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29 agosto- 1987 ABC ÜTcrar ío ABC III s i ó n- lo terrible del amor, como Rilke descubriera. Al principio pensé que él estaba matándola nos dirá y se consuma el acto sexual, y el poeta, víctima pasiva de lo terrible añade: De un salto me eché en la 1987 cama que sus cuerpos habían hecho en la arena, respirando ávidamente... Luego vendrá el doloroso insoportable silencio... Pero siempre el poeta, con una sensibilidad de humanísima raigambre, está dejándose sacudir por la bocanada de aire vulnerado que es la vida. Y de lo más evidente de esa convulsión pasará a la ternura, y de nuevo a lo trascendente del que clama en su destinación observadora: Te miro desde aquí, hijo mío, te veo jugar con los cubitos que tu imaginación ha transformado rápidamente en tren y me interrogo: ¿Qué destino es el tuyo? ¿Qué futuro tenemos nosotros para dártelo? ¿Y habrá futuro con tantos proyectiles apuntados al corazón? Y en seguida se pregunta cómo puede consentir ante un niño de tres años que se produzcan estas preguntas sin respuesta. Para acabar así, en uno de los poemas fundamentales del libro: Te miro desde aquí, Miguel, te veo jugar con los cubitos, juntándolos y empujándolos, tren que viaja hacia cualquier parte de donde no se llegue dilacerado o amputado de la alegría de sentirse el hombre, nacer para un amor nuevo, una imaginación nueva, distante ya, y vamos a decirlo con las tremendas palabras de Nietzsche, de este asilo de enajenados que ha sido la tierra. Pero es de esas soledades con el paisaje de donde nacen las fuentes más pródigas de estas prosas, a las que nada cuesta convertirse en poema, si no lo son ya. Plaza de San Vicente o Glosa -con un paisaje escocés del río Coe: Este paisaje desierto, pero no triste, duro sin ser agresivo, graves, pero no exento de encanto... y de repente se oyó a lo lejos un son de esquilas, sin que se divisase, sin embargo, rebaño ni pastor. Y el sueño es el resto, Sí, la belleza del alrededor, que se capta o no, más hermosa cuanto más huidiza, porque la belleza, o es esta entrega a quien de repente la escubre, o se esconde, cruel, a quien hace de su misma busca una persecución de carnicero. Vertientes de la mirada y Memoria de otro río son las dos partes en que se distribuye el libro, en edición bilingüe, donde el trabajo de Ángel Crespo ha sido un modelo de devoción y claridad. Así se han logrado estas prosas que son un triunfo de musicalidad y de intención en su completa belleza. Leeremos ese dolorido poema a Visconti, ya impedido, cuando sus manos siguen los movimientos aprendidos en una tremenda y dilatada artesanía: Trabajaba como un loco, ocultando su sufrimiento... Trabajaba para no morir, dicen sus amigos. Horas y horas para escoger el tono de un cortinaje, la manera de levantar un velo a la altura de la boca, el color de las manzanas en el lino moreno del mantel, con es amor a la realidad que sólo conoce quien la sabe fugitiva. José GARCÍA NIETO de la Real Academia Española AN pasado ya El libro de la semana muchos años para quien escribe estas líneas, desde el conocimiento primero de Eugenio de Andrade. Tres han sido los embajadores que he tenido a lo larEUGENIO DE ANDRADE go de todo este tiemLos poetas. Serie Mayor. Ediciones Júcar. Madrid, Gijón. po de la poesía portuguesa. El primero de más cotidiano, y también los elementos consellos fue el poeta y profesor Charles David Ley, que trasladado en su puesto de catedrá- titutivos de la naturaleza, vienen representado por un lenguaje que el poeta ha hecho nacer tico del Instituto Británico en Lisboa al mismo como suyo, y en sus manos ha cobrado un Instituto en Madrid nos trajo, por los años cuarenta, noticia reciente y vida de lo que era esplendor que nos sorprende de una manera ascendente en el cuerpo del poema. la poesía del país vecino. Los otros dos nombres, que tienen que venir a mi memoria siempre que escribo- sigo escribiendo- sobre la poesía portuguesa, son los de Pilar Vázquez Cuesta y Ángel Crespo, dos buenos valedores del verso portugués, con cuya amistad me he visto favorecido siempre y cuyas versiones he publicado en revistas españolas. Charles David Ley traía ya a España los primeros poemas de Eugenio de Andrade (Povoa de Atalia, 1923) que publicaría su primer libro de versos en 1945. Su nombre se ha ido afirmando con seguridad e independencia y ahora, con más de veinte libros en su haber, se cuenta entre los primerísimos nombres de la poesía vecina. Ángel Crespo, traductor cuidadoso de sus versos, nos ofrece con Vertientes de la mirada un libro muy significativo en la obra del poeta. Cerca, sin duda alguna, de nuestro Juan Ramón Jiménez, este salto de la poesía a la prosa se hace casi impercetible, y Ángel Crespo en su traducción ha procurado que esto ocurriera siempre así. Liberado de las servidumbres de la medida y de la rima, Andrade nos ílega en un español música! fluido y de una expresividad muy eficaz. Recuerda Angei Crespo, ese O ouro do dia un verso de Eugenio de Andrade, y así ve al poeta en un proceso ejemplar en el que ha sabido decantar, con fidelidad y superación constantes ese oro de los días iluminados Y los hitos de ese proceso, acaso sea en estos poemas en prosa donde se señalan con más delgada pureza, con más ininterrumpida tarea creadora. Su alrededor vive y vibra con un ritmo que él recoge ahora en la ligereza de la prosa recibida Porque parece que es el mismo Juan Ramón quien habla y se deja enjoyar al propio tiempo con el verso, con el verso- prosa de estos poemas. Nunca sé lo que me traen las palabras, tanto les gusta sorprenderme. El poeta parece que en estas prosas está rozando el verso y goza al tiempo con su llegada, casi clandestina. Vino primero pura... de Juan Ramón Jiménez. Sin esperar a que se haga una reina fastuosa de tesoros H VERTIENTES DE LA MIRADA Y OTROS POEMAS EN PROSA La originalidad de Andrade en estos poemas es también una novedad no buscada. El léxico puede con el tema, sin que éste abandone su entidad ni tenga que sacrificarse a cualquier retórica. Esos transportes líricos llegan también empapados de la verdad de la poesía, y cada párrafo de estas prosas se convierte en estrofa, de límites a veces muy estrechos y exclusivos. No sé dónde desperté- nos dice en Así es la poesía ¡la luz se pierde al fondo de! pasillo largo, largo, con cuartos a los dos lados, uno de ellos el tuyo, tardo mucho, mucho en llegar allí, mis pasos son de niño, pero tus ojos me esperan, con tanto amor, tanto, que corres a mi encuentro con miedo a que tropiece en el aire, oh, musicalísima. y es verdad que el tema va surgiendo al encuentro de una actitud de espera, y la invención de la palabra es como un tributo al gratuito y prodigioso encuentro. Otras veces el tema se impone tan rotundo Por eso estas prosas- de Andrade son más que el poeta no puede escapar de su esencia respiradas que pronunciadas, como acertada- real, y ésta hay que recogerla con detalles mente dice Ángel Crespo en su prólogo. Las exactos que la ralidad exije. El poeta se inpalabras y lo que las palabras dicen: el agua, corpora con su despierta, sorprendida sensiel aire, la nieve, la arena, las estaciones del bilidad al acto poético que se produce fuera año y los matices de la luz se nos ofrecen del cantor, pero pronto el observador se intambién, en este poeta portugués, como re- corpora seducido y conminado a hablar. Así cién acuañados por una voz nacida para bau- en Fábula donde observa el acto del amor tizar el mundo. Y es que, en efecto, en Ver- en dos amantes: Estaban allí ante mis ojos; tientes de la mirada una vez más, como ocu- era terrible y al propio tiempo fascinante. Ha rre con cada uno de sus libros, el lenguaje descubierto- fuera de él mismo en esta oca-