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14 ABC OPINIÓN SÁBADO 29- 8- 87 Panorama AMORES DE VERANO BAÑARÉ K EN NO TC HA $O JJiTAW EL R E STOY seguro que he visto alguna película, más de una, sobre amores de verano. Chico conoce a chica, chica viene a pasarlo bien, chico se enamora, lo que no entraba en sus planes, chica también, algo va mal y luego puede haber o no final feliz. O chica se marcha a su tierra y chico queda compuesto y sin novia. Depende. Puede hacerse con personajes españoles. Entonces el chico debería ser de extracción social baja, pero con gran voluntad de mejorar. Y la chica, pues lo contrario, una hija de buena familia, muy guapa, por cierto, muy joven, deseosa de tomar el mundo en sus manos y ponérselo por montera. No calcula que el otro, que es un guapo mozo, y además inteligente, tenga, pueda tener sentimientos tan sublimes, pueda llegar a enamorarse incluso un poco platónicamente. Pero si eso sólo se daba en las novelas rosa... Y menos aún que ella, bailando en la discoteca, tomando sus primeros cócteles, con tantos amigos atractivos, fuera a fijarse, precisamente, en ése. Pasean a la luz de la luna, cuando sale temprano y es luminosa, casi caliente, en pleno agosto. Van a bañarse, con la pandilla, a la playa rumorosa, encalmadas las olas como una canción sin fin, a la luz de los focos, o de la pálida, cambiante luna. Se abrazan, furtivamente; eso no está bien. Te quiero, ¿y tú? Pues yo... también. Ya está, ya se lo ha dicho. Piensa: pero no puede ser. Luego el sol, el biquini negro, o rojo, ceñido; el pelo abrillantado, refulgente, con la leve caricia del agua, que es como si no fuera salada en el mar, como si no tuviera cloro, en la piscina. ¡Qué bien se zambulle, qué atlético! Se abrazan, por la noche, bajo las estrellas. Hay tantas... Una música antigua. Ese Adamo podría ser mi abuelo. Pero cantaba bien, qué romántico... Y se va, final triste. Se vuelven a ver, algún día, pero ya no es lo mismo. ¿O sí? El chico es una fiera, sube como la espuma, ahora ya podría... si no fuera demasiado tarde. Pero, ¿por qué tanta prisa? Amores de verano. Otra versión, menos apasionada, podría darse con protagonista femenina extranjera. Casi tan joven, y no menos guapa. Diferente, eso sí. Pelo rubio, suave, que parece teñido, cortado agresivamente, a lo bestia. Noches cálidas, paseo en moto, monosílabos, ¿por qué no enseñarán mejor el inglés en el instituto? Primer amor, furtivo, inexperto. Lágrimas en la despedida. Te escribiré, ¿me escribirás? Me hará falta un intérprete. Luego le escribe, hablan de conjuntos de moda, postales de colores. Tal vez va a verla y la encuentra con lo que llama su boy fríend. Este es mi amigo español. O tal vez se casan, ma- trimonio mixto, ¿qué nacionalidad adoptar? y todo termina bien. Pau FANER Mirador DEMOCRACIA A LA ESPAÑOLA SE espectáculo de masas que es el fútbol ofrece matices que deberían ser analizados por los cronistas de ese otro espectáculo de las urnas, que es la política. Me refiero a las diferentes reacciones de los celtíberos ante los partidos políticos y los entrenadores de fútbol. A los diversos partidos constituyentes del pluralismo político se les consiente que vivan a costa del Presupuesto y no de las cuotas de sus afiliados, con lo cual se da el caso peregrino de que millones de españoles subvencionan ideologías con las que no están de acuerdo. Al Gobierno se le toleran paradojas tan perjudiciales para la seguridad nacional como el hecho de que, durante años, el excelentísimo ministro de Justicia, señor Ledesma, pariera e hiciera aprobar leyes que entorpecían la tarea del no menos excelentísimo ministro del Interior, señor Barrionuevo, mientras el- superexcelentísimo señor González, presidente de ambos, se quedaba tan campante. Los trabajadores, en general, y los sindicatos, en particular, a quienes el ministro de Hacienda sólo autorizó en 1987 un aumento del 5 al 5,5 por 100 en la banda salarial, hacen huelgas, mítines y manifestaciones para lograr que la banda esa suba hasta el 6,5 o el 7 por 100, pero permanecen tan tranquilos cuando ese mismo año algunos alcaldes y concejales- -de izquierdas, naturalmente- -se suben los sueldos en un 40 ó 50 por 100. Los hispanos somos así: indulgentes, benévolos, generosos con nuestra clase política. ¿Procedemos igual con los entrenadores de fútbol? ¡Estaría bueno! A los únicos ciudadanos a quienes no se permite en España la más mínima equivocación es a los entrenadores de fútbol. Por muy brillante historial que tengan, basta el más pequeño error para que el país entero despliegue múltiples pancartas E MOVILAUTO ES OPEL. Bravo Murillo. 36. Tel. 446 62 SO Bravo Murillo. 63. Tel. 254 W 68 con esta perentoria exigencia: ¡Dimisión! ¡dimisión! ¡dimisión! Y los entrenadores de fútbol dimiten. Dimiten en España, nación cuyos indígenas no piden la dimisión de nadie, políticamente hablando. Dimiten en España, pintoresco país donde se aplica la jubilación anticipada a todos sus habitantes, excepto a quienes ocupan altos puestos políticos. Los entrenadores de fútbol continúan siendo las víctimas propiciatorias, los españoles escogidos por la opinión para que cumplan con su deber mientras a la clase política se la tolera todo lo tolerable. El hecho de que los entrenadores de fútbol no acudan a don Joaquín Ruiz- Giménez quejándose de trato tan injusto sólo se explica por el hecho de que el Defensor del Pueblo está siempre saturado de trabajo defendiendo los derechos humanos de presuntos terroristas, por lo que más que Defensor del Pueblo parece Defensor de Cuantos quieren Eliminar al Pueblo. Puede que alguien sugiera que la mencionada pasividad colectiva ante determinadas conductas de los políticos constituya una reminiscencia del franquismo, donde no se podía decir ni pío a no ser que se tratara de don Pío Cabanillas. Pero después de nueve años de tener implantada una Constitución ya va siendo hora de ir educando al pueblo en sus deberes cívicos. Porque sólo estaremos de verdad incorporados a las democracias europeas cuando los electores sean con sus políticos la mitad de exigentes que lo son con sus entrenadores de fútbol. O lo hacemos así o nuestro sistema será una democracia especial, una democracia a la española en la que nunca podremos quejarnos de los problemas que nos agobian, pues hemos elegido a los políticos que nos merecemos. Eavristo ACEVÉDO