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29 agosto- 1987 -ABC ABC VII de Zenobiaanterior y, por si me equivoco, vuelvo a incluir en ésta. Gracias por todo y seguiré dándole noticias de la hermana más reciente que tienen ustedes por aquí, en cuyo seno ni están todos ios que son ni son todos los que están. Y a propósito de esto, hay largo y regocijadísimos chismes. ¿Y cómo no? Luego los independentistas que quieren darse de baja porque el presidente, que lo es también del Senado, mezcla con diplomacia en el discurso de apertura los nombres de Walt Whitman y Longfellow. Pero esto es lo de menos, lo de más es que se están empezando a fijar en que en español conflicto es un sustantivo, no un verbo y en que no se puede decir empleomanía por el personal empleado. Pero hay una palabra puertorriqueña que me entusiasma, por lo rotunda y decisiva: safacón Cuando nos instalamos aquí fui a una ferretería para encargar los enseres de cocina y naturalmente pedí un cubo de basura. Me miraron extrañadísimos y dijeron que no tenían eso. Pero, ¿cómo dice usted eso? Si los estoy viendo desde aquí. Ah, usted quiere decir un safacón. J. R. interesándose cada día más en las cosas que siempre le han gustado, pero no creo se sacuda por completo su pesimismo Es tanta mi impaciencia por ver bien a Juan Ramón, que engaño a los demás sin querer, es decir, a los demás que no tienen ocasión de verte con sus propios ojos hasta que lleguemos a Sevilla a principios de verano. (Noticia no para enunciada, porque queremos hacer cura de reposo. Su académica no- nata (para algo nací el 31 de agosto) Zenobia Apartado 1933, Universidad, Río Piedras. Puerto Rico. un año que vengo dándole largas a la Universidad de Jamaica, porque él tenía ya escrita una conferencia inédita, que les venía a ellos como anillo al dedo y los médicos me aconsejan que no diga que no, porque en cuanto pueda echar a andar debe hacerlo. Por otro lado, me dice: No lo empuje, porque puede echar las cosas a perder. Así que cuando usted me pidió una cosa para la Universidad de Granada- sobre la que tiene tanto escrito J. R. contando con el tiempo que faltaba, no quise darle un no rotundo, aunque el viaje me parece fuerte, considerando que no anda más que el kilómetro que nos separa de su estudio en la biblioteca de la Universidad, en la que estamos todos los días de ocho treinta a once treinta, pero, claro que yo soy quien lleva el coche y quien pone todo en orden, consultándolo a cada momento. Cuando he visto que escribía mensajes cortísimos en las tarjetas de sus sobrinos nietos, he tenido una enorme satisfacción, porque hasta ahora me costaba Dios y ayuda conseguir que estampara su firma en algún sitio. De vez en cuando, algún impulso emotivo lo ha llevado a olvidar su preocupación y a decir algo más, al firmar un retrato. Cuando vino la carta de usted pidiendo el prólogo para su libro sobre Diego, yo sabía que iba a llevarse un disgustazo. Al hacerse la edición de Platero para el Gobierno de El Salvador, ellos pidieron unas palabras, y lo mismo Seghers en su edición francesa. El no ha hecho más que desesperarse por no poderlo hacer. Al comprender que esto era imposible, yo quise devolverle a, usted el libro a vuelta de correo, para no hacerle perder tiempo, pero J. R. me pidió que se lo dejara a su lado un poco más de tiempo. Yo no me hacía ilusiones, pero creo que esta lucha interior es buena para él y se lo dejé, sabiendo de antemano cómo terminaría la cosa. Disimuladamente apunté su contestación al traerme el libro a casa para envolverlo. Me dijo: dile que me da una pena grandísima no poder hacerlo por Gerardo Diego y por él, pero sigo muy enfermo, incapacitado en absoluto para mi trabajo También me pidió que le diera las gracias por Molino de papel por lo que ha publicado suyo y sobre él. Como en el 1950 y 51 yo vi a J. R. mucho peor y vi cómo reaccionaba al llegar a un país que le recordaba España y en donde podía hablar español y tenía amigos, tengo gran esperanza puesta en este viaje a Sevilla, a estar con su familia y en el ambiente de su juventud. El sigue creyendo que es sólo un anhelo ilusionado mío, pero no creo que insista en que no puede, cuando le diga que tengo los pasajes tomados y que yo me voy de todos modos. Es cierto que creo poder lograr las cosas más deprisa de lo posible, pero gracias a ese engañarme yo misma he conseguido ya bastante, pues hay que tener en cuenta que hace un año estuvo completamente inerme en la cama, alimentado con transfusiones y Mucho nos hemos emocionado... Hato Rey, P. R. 2 de noviembre de 1955 Señor don Antonio Gallego Morell. Granada Muy señor mío y amigo: Mucho nos hemos emocionado, Juan Ramón y yo, al recibir su carta del 21 del pasado. ¡Cuántos recuerdos maravillosos tenemos de Granada y con cuánto gusto iría Juan Ramón a leerles a esa Universidad y ciudad! Creo que sólo leyéndoles las cosas que tiene escritas de Granada se le pasaría bastante más de la hora. Lo que no sé si ustedes saben es lo enfermísimo que estuvo Juan Ramón este invierno y seis meses de hospital, sobre todo a los 74 años, le han dejado bastante sacudido, así que el plan al ir a Andalucía es estar lo más quieto posible reponiéndose y no nos atrevemos a decir, desde ahora, si se sentirá lo bastante bien. para poder tomar parte en ningún acto, ni para viajar. La. Trasatlántica nos recoge en San Juan de Puerto Rico y nos deja en Cádiz. Me parece que el trayecto hasta Sevilla lo soportará bien, con la tranquilidad de saber que puede hacer un alto en Jerez si se cansa. Por estos motivos y por muy agradecido y honrado que se sienta con todo lo que usted le dice, no se atreve a responder que sí, sino sólo que bien quisiera. Con lo que llevo dicho ya he explicado por qué soy yó quien escribe en su lugar. Conmovida y agradecida. Zenobia CAMPRUBI DE JIMÉNEZ Apartado 1.933 Universidad, Río Piedras, Puerto Rico. Me siento con verdadera pena... Hato Rey, P. R. 29 de diciembre de 1955 Señor don Antpnio Gallego Morell. Granada. Mi querido amigo: Me siento con verdadera pena a contestar su carta y me considero en gran parte responsable de tenerle que escribir ésta. Es tanta mi impaciencia por ver bien a Juan Ramón, que engaño a los demás, sin querer, es decir, a los demás que no tienen ocasión de verle con sus propios ojos. Hace