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GENTE S Angela, la muerte tan presente en aquel Ernest Hemingway coronado de sombras, bebedor impenitente de mil vidas de un trago, matador de sí mismo que se voló el destino de un balazo. Ahora que tanto se llevan existencias azarosas y demás desventuras, la figura del escritor norteamericano, nobel de las letras, recobra su locura. Admirable demencia, que Víctor Garve, el Hemingway de estos días, traslada con tino a la pantalla. Puro montaje de una vida con la espalda marcada donde su muerte, tan hermosa, se apellida Molina. Nada menos que tres producciones distintas pretenden ofrecernos la historia de Hemingway, retozos de una existencia atormentada que hace correr el celuloide. Entre ellas, La ballena blanca coproducción de TVE, donde el canal 5 francés, el Berlusconi italiano, la TV yugoslava y la cubana de Fidel, se reparten los setecientos millones del presupuesto. Actualmente se rueda en Jerez, bendita tierra donde el escritor y Antonio Ordóñez, su amigo del alma, elevaron a rango de altar la tierra que pisaron. Lo cierto es que Angela es el fin que Hemingway dispuso. El último anhelo que palparon sus manos. Lo que el ansió, es Angela negrísima, hermosa muerte que pudo darle vida, que lo encumbró a un fina! donde aún redoblan las campanas. Angela, la preciada muerte prendida a la cintura que atormentó a sus días, su sombra más querida. Misterio a medias es Angela Molina, la quimera que alumbra las ansias de un postrero portazo al mundo, bien sonoro. Algo asi como el ahí te quedas fatal que Hemingway pronuncia cuando a tiros se libra del destino. Angela, rueda que rueda por tierras andaluzas, es la muerte en fin, fatal señora, papel en plan simbólico que no provoca en ella, reparo o repeluco. Jaime GONZÁLEZ MIÉRCOLES 26- 8- 87 ABC 75 E Angela Molina, la sombra más querida de Hemingway