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Augusto R noir, Retnto de U actrtf Joanne Samarv (1878) Muficodol Ennliaoe j nlr gnioo con métiidos difeicnu- v El propio Matisse cuenid que MOTOZOV. cuando entraba en la galería de A m b r o l s e Vollard el íamoso marchante de P iis. le pedia, por ejemplo, que le ensírtiaia el mejor Cézanne que tenia; en cambio, Schükin. que quería escoger personalmente lo que mAi le gusliib- i, pcdrj que le enseñara lodos los Cézanne disponibles. Schukin tenía más ana y era más radical en las tiecisioncs. fiándose hohre lodo de si mismo. Rei uisadas las colecciones particulares E Cofí ejo de lo Comisarios de! Pueblo, a raíz de la Revolución de Octubre de 1917, les quít (S a. su kgmmos propietarios los cuadros coleccionados, que cu épocas sucesivas fueron enviados al Ermilage de Lenin grado y al MUSCO de Artc Fu kin, de Moscú. Pero el recuerdo de los dos geniales artífices de tan magnlUco patrimonio se mantienen a h o r a respetuosamente e n los ambientes culturales soviéticos. Casi t o d o s los c u a d r o s que compraron Morozov y Schukin, envueltos en las brumas del estalinismon no volvieron a verse en Occidente hasta más de medio silo después de que salieron de aiís. Algún Picasso se empezó a exponer en Milán cu 1953, y en P. ins en 1954. Seguidamente, en Bruselas, en 19 8. empiezan a aparecer otras obras del bloque, y en Pans. en 196 Ü. los primeros Van Gogh. A partir de entonces comenzaron a menudear las ocasiones, pero la primera gran exposición antologica fue la de Villa Favorita en 19 S 3, por iniciativa del barón Tbyssen- Bomemisza, digna precursora de la actual. Pablo Picasso, El encu ntrD (1900) Hueco PusUík MO CÚ C 1 aud Honet, -ULaft bajo el sol (1673) Museo PusklnMoscü HenrI Maüssc, -EfipañolB con pandereta (1909) Museo PuskinMOftCÚ f UD Van Gogh para tapar un agujero Los coleccionistas llevaban los cuadros en el cochecama que viajaban oliendo aún a pintura fresca era aún tan famoso. Cada vez que volvía de Paris se traía íncluso en el mismo coche- cama en que viajaba como hacía Morolov, algo nuevo, algo raro- que 3 veces olía aun a pintura fresca, algo qu? ia mayoría de tos cniicos del momento repudiaba iu más. Cuando Schukin empezó a comprar los lienzos del periodo azul de Picasso y los cuadros fnui eí de Maliisc, dijeron en Paríí y en Moscú que era un extravaganic, Pero él. afoilunadamcntc para los dos museos más i m p ó r t a m e ahora en la Uníon Soviética, no les hizo caso y siguió comprando con un riimo imprcsioniínte. Anl í i de la prímera guerra mundial poseía ya doscientos veinie cuadro! -de ionÍ 5l as y posimpresionisias, nmcho mis de los que había reunido Morozov, lindónos solo a los maestros, que Ivan A. Morozov powMíi itíis lienzos de Renoir: cinco de Sisley: once de Ciauguin cinco de Van Oogh; liece de Bonnard: d ¡e 2 de Matisse, v dieciocho de Sergei I. Schukin. a su vez, había reunido ocho cuadros de O zannc: trece de Monei: catorce de Gaupium; sieie de Rouv seau; dieciseis de Detam; ireinia IfituiciÓD genial V sieie de Manase, y jcmcuenla y Bastará recordar, con datos fá- uno de Pablo Picasso! Ambos coleccionistas actuaban cil i lados por Kostencvic, y hmi- Como botón de muestra para un estudio de las obras compradas por Schukin y Morozov, recordaremos el caso del EneuenirO que Picasso pintó el mismo año 9 (Xf en que iJegó a P ¿ns por vez primera con su amigo Casagemas, también español, La casita en un jardín- caracieri d. en cambio, el periodo inicial del cubismo. Picasso lo pullo en la aldea de t -Rue- des- Bois, no lejos de Crtíteil. donde transcumó parle dcí verano de 19 tíK. Muy curiosa, a su ve la hisiona del Retrato del doctor Felit Rev de Van Gogh. AI doctor Rey. medico en Arles, que le curo ÜI pintur su primeríi crisis mental, no le i usió el cuadro, que utilizó para tapar un en la pareo de la chnica. Alíi lo rescató, d cabo de un ano. Charles Camoin. que iba en busca de obras del pintor loco- 14