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DOMINGO 23- 8- 87- LA FIESTA NACIONAL Séptima corrida de la feria de Málaga -ABC, pág. 53 Memorable faena del Niño de la Capea Se perfila como el triunfador indiscutible de la feria Málaga. Vicente Zabala, enviado especial Al parecer, el día anterior los subalternos habían hecho un plante. Exigieron que les recibiera el delegado del Gobierno. Se negaban a torear mientras no hablaran con la máxima autoridad civil de la provincia. Al final lo consiguieron. Y es que Martín Recio, de la cuadrilla de Joselito, había estado detenido hasta altas horas de la madrugada. Aprovecharon para pedir una mayor generosidad en la concesión de orejas para su matadores y no sé cuántas cosas más. Si de lo que se trataba era de que un peón no fuera retenido en Comisaría por una mala contestación al delegado de la autoridad en el callejón, -tiene su lógica, máxime en un sistema d e m o c r á t i c o como el que nos está tocando vivir, én unos casos para bien (la libertad es siempre hermosa) y en otros para muy mal, porque, a veces, parece que la libertad no es para el ciudadano que cumple con sus deberes cívicos y fiscales, sino para el delincuente que extorsiona, para el que maneja el inmenso tin- Niño de la Capea glado de la droga, para el aldeano que pretende romper la unidad de España, apedreando el símbolo sagrado de la Patria, que es la bandera; para el navajero y también para el violador. Insisto en que los banderilleros están en su derecho de solidarizarse con ese gran torero que es Martín Recio. Pero otra cosa muy distinta es el lamentable espectáculo que ofrecen cada tarde por culpa de la total falta de autoridad de sus jefes, los matadores de toros. Son los peones quienes mandan en el ruedo, dan capotazos a su antojo, sacan y meten al toro en el caballo, gritan, se llaman los unos a los otros, y, en el colmo del disparate, se permiten el lujo de decirle al maestro en qué terreno debe torear. A una figura del toreo, con más de cien corridas contratadas, como Espartaco, le gritan desde el burladero lo que debe hacer: que se distancie, que se cruce, que toree con la izquierda o con la derecha, que se adorne. ¡Dios mío, cómo está el toreo! ¿Ustedes se imaginan a Domingo Ortega, a Pepe Luis Vázquez, a Antonio Bienvenida, a Luis Miguel Dominguín, a Julio Aparicio o a Antonio Ordóñez aguantando los gritos de tos subalternos? Recuerdo a Pepote Bienvenida dando órdenes a grandes figuras del peonaje levantando simplemente las cejas, con una breve indicación con la mirada. Es como si a Luis María Anson el ordenanza de la cuarta planta le dijera lo que debe k en portada y cuál es el tema con el que debe abrir la primera página de tipografía. Yo estoy seguro de que llegará un matador de toros que sepa mandar. Un torero con autoridad, que se haga respetar por esta legión de buenos subalternos (que los hay) pero que han tomado el feo vicio- y no por su culpa- de excederse en sus funciones. Ya sólo falta que un triste banderillero, uno que no fue capaz de ser figura, le cruce un día la cara al matador. A lo mejor ese día surge la reacción y se acaba para siempre una situación tan penosa como insostenible... El sexto resultó manso. Anduvo el animal de acá para allá, pegando topetazos a los caballos y huyendo hasta de su sombra. Con la muleta no hubo dobladas, sólo pinchazos persiguiendo al bure! por todo el ruedo entre la comprensión de este santo público, que sólo se enfadó injustamente con la presidencia, pues pretendía devolver a un toro manso, cuando los mansos reglamentariamente tienen su lidia. Paco Ojeda debe replantear su carrera de cara a la próxima temporaa. Debe ser una campaña de una auténtica figura del toreo: arrancando en la Magdalena y acabando en el Pilar de Zaragoza. La cotización, lógicamente, debe estar en función de la gente que lleve a la plaza, pero en mi opinión debe recorrer los principales cosos. Me parece errónea su idea de eludir algunas plazas. Dice que Chopera no le quiere dar su dinero. El empresario vasco, como cualquier otro empresario, acaba humillándose siempre cuando los toreros responden en sus plazas. Pongo el ejemplo de un torero que no fue de mis preferencias. Manuel Benítez El Cordobés hizo llegar hasta Villalobillos a todos los empresarios a suplicarle que no se retirara. Firmaron el famoso pacto de la almohada El de Palma del Río los puso a todos de rodillas, incluido Chopera. ¿Podría hacer lo mismo Ojeda si anunciara ahora mismo su retirada? Yo creo que hay base en el de Sanlúcar de Barrameda para ser un figurón, un torero de excepción, porque tiene una formidable personalidad. Pero sólo con sus plazas no puede hacer otra cosa, envidiable por otra parte, que amontonar billetes. Pero en esto del toreo, como en todas las profesiones de cara al público, sólo se triunfa cuando se vence a los enemigos, cuando se les hace morder el polvo de la derrota. Manzanares no estuvo ayer en Málaga. Abúlico en su primero y animoso con el peor toro de la corrida. Pasó sin pena ni gloria. Nos llevamos de la plaza el recuerdo de la faena del Niño de la Capea brindada a ese hombre de bien que se llama Manolo Alcántara, que desde el ventanal de su casa ve a diario cómo el Mediterráneo torea por naturales, esos naturales tan suaves y tan lentos que hacen playa a sus pies, donde rompen con temple y sin violencias las suaves olas. Ficha de la corrida Plaza de toros de La Malagueta. Casi lleno. Séptima corrida de feria. Seis toros de Cebada Gago, terciados. Fueron muy buenos segundo y tercero. Manso de solemnidad el sexto, y difícil el cuarto. Cumplió el primero, y con poca fuerza el quinto. José Mari Manzanares, de azul y oro. Espadazo caído (bronca) En el cuarto, estocada baja (palmas) Niño de la Capea, de azul marino y oro. Estocada (ovación, dos orejas y vuelta al ruedo) En el quinto, estocada atravesada (ovación) Paco Ojeda, de teja y oro. Estocada (ovación, dos orejas y vuelta al ruedo) En el sexto, cuatro pinchazos y media estocada baja (palmas) Niño de la Capea y Paco Ojeda salieron en hombros Ya no es sólo el torero vibrante y alegre de los primeros tiempos. Ahora a la emoción y a la alegría de un torero de fácil alcance el aficionado advierte que empieza a ver en él un pozo de solera, de vieja torería. Este torero, lejos de caer, de desgastarse, se está afianzando con el paso del tiempo. Su innata facilidad para torear se ve ayudada ahora por una formidable seguridad, por un admirable dominio. Hizo honor al brindis. Dedicó la faena al insigne poeta malagueño Manolo Alcántara, con el que tengo un almuerzo pendiente con otros amigos a orilla del mar. Y lo cierto es que la faena de Pedro tuvo su poesía, porque es difícil torear tan cerca, tan despacio, con semejante ilación. Lejos de él esta vez la chocarrera sucesión de pases sin ton ni son. Los que interpretó le salieron lentos, armoniosos, enlazados, propendiendo a ese maravilloso fin del toro dominado y reducido fiasta el momento supremo en que junta las patas. En ese preciso instante, después de haber toreado increíblemente bien con una y otra mano, el Niño de la Capea lió la muleta, embebió al toro en su mano izquierda, e hirió por arriba, cruzando limpiamente por el costillar en algo más que un medio pase de pecho. No entró con la muleta alta, como hacen otros, pretendiendo tapar los ojos del astado, para escaparse de la suerte, sino que el Niño de la Capea arrancó derecho de verdad. Para él fueron las dos orejas más justas de toda la feria. El quinto se le quedaba muy corto. Lo lidió con oficio, con maneras de maestro y lo mató con brevedad. Volvió a ser ovacionado. La faena a su primer toro es de las que se quedan para el recuerdo del buen aficionado. Sin suerte, ¿el torero o el crítico? No sé bien si soy yo el que no tiene suerte con Ojeda, o es el de Sanlúcar de Barrameda al que no ¡e acompaña la fortuna del todo cuando le veo actuar. Tuvo un gran toro en primer lugar, pero la primera parte de la faena se perdió por no acertar a cogerle las distancias. Hubo enganchones, inseguridad, falta de acoplamiento. Mejoró cuando el toro ya fatigado te permitió ponerse en el sitio y ligar el natural con el de pecho para acabar entrando en la zarabanda esa de los pases circulares, alguno de los cuales te resultaron feos porque se agarró a los costillares. Menos mal que esta vez lo mató pronto y por arriba. Le dieron la dos orejas. No se quejará del durísimo presidente, porque la faena era, si acaso, de un solo trofeo. Para un poeta... Y de los subalternos pasamos a (os matadores en esta séptima corrida de la feria malagueña, en la que vimos una de las faenas más importantes de la temporada a cargo del Niño de la Capea, volviendo a evidenciar que se encuentra otra vez en plena forma. c.