ser la conveniente, aunque pueda también calificarse de narración de aventuras) tiene como trasfondo envolvente la reciente guerra de las Malvinas, si bien trasplantada en sus hostilidades a un hipotético país centroafricano Pues sucede que el embajador británico, Mr. Burnett, en una reiteración de medidas de su Gobierno en tomo a la zona sur del conflicto, decreta zona de exclusión para todo ciudadano argentino los doscientos metros a la redonda de su Embajada. Pero tal medida bélica, paradójicamente, sólo afecta al único ciudadano argentino superviviente en esa capital africana: el autodenominado cónsul Bertoldi, oscuro tinterillo que asume tales funciones por fallecimiento del titular. Bertoldi, personaje tímido, anodino, escrupuloso, viudo (aunque amante romántico de la esposa de Mr. Barnett) encuentra en este decreto la ocasión de reverdecer viejos fervores patrióticos hasta la esquizofrenia y el paroxismo. Y sintiéndose héroe anticipado, con su nombre inscrito ya en ia historia, desafía la zona de exclusión y logra, por instantes, hacer ondear el pabellón argentino. Aprovechando también este conflicto, Quomo, un desterrado revolucionario marxista en Pans, en unión con otro argentino exiliado, un enviado de Gadafi y un adelantado del IRA urde, trama y prepara la invasión a su antiguo país para reconquistar él poder. La narración relata, en consecuencia, sucesos y aventuras en dos escenarios y en forma alterna y entrecruzada. Los episodios se suceden en forma vertiginosa (con un ritmo ágil, véloZj inquietante) no sin continuos excursus por el desafuero, la caricatura, lo grotesco, el humor desmadrado tan del gusto de Soriano. Aunque sus personajes, pese a los rasgos marcadamente cómicos o risibles, nunca son robots, pues siempre conservan en el fondo; ese rasgo humano que flora en circunstancias álgidas o momentos decisivos. El argumento complica a Bertoldi, sin pretenderlo, en uno de los hitos claves de la conspiración. Y la consiguiente invasión de Quomo (con la marcha en tren de gorilas y chimpancés, en un desmadre último) genera una nueva é imprevista situación en los planes del cónsul anodino. Una obra, sin duda, bien escrita, que intenta caricatura y crítica social y política y logra, en desmesura y humor, mostrar la locura de guerras y descabelladas revoluciones ad usum Una vez- más Soriano, como en No habrá más penas ni olvido incide con tremenda fuerza caricaturesca en las arbitrariedades y ridiculeces dé posturas y conductas en desafuero. Rolando. CAMOZZI Ocultismo y glasnost IGANTESCO perro negro, en realidad destacado dirigente de oposición a este, gobierno, convertido en cari por artes mágicas vudú, solicita asilo político en esta Embajada. Ruego a VE. instrucciones. Así dicen que telegrafió a su Ministro de Asuntos Exteriores, años ha, cierto embajador de España en un país antillano. En el Ministerio juzgaron que el diplomático había enloquecido y lo destituyeron. Hoy, en cambio, ningún periodista pierde su puesto por reproducir acusaciones de brujería imputada a los poderes públicos. Reinosa: el Gobierno confía en que Roldan disipe en el Congreso la acusación de ocultismo (ABC, 14- 5- 87) y Un soldado de Valladolid desapareció hace un mes mientras estaba de maniobras. La familia del joven acusa de ocultismo a los militares (El País, 12- 5- 87) son titulares representativos de esta actitud, tan extendida, que parece aceptar la posibilidad de que nuestras autoridades estén dedicándose a la magia. Ocultismo, en efecto, no es según el Diccionario más que el conjunto de conocimientos y prácticas mágicas y misteriosas con las que sé pretende penetrar y dominar los secretos de la naturaleza o la dedicación a las ciencias ocultas Yo estoy dispuesto a creer casi todo de cualquier Gobierno español o caribeño de los últimos doscientos años, pero me cuesta trabajo imaginar a nuestros gobernantes aderezando bebedizos o hincando alfileres en céreas figurillas de sus adversarios. Veo en ellos tan poco gusto por las ciencias ortodoxas que me extrañaría que lo tuviesen por las ocultas. Así es que la imputación de ocultismo me parece una burda calumnia. A menos que quienes usan esa palabra sean tan ignorantes que la crean sinónimo de ocultación, acción y efecto de ocultar u ocultarse En ese caso habrán acuñado- m e temo que con éxito- unotíé los neologismos más inútiles y perniciosos de los últimos tiempos. Inútil, pues la lengua española, fiel reflejo de nuestra historia, poseía ya un rico léxico para designar los diversos matices de la ocultación: desdé el digno sigilo (que puede ser incluso sacramental Cuando- lo guarda un confesor) hasta el criminal encubrimiento participación en las responsabilidades de un delito, con intervención posterior al mismo, por aprovechar los efectos de él, impedir que se descubra, favorecer la ocultación ó la fuga de los delincuentes, etcétera pasando por el ambiguo disimuló arte con que se oculta lo que se siente, se sospecha o se sabe Tenían, pues, vocabulario donde escoger sin necesidad de inventar un neologismo por lo demás pernicioso ya que nos impedirá en lo sucesivo saber si al tachar a un mandamás de ocultista lo están llamando nigromante (singular habilidad, bien mirado) o vulgar amigo de tapujos. Pero se conoce que una vez más políticos y gacetilleros han sucumbido al atractivo irresistible de toda palabra que termine en ismo. Ocultismo les suena más moderno que ocultación, aunque en realidad nos retrotraiga a tiempos de Cagliostro y aun de Merlín I Mago. Lo más curioso es que mientras inventamos en casa este nuevo ocultismo. Importamos- d e Rusia, nada menos- su antónimo y antídoto: el glasnost. Refiriéndose a lo que consideran reformas decisivas del señor Gorbachev en la Unión Soviética, los más de nuestros comentaristas las ensalzan y murmuran- melifluos y políglotas ellos- el santo y seña, glasnost. El Economist (T 3- 6- J 37) que cree poco en esta novedad pero gusta de la precisión lingüística, nos ilustra así: Glasnost circulaba mucho antes que el señor Gorbachev, e incluso mucho antes que Lenín, aficionado también a esa palabra. Se formó con el vocablo que en eslavo eclesiástico quiere decir voz (glas, cuyo equivalente en ruso moderno, golos. significa asimismo voto) más el sufijo nost, usado en ruso para configurar nombres abstractos. Glasnost aparece en el diccionario publicado en 1790, en tiempos de Catalina la Grande, y es definido en el diccionario en diecisiete volúmenes de la Academia Soviética de Ciencias como disponibilidad a la discusión pública. La revista británica, tras lamentarse de la dificultad de traducir con concisión dicho término, concluye que por comodidad tal vez sea franqueza la mejor equivalencia después de todo, pero sin olvidar que el censor sigue acechando al fondo Por todo ello, cuando oigo el tétrico ocultismo, con sus ecos de aquelarre y de vudú, o el exótico glasnost, que suena a newspeak de Orwell, rezo Virgencita, que me quede como estoy. Prefiero los viejos embustes, antiguos por soleares, con los que siempre nos han engañado las niñeras y los Gobiernos tradicionales. TAMARÓN