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AL LORO HUMOR D O N Lorcnío O i t i í cesó de leer porouc ya se habla espcsadíj cicesivamente oí ris del crepúsculo y d mrc que as nion lañas de Avila fabrican, especialmente aromaíÍQ y puro, para uso de enfermos v de veraneantes íali adtn, i t; ih; i fno ya. El scííor Oittc i c quilo los lentes y so U s volvii a poner p a r j dedicar una mirada de despodida al paísa e. Mirn las cumbres v los pinan. que rodeaban Ja casiia donde pasaba sus vacaciones: miri! lambien un auromúvjl que subía la ciiesia; lo miró casi con l i s i i m a de sus invisibles ocupantes porque nada repugnaba lanío a su cspífiíu en aquella honi comu el dinamismo. Gozaba de un uave c o n t e n i ó sentía t: 4 mo i b a a b r i é n d o s e d e n t r o d e el el diafragma del apelilo, y las frases de la calla recibid ¿i ocho horas anles se repetían de iiempo en licmpo en 5 U memoria, optimistas, prome (cdoras y adorables. El acaudab d o don Julián le h bía escrito para oífeccrle el pueslo de adminisirativo de aquella casa U n grande que tenía en la calle d e Lagasca. U n sueldo decoroso que r e f a n a r í a sus ingresos y que le había colmado de suax é júbilo. ¡Qué buena persona era aquel don Julián! Antología del humor LOS PRETENDIENTES APRESURADOS Por W. FERNANDEZ FLOREZ- ¿Aún no ha venido nadie? -indagó ansiosamenie el recién llegado. -N o sé qué quiere usted decir, seÍHir, -N o i m p o n a Le explicaré rápidamente lo que deseo. Usted es, desde hace pocas horas, administrador de una casa en Madrid. ¿Cómo lo sabe? -Pagué ochenta duros por la noticia al secretario de don Julián. En esa casa que usieJ administra hay un inouilino que esíá erjvemenie enfermo y no tiene f; imilia. ¿Le conoce usted -No le corfoíco. Me lo común i c (í el portero después de entregarle doscientas pesetas. Tengo hecho compromisos semejanies con numerosos porteros; cuarenta duros por el a Í 50 y mil pesetas si alcanzo éxiioE l motivo de m i visita es pedirle que me reserve esas habitaciones cuando queden libres. No puede usted objetar que ya las ha ofrecido pi rque su nombramiento es tan rédenle... -P o r eso mismo... en verdad, aún no he lomado poses i ó n no creo poder t o d a vía, -Prescindamos de escrúpulos. Por m i parte, sabría agradecer el favor. M i familia es n u m e r o s a v v i v i m o s en una pensión cara y mala desde hace varios meses. Necesito un piso y no lo encuentro. A l armar el conliato me comprometo a entregarle mil pesetas. Se oyó el ruido de un motor y el visitante volvió la cabeza para mirar con depresión de angustia un pasrt eno que se acercaba lraba osamcn 1 e. -Puetlo llegar hasta las ires mil a n a d i ó Déme su palab r a A q u t están mis señas, Dípame que contaré con el piso, -Pero yo. -iPronto, pronto! E l iiutíf del gaw 3 geno se inmovilizó anie cT jardín y, antes de q u e h u b i e s e p a r a d o se abrió la portezuela v dos hombres vestidos de gris saltaron a la carretera v traspusieron la cerca de O n i z sin esperar a ser auloriíiidoa. ¡A h í lo t i e n e s J u a n i i o! -g r i l ú uno de ellos apuntando con su índice al íolicilante- Ya le dije que debía de venir aqui cuando nos pasó su coche. ¡Si el nuestro no fuese un gas Eeno Perdón: es usted don lx renzo O i l i z caballero? Bien veo que s i Tiene usted CSC aire distinguido de iodos los Orliz, Prefiere acaso que diga- los Oíliccs Porque en esto de los apellidos hay muchas manías y TO no quiero moIcStaTle. Bien; óigame, señor: en la casa de la calle de Lagasca que usted administra hay un moribundo que se contentaría dentro de unas horas con una habitación mucho más estrecha V de madera de pino. Quiero esc cuarto para mí. Llevo un año en espera de una oportunidad y, ¡Señor mío- -gritó meramente l l e g a d o- le uslcd por unos minutos! de hablar con el señor el prigané a Acabo (Jriiz: len o un derecho pteférenle. -N o lo reeiínozco. Me ci io demasiadas preoeupaciones y demasiado diriL- ro encontrar est i oeasiün para renunciar a ella. StRlengo desde el día I de enero cuatro detectives pnvados que consai ran su vida a descuhnr cualquier indicio que reveíe que va a quedar un p i v i desalquilado. Les pago una fortuna. V ahora que hay una posibilidad, viene usted y. Ñ o Si insiste, este amigo que me acompaña, campeón araareur de boxeo, le meterá en su l a u a peda 7o Vamos a lo nucslro. serior Ortiz. Le mego que me conceda la primada para ocupar CSC cuarto. Tlahrá cuatro mil pesetas para usied y no tengo inconveniente en hacer cierto anticipo... Una motodclcia ametrallaba, cuesta arriba, el silencio de la lardc ¿C u á n l o q u i e r e usted? -prcpumó el hombre de gris. -jProleslü! -r u g i ó su antagonista. iPero. señores. señores... -suplicó O r t i i U n h o m b r e envuelto en el traje azul de los mecánicos descabalgó de la mofo, la arrimó a un árbol y m t ó desde Id cercn: ¡Eh! V ¡ve aquí don L o renzo Ortiz? Vengo a hablarle de un piso que él administra y que sepinimente. Bl aufomúvíL que se había parado unos seducidos ante la casita de los peones ctmineros, como para adquirir algún informe, reanudó su marcha se detuvo nie la cancela del breve jardín de don Lorenzo, U n caballero empujo los barróles pinladoi de verde y se dirigió al íeliz Veraneante, ¿Es usted el señor O f l i z que adminisim una casa de la calle de Lagasca? -Y o soy- r e s p o n d i ó sorprendido- -jLlega larde, amigo! -vociíeró el de gris, A l de a mofo le petrificó el estupor. -jTarde! -balbució cuando pudo r c c u p e r a f s c- ¿Y para esto sobi iné a quien cuidaba al enfermo e impedí que k diese las medicinas j T i c n e gracia que. Jba a decir alao más. ero el boxeador le arrojó un ladnilo. ABC. 27- 7- 1944) 22