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DOMINGO 23- 8- 87 RELIGIÓN -ABC, póg. 31 Buena nueva ES CRISTO? ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Ellos contestaron: -Unos que Elias, otros que Juan Bautista, otros... el Mesías, el Hijo del Dios vivo. Dichoso tú, Simón Pedro, porque eso no te! o ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre, que está en el cielo. El Papa desea restaurar el diálogo con los judíos, nuestros hermanos en la fe Bendigo a todos los que apoyan estas relaciones de amistad Ciudad del Vaticano. Afp El Papa Juan Pablo II ha vuelto a subrayar el deseo de la Iglesia católica de restaurar y desarrollar el diálogo con los judíos- diálogo últimamente turbado por la visita al Vaticano del presidente de Austria, Kurt Waldheim, en el pasado junio- en una carta que e! Papa dirigió hace tres días al presidente del episcopado norteamericano, monseñor John L. May y que ha sido hecha pública en el Osservatore Romano del pasado viernes Estas palabras de Juan Pablo li se hacen públicas veinte días antes de su partida a los Estados Unidos, donde debe encontrarse el 11 de septiembre en Miami con doscientos representantes de la poderosa comunidad judía americana. El encuentro fue, en un primer momento, suspendido por algunos de los responsables judíos, tras la visita de Waldheim, pero las últimas noticias confirman que este encuentro se celebrará. En su carta el Papa agradece a monseñor May la publicación de un volumen que recoge todas las intervenciones del Papa sobre las relaciones cristiano judías a lo largo de su pontificado y el Papa señala que, efectivamente, desde que es Papa constantemente ha buscado la manera de desarrollar y profundizar las relaciones con los judíos, nuestros hermanos mayores en la fe de Abraham Por ello- prosigue el Papa- yo animo y bendigo no solamente esta inciativa, sino todas las iniciativas de cuantos, en la fidelidad a las directivas del Concilio Vaticano II y animados por la buena voluntad y la esperanza religiosa, favorecen las relaciones de estima mutua y de amistad y alientan el diálogo judeo cristiano en los cuadros apropiados y con la competencia teológica y la objetividad histórica necesarias. Y ¿quién dice la gente, hoy, que es Jesús? La gente, mucha gente, un cincuenta por ciento o más de los bautizados en su nombre, no dicen nada, se encogen de hombros, soslayan la pregunta. Hace tiempo que no se ocupan ni se preocupan del tema; prefieren no saber. Algunos, piadosos ellos, predicados, catequizados, comulgados, confirmados... con una fe entre mítica e infantil, confunden a Jesús con lo sagrado, con lo divino, con Dios mismo. Es una fe en El sin dudas, pero sin fórmulas ni exigencias más allá del culto. Un Cristo al que se invoca y al que se blasfema. Algunos, listitlos ellos, lo identifican con lo revolucionario, pero en fácil: comunista socialista subversivo libertario ¡Una ingenua manera de no sentirlo en contra! Algunos piensan que fue un gran hombre, pero los curas, al divinizarlo, lo deshumanizaron privándole de su verdadero atractivo. Algunos admiran y valoran su doctrina, lamentan su fracaso, su programa es utópico y sus promesas una quimera. ¡Ojalá fuera cierto! Algunos lo ven demasiado lejos, no está en nuestra orilla. Algunos creen y esperan en El más velada que confesionalmente, más individual que eclesialmente. Otros lo tienen por fundamento de su vida y su actividad, desde una fe vivida en fraternidad. Y nosotros, ¿quién decimos que es Jesús? Nosotros, entre todos, podríamos dar una imagen muy certera de Jesús, pero no nos da la gana de unirnos, de dejar de peleamos en su nombre. No es cuestión de disparates o exageraciones, casi todo es verdad. Es problema dé exclusivismo: el tuyo no, et mío sí y es ahí donde se hacen falsos e irritantes nuestros Cristos. Unos sólo ven cruz, otros gloria; unos moral, otros amor, unos amenazas, otros promesas. Unos sólo lo ven en el culto, otros en la vida; unos sólo en los sacramentos, otros sólo en los pobres; unos en la oración, otros en la acción, Son Cristos dichos por la propia carne y no por el Padre. Si nuestra fe fuera obra sólo del Espíritu, nuestros Cristos serían iguales y no estaríamos rotos ni divididos y sobre todo sería atractivo. Jaime CEIOE Los restos de Bueno Monreal llegaron ayer a Sevilla Sevilla. Efe, Ap Los restos mortales del cardenal Bueno Monreal llegaron ayer, a las nueve de la mañana, a Sevilla en un furgón que salió en la noche del viernes de la Clínica Universitaria de Pamplona, en la que ei prelado había fallecido. La Corporación municipal sevillana, con el alcalde al frente y una representación de los tres Ejércitos, recibió el furgón que trasladaba el cuerpo del cardenal, junto a la iglesia del Patrocinio. Antes había sido recibido en El Ronquillo por el arzobispo de Sevilla, monseñor Amigo Vallejó, y los miembros del Cabildo catedralicio de Sevilla. El lunes se celebrará el funeral e inhumación de los restos del cardenal en la catedral sevillana. Cara y cruz Recuerdo haber visto hace años en una revista italiana una viñeta humorística en la que un cura acudía a una librería y pedía candidamente: Por favor, quisiera un mapamundi, si es posible sin Rusia Y es que, efectivamente, para algunos cristianos lo bonito sería vivir en un mundo en el que no existieran los malos un gueto perfecto en e! que únicamente tuvieran derecho a acogerse quienes nosotros previamente hubiéramos elegido. Pero resulta que, precisamente, lo cristiano, lo católico es no tener fronteras. Y menos en historias de amor. Por eso me ha conmovido la foto que ayer publicaban los periódicos con la Madre Teresa bajo el retrato de Carlos Macx, durante la visita a Rusia que realiza en estos días. Porque para la Madre Teresa la caridad no tiene apellidos y se ha ido a Moscú para encontrarse con los habitantes de Chernobil, víctimas del accidente nuclear del año pasado. Para ella no cuentan las ideologías a ia hora de amar y cree que también en Rusia hay campo para su acción, por lo que aspira a crear CARIDAD SIN APELLIDOS allí una de sus casas, al igual que acaban de autorizárselas en Cuba y Nicaragua. Me parece que todos tendríamos que preguntarnos cuál es el misterio de esta mujer a la que se le abren puertas que a cualquier otra institución cristiana se le cerrarían; cuál es la razón por la que de ella nadie sospecha; cuál la de que se la quiera y respete en todas las áreas del mundo, por distantes que estén de la fe. Y la respuesta no puede ser otra que la de que no encuentra fronteras fuera quien no las lleva dentro. Y la madre Teresa ha logrado demostrar visiblemente al mundo lo universal de su amor. Su caso es como un reto para toda la Iglesia que tendría también toda ella que preguntarse por qué encuentra su institución los problemas y frenos que, en cambio, caen derribados ante esta mujer. ¿Por culpa de la incomprensión de los malos o también en parte porque nosotros ponemos las ideologías por delante del amor? No me atrevo a responder a esta pregunta. Pero me quema después de ver esta fotografía de la Madre Teresa bajo el cuadro de Carlos Marx. J. L. MARTÍN DESCALZO