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GENTE De gomaespuma Este es Peter, y ésta, su cabeza E LENA se acostó en la cama. Se le cerraron los ojos y comenzó a soñar. Estaba con Peter Townsend, el de los WHQ. Vivían un idilio apasionante. De pronto aparecieron sus padres. -Elena, hija, ¿quién es este chico tan esmirriado? i- ¡Mamá, es Peter Townsend! -Será quien tú quieras, pero el pobre es muy feo. K -H: íJi Luego las imágenes se hicieron confusas. Comenzaron a desfilar personas conocidas que desempeñaban papeles equivocados. El perro de la familia tenía claramente el rostro de su amiga Marietéa. Y ella Je decía: ¡Mira, es Peter Townsendi Pero Marietta sólo ladraba y meneaba el rabo alrededor de la pareja. De pronto apareció un locutor. Convencional. Muy serio. -Señoras y señores, interrumpimos este sueño para dar paso a las noticias. Ya no había caras conocidas. Un primer plano del presentador, y detrás, la ventana azul mágica por la que llegaban los vídeos. -Está mañana se ha celebrado un homenaje en el monumento a los Soldados sin Cabeza. Con tal motivo el presidente ha tenido unas emocionadas palabras de elogio hacia nuestros héroes, a los que, ha dicho, se les ha olvidado injustamente durante muchos años. Luego, con la ayuda de una división acorazada, el jefe del Gobierno de la nación procedió a colocar una cabeza nueva sobre los cuellos de los gloriosos guerreros caídos por la patria. Sin despedida previa, la silueta del comentarista se desvaneció en un negro intenso. Otra vez Peter Townsend. Pero ahora tenía la cabeza arrancada del cuerpo. Sobre fas manos. -Mira papá, éste es Peter, y ésta es su cabeza. -Elena, hija, te he dicho mil veces que no quiero que salgas con hombres que no tengan la cabeza en su sitio... Casanova no dejó ninguna iconografía cierta, pero este retrato veneciano donde se ha querido identificar al mítico seductor es una visión interpola Hoi rn rs paj rip Iván el Fascinante Iván el Fascinante -Pero papá es el de los WHO... -Será quien tú quieras, pero el pobre es muy feo. Entró la azafata. Sonriente. Elena estaba recostada en el asiento, con el respaldo reclinado. La azafata dgo no. Elena volvió a la posición vertical para el despegue. -Siguiendo normas de aviación civil... En caso de pérdida de la memoria se abrirán automáticamente unos compartimentos situados encima de sus cabezas y caerán unos auriculares. Tiren del cable con fuerza. Coloqúense los auriculares en sus oídos y escuchen con normalidad. Mediante una grabación se tes informará de quiénes son ustedes, de dónde vienen y cómo se llama su panadera. Elena despertó sobresaltada. Yo estaba de pie, junto a ella, con la bandeja del desayuno. -H e tenido un sueño horrible, me dijo. -Vamos, espabila- repuse- Tenemos que ir a la calle. Es tarde y va a empezar el homenaje a los Soldados sin Cabeza. Guillermo FESSER N O resultaría una hipérbole aplicarle a Iván Mendrugo el calificativo de seductor, pese al escaso éxito que obtenía con sus actividades cautivadoras. El hecho es que Iván vivía del engaño y de la sugestión, y el esfuerzo agotador que Iván el Fascinante se veía obligado a llevar a cabo en el desempeño de su profesión, apenas, muy de vez en cuando, se veía recompensado con alguna magra retribución que inmediatamente debía ser reinvertida en el propio atrezzo y en la propia puesta en escena que las labores de seducción siempre exigen. De modo que, a menudo, Iván caía en profundas depresiones, en el transcurso de las cuales se lamentaba de haber escogido tan sacrificado oficio en lugar de otras labores más tranquilas, y de paso, más- descansadas y rentables. Iván se atormentaba pensando cuánto más provechoso le resultaría ser un individuo verdadero y no un ser de ficción como el que era. Podría haber consagrado sus habilidades seductoras a la venta de coches usados, por ejemplo, o a la venta de salchichones y charcutería, o incluso a la venta ambulante de enciclopedias, pero no. El había escogido el camino de la seducción, y sus propios encantos constituían el producto del extravagante marketing que tan afanosamente desplegaba, y así le iban las cosas a aquellas alturas de su vida. Cansado, triste y desengañado de todo, Iván, sin embargo, tenía siempre que presentar un orondo e impecable aspecto, y ni por un momento podía relajar la tensión de sus músculos irrisorios, de manera que su blanquísima dentadura equina resaltara en la penumbra de la discoteca sobre el bronceado de su tez. Era ese el momento de la fascinación, conocedor del poder extraordinario de la mirada. De igual manera que la serpiente, sigilosa, hipnotiza a los pajarillos dejándolos petrificados con la irresistible fuerza irradiada por sus centelleantes ojos, y acto seguido se abalanza sobre ellos para devorarlos, nuestro seductor, copa en mano, se acercaba a su víctima con la mirada desorbitada y los ojos del tamaño de pelotas de tenis... El caso es que cada día se le daba peor y cada vez eran más escasas las víctimas que caían en sus redes. Iván el Fascinante no lo comprendía, pues cada día dominaba más la técnica de la serpiente. Javier BARQUÍN SÁBADO 22- 8- 87 74 A B C