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ABC, pág. 52- LA FIESTA NACIONAL Octava corrida de la feria de Málaga -LUNES 24- 8- 87 Memorable lidia de Ruiz Miguel a un miura Otro brindis para el poeta Manolo Alcántara Málaga. Vicente Zabata, enviado especial Magnífica tertulia taurina hemos hecho hoy, en el transcurso de un delicioso almuerzo frente al mar. El calor parecía menos calor (estamos pasando lo que no está en los escritos en esta feria) y la conversación ha resultado de lo más agradable, interesante y distendida. No sé los motivos que se tienen en este país para convertir casi siempre una charla de toros, de fútbol o de política en una violenta y acalorada discusión. Ei delegado de Cultura, Francisco Flores; el poeta Manolo Alcántara; Juan Cano, que preside la peña el Alguacilillo; Curro Conde, que sabe de mariscos casi tanto como de toros; el maestro de la publicidad comercial José Antonio Bueno, Luis Diestro y el que firma le hemos dado al carrete del pasado, de las añoranzas, recordando toreros de otros tiempos, todavía recientes, que hemos visto todos y que siempre nos parecen. mejores que- tos. actuales, aunque sea mentira... Manolo Alcántara, a mi vera, me explica el Rulz Ml uel 9 boom veraniego de la Costa; como siempre, el poeta malagueño tiene las ideas claras: Mira, Vicente, aquí siempre vinieron los que no querían ponerse una bufanda en el invierno, aquellos que tienen sensibilidad y dinero para disfrutar de mí tierra en su verdadera estación deliciosa, en los meses más fríos en el resto de la Península. Estos meses de julio y agosto, cuando más gente viene, es precisamente cuando el calor se hace insufrible. Me habla de su apartamento del Rincón de la Victoria, donde escribe a diario mirando al mar. Me gusta estar al lado del mar, pero no para verlo, sino para escucharlo, para oír cómo rompen las olas... Define al chanquete como una gota dé lluvia caída sobre la inmensidad del mar Cuando pasan unas malagueñas por delante de nosotros, con el paso menudito- ¡qué bien andan las malagueñas! Manolo Alcántara define a las mujeres, clasificándolas en dos grupos; Existe la mujer- corcho y la mujer- plomo. Aclara, ante la sorpresa de todos, lo que ha querido decir: La mujer- corcho es la que es capaz de sacar a flote a un hombre luchador con su aliento, con su apoyo, con su comprensión; la mujer- plomo es la que pretende hundirle, desconcertándole, coritrariándole, fastidiándole y molestándole hasta hacerle perder el sitio, el sosiego y. a lo peor, hasta el trabajo. Se habla de toros. Las fotografías de ocho toreros, con sus respectivas biografías, nos presiden silenciosas desde la gloria, aunque- algunos estén vivos: Rafael El Gallo su hermano Joselito, Juan Belmonte, El Niño de la Palma, Curro Puya, Pepe Luis Vázquez, Antonio. Bienvenida y Antonio Ordóñez, que asisten efe convidados de piedra a nuestra conversación. No se roza la política, pero sí el mundo del boxeo, que conoce Alcántara como pocos. Y saltan, a la palestra los nombres de los colosos como Ray S. ugar Robinson- e l mejor- el arte de Luis de Santiago, la gallardía de Young Martin, el empaque de la última estrella mundial Mohamed Alí, sin olvidar al maestro Ignacio Ara, el encajador Paulino Uzcudun. la valentía de un Pedro Carrasco sin Rocío Jurado... el estilismo de Fred Galiana y los fenómenos mundiales de la talla de Johnson y el bombardero Joe Luis. Es una verdadera lástima que en Madrid no ejerzamos más el deporte de la tertulia, que se ha perdido por las prisas, las ocupaciones y las zozobras de los pluriempleos. No hay nada más hermoso que la comunicación, siempre y cuando que sea con gentes que tienen cosas que decir y que saben escuchar. Ficha de la corrida Plaza de La Malagueta. Octava corrida de feria. Lleno. Seis toros de Miura. Primero, segundo y sexto, muy buenos. El tercero, con peligro. El cuarto, sin arrancada, bien sometido por Ruiz Miguel. Toreable el quinto. Ruiz Miguel, de fucsia y oro, estocada (ovación, oreja y vuelta al ruedo) En el cuarto, dos pinchazos y estocada (vuelta al ruedo) Dámaso González, de rosa y oro, pinchazo y estocada (ovación, oreja y vuelta al ruedo) En el quinto, pinchazo y estocada (ovación y oreja) Sufrió una cornada en el vientre de pronóstico reservado. Víctor Mendes, de burdeos y azabache, dos pinchazos y estocada (vuelta al ruedo) En- el sexto, pinchazo, media y descabello (ovación) dir que entrara a matar. Se volvía a encarar con el público. Unos instantes y la muleta adelantándose otra vez hasta los ojos del miureño, como para cegarle, y va y tira de él. Y como ciego sigue el toro el camino que le indica el torero. Se cierra el círculo más y más. Hasta que se llega a ese punto inverosímil en el que no hay más remedio que salir del atolladero. Surge e! pase de pecho. El torero se echa por delante todo el animal barriendo con el trapo los lomos de la fiera. Los que pedían que matara terminan por callarse. Suena Ja música, EJ to. ro, cte media arrancada cada vez va más largo. Se produce el milagro del dominio. Hoy he entendido mejor que nunca lo que fue el maestro Domingo Ortega. No estoy haciendo necias comparaciones. Es el triunfo de la técnica, apoyada en un valor sin cuento, lo que valoro sobremanera. Me ha convencido totalmente Ruiz Miguel con este toro de Miura. Ha sido un derroche de dominio, de poderío, de valentía, de facultades y de plenitud. No importa que le haya pinchado dos veces, que haya quedado la cosa en la vuelta al ruedo. Me ha gustado más, infinitamente más que en el que le han otorgado una oreja, porque a un toro de estas condiciones es muy difícil sacarle el menor partido. El alarde de vergüenza torera también cuenta. Cuando abrió la faena de muletala plaza entera pedía que lo matara. Y después de tan importante lidia si llega a coger el hoyo de las agujas a la primera le hubiera cortado las dos orejas. Atraviesa un gran momento. Se confirma lo que vimos en San Isidro y lo que acaban de presenciar ahora en Bilbao. Dámaso González ha podido perder la vida esta tarde en el coso de La Malagueta. Después de un triunfo rotundo en sus dos toros, precisamente en el momento de entrar a matar al quinto, el de Miura lo esperó, levantó la cabeza, alargó el cuello, y lo mismo que en Linares, hace cuarenta años, no dejó pasar al matador. Lo prendió por el vientre, lo campaneó y lo dejó hecho un trapo en el suelo. Todos temimos lo peor. Le llevaban apuñados a la enfermería. Cuando pasó por delante de nosotros, sin conocimiento, el rostro era el de un muerto. La gente se ajetreaba por el callejón. Picadores de su cuadrilla lloraban. La enfermería se cerró- como debe ser- a cal y canto: Afortunadamente, cuando salieron las primeras noticias eran satisfactorias. Una cornada de pronóstico reservado que no había tenido la importancia que en el primer momento acongojó a la plaza entera. Se disipó, gracias a Dios, la idea de una cornada mortal. Y en el recuerdo quedan dos faenas tem- Y la miurada Y por la tarde a ver los miuras. Contra la opinión de más de un tontito que hay por aquí, negándole a los malagueños el derecho a presenciar una corrida de toros, que lleve la emoción hasta los tendidos. Me indigna esa historia del toro de Sevilla toro de Bilbao o toro de Málaga Insisto que la afición de Málaga es tan respetable como cualquier otra. Paga religiosamente su entrada. No se trata de hacer distinciones. Ni de apartar búfalos. No me parece justo que la afición malagueña llevara cuarenta años sin presenciar una corrida de Miura. Hoy habrán podido comprobar estas buenas gentes lo bien que se pasa con toros que tienen movilidad, que a ratos desarrollan sentido, y que, en conjunto, andan más cerca de lo que fue el toro de lidia de toda la vida que de la borrega que algunos se empeñan en colocarles por sistema a los sufridos aficionados malagüeños. Vaya por delante mi rendida admiración a Ruiz Miguel. Reconozco que en más de una ocasión, por mis preferencias estéticas y por haber sido utilizado por determinadas gentes como elemento demagógico en la plaza de Madrid, no comulgábamos con- aquel estilo que elogiaban algunos de mulefazo rápido y regate camino de los cuellos. Lleva una gran temporada. Ya en Madrid estuvo extraordinario con otra corrida de Miura. Además del mérito de haber matado ochenta y nueve corridas de esta divisa a lo largo de su carrera (máxime cuando ha habido algunos diestros que se han retirado sin ponerse delante de uno sólo) lo que sucede ahora es que está toreando con una enorme guapeza. Lo del cuarto fue muy importante. El público le pedía que lo matara. Ruiz Miguel se encaró con las masas. Un momento, señores, por favor. El público calló, replegado en sí mismo y el torero no Cedió ante la corta embestida del miureño. El remate de los pases, lejos de despegarse, se ha estrechado todavía más. Cuando terminaba una serie, le volvían a pe-