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MIÉRCOLES 26- 8- 87 REPORTAJE A B G 41 País Esto es España y tiene que estar aquí Lo que tendrían que hacer es y le digo que se quede en casa con los niños. El piensa que se lo digo porque quiero irme sola o con las amigas, pero es por miedo. Antes le decía que saliera con ios niños. Ahora, sinceramente, no se lo digo, porque pienso que le pueden matar delante de sus hijos, y aparte de quedarme sin marido, me dejan un niño desquiciado para siempre. Con ocasión del atentado que el 4 de febrero de 1986 causó heridas graves al policía nacional Manuel Espinosa y a su hija de nueve años, Noelia, ETA emitió un comunicado en el que intentaba descargar la responsabilidad sobre el agente. Los terroristas dicen que los policías se escudan en sus hijos para evitar ser objeto de atentado. No tienen conciencia porque pretenden quitarnos el derecho a salir con nuestros hijos. Ellos sabían además aquí, y decir a quienes apoyan el terrorismo, esto es lo que dejáis. Si muere un terrorista en las circunstancias que sea me pongo en el l u g a r de su madre y lo siento aunque reconoce que esa persona podría haber matado a su marido, y entonces ese sentimiento es menor. Cuando hemos ido al funeral de un policía- a ñ a d e- no hemos oído decir al cura que su muerte se asemejaba a la de Jesucristo. Ha dicho, todo lo más, tened paciencia y perdonad, y la rabia entonces se contiene. En las conversaciones familiares se intentan evitar los temas relacionados con el terrorismo y sus consecuencias, aunque cuando los hijos comienzan a crecer se disparan ias preguntas. Hay veces- dice Adela- -que esta situación marca nuestro comportamiento. A veces nuestros maridos trabajar r la Policía tivo acercamiento con la población que les rodea. Son ya varios los casos en los que miembros de ETA han simulado hacerse amigos de policías para conocer sus costumbres y después atentar contra ellos. Delante de sus hijos Al día siguiente de la muerte del etarra Isasa se organizó en el barrio de Trincherpe una manifestiación en- su recuerdo. Algunos de nuestros hijos fueron a mirar. Cuando nosotras fuimos a buscarlos, los manifestantes comenzaron a insultarnos, diciéndonos que pronto íbamos a quedarnos viudas. Y todo ello, echándonos las b o l s a s de la b a s u r a con nuestos hijos delante. Un policía nacional por el hecho de encontrarse en el País. Vasco cobra un plus de unas 40.000 pesetas. Sin embargo, éste es el lugar más caro de España, y además, por esta cantidad de dinero nadie se juega el tipo. Pienso- precisa M i n a que cinco años aquí es como para ganarse el cielo, la tierra y todo lo que se ponga en medio. Sin embargo, opinan que las Fuerzas de Seguridad del Estado deben permanecer en e l P a í s Vasco. Yo sinceramente estoy deseando marcharme- a f i r m a contundentemente Adela- pero esto es España y tiene que estar aquí también la Policía Nacional. Lo que tendrían que hacer es dejarles trabajar. El pueblo vasco se tiene que dar cuenta que la Policía Nacional está velando por su seguridad. No queremos inspirar lástima- d i c e n- La situación es tensa pero no nos sentimos dignas de lástima, ni nuestros maridos son fuerzas de ocupación sino que desempeñan el trabajo para el que han sido asignados. Pedimos la comprensión del pueblo vasco y la, del Gobierno, para que nos conceda el derecho al traslado, al menos a aquellas familias que llevan aquí más de cinco años. Reconocemos que esta tierra es bonita, pero se está viniendo a pique. Son los propios vascos quienes deben solucionar el problema de la violencia. Carlos OLAVE Antes le decía que saliera con los niños. Ahora no se lo digo, porque pienso que le pueden matar delante de sus hijos. Además de quedarme sin marido, me dejan un hijo dessuftó herida el 4 de febrero de el coche de su padre, e! policía el Espinosa callar Según ias promotoras de la asociación, las viudas de policías nacionales se encuentran en una situación muy precaria, ya que la pensión no empiezan a cobrarla hasta transcurridos de diez a doce meses. Las viudas cobran del setenta y cinco al ochenta por ciento del sueldo base, que actualmente es de unas 47.000 pesetas. Dos fueron los hechos que movieron a estas mujeres a fundar definitivamente la asociación. Por un lado, el asesinato de dos policías nacionales perpetrado el 22 de mayo- de 1985 cuando paseaban por el monte Ulía. Por otra parte, la explosión de un artefacto el 4 de febrero de 1986 que ocasionó heridas graves al agente Manuel Espinosa y a su hija de nueve años, Noelia. La gente de aquí intenta acercarse a nosotras, pero tienen miedo a la represalia general que todos los días llevaba a su hija al colegio, que está cerca del cuartel, y aún así colocaron la bomba. Los crios, tras un atentado, quedan traumatizados para siempre afirma Adela. Precisamente el hijo de un policía nacional asesinado en el monte Elía, el 22 de mayo de 1985, junto a otro miembro del Cuerpo, permanece aún bajo el fuerte impacto de aquella trágica experiencia, que se traduce especialmente en un rechazo hacia lo vasco. Su madre aún precisa asistencia psiquiátrica. Un gesto que hemos pensado- -dice Mina- -es salir con nuestros hijos y las viudas que hay vienen con los nervios de punta, y entonces debes tener paciencia y decirle que no se preocupe. Ahora bien, si tú te pones igual que él, la situación llega a un límite no deseable. Yo, en los siete años que llevo aquí no soy ni la sombra de lo que era. A mis hijos jamás les había gritado, todo lo más, una regañina. Ahora en cambio, si me vienen con algún problema les grito. Mi marido era una persona que. siempre estaba de buen humor, y ahora el primero que grita es él. No sólo el rechazo social y la esperanza de ser trasladados a otra zona dificulta la integración. Existen precedentes que descubren la imposibilidad de un defini-