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22- agosto- 1987 concedieron un premió diferente, que originariamente era para teatro y que había sido declarado desierto. Entonces hay una dualidad extraña y uno y otro han dicho que son dos Premios Nacionales de Literatura, aunque Alberti ha dicho que el premio es el suyo y lo de Gerardo es otra cosa. En cualquier caso, Versos humanos es un libro en el que Gerardo Diego aparece como el poeta de la otra órbita, él poeta clásico, el poeta tradicional, que utiliza todas las fuentes y recursos y procedimientos del pasado, que hace una poesía donde el contenido y la sustancia- aunque el molde sea antiguoson nuevos. Ahí publica uno de los poemas que no pueden dejar de salir en cualquier antología de Diego, como es El ciprés de Silos Gerardo, que es uno de los grandes sonetistas, no solamente de este siglo sino de todos los siglos, inicia en este libro su carrera de sonetista carrera de iniciador del regreso al gusto por el soneto. Pensemos que por los años veintitantos, el soneto en España está un poco demodé. No es algo que pueda ser utilizado por un poeta joven de aquel momento. Y no olvidemos que el libro comienza con un soneto glosado en catorce sonetos, es decir, hay un soneto y cada uno de los catorce siguientes va reproduciendo como versos finales uno de los catorce versos que el soneto inicial contiene. Es un alarde técnico que Diego habrá de repetir unos años más tarde en un libro de tema amoroso que es La glosa de Villamediana en el que desde un soneto de Villamediana va acabando catorce sonetos suyos con un verso tomado a préstamo de aquél. ABC ífícrarío Toda la poesía española, la del 27 y la que aparecería después, ha estado influida por la experiencia creacionista de Gerardo Diego peculado mucho sobre la mecánica de la creación del verso, dice, por ejemplo, que hay partes de la oración llenas y vacías, y entre las primeras, un nombre o un verbo concreto será siempre más vivo y por lo tanto mejor material poético, en términos generales, que uno abstracto Habla de que en la poesía como en la música es necesario que haya un ritmo dominante, que nos vaya cautivando. Gerardo ha líegado a un punto de gran sutileza y finura en su estudio sobre el verso, sobre la manera de tratar rítmicamente a San Juan de la Cruz, Herrera, o a cualquiera de ios poetas que él estudió siempre, y lo hace con una penetración y una intuición del científico y del poeta al mismo tiempo realmente admirable. A Gerardo Diego se le ha reprochado en ocasiones que es un poeta que se complace en la dificultad de la rima, en un tipo de verso que le resultó siempre atractivo. Es Proust el que dice que a veces, algunos de los hallazgos de los poetas consisten en la dificultad de vencer una rima; tienen que buscar una palabra en la que no habían pensado. Pues Gerardo dice en algún trabajo suyo sobre la poesía de Cervantes lo siguiente: Achacante algunos que el juego encadenado de los tercetos lo arrastra por virtud de la rima adonde no quisiera. No parece este juicio en demasía severo. Escasa experiencia tenemos los versificadores de este siglo de la técnica del terceto dantesco, pero creo que baste para afirmar que su mayor encanto, desde el punto de vista del poeta, estriba precisamente en la sorpresa constante que el eslabonamiento de las rimas te brinda; obligado a cabalgar a media rienda entre su dignidad de jinete que se sabe la meta a la que se dirige y los caprichos caracoleados del brioso corcel que le ofrecen a cada nuevo brote de rima enriquecedoras e inmediatas perspectivas A Gerardo lo tenemos aquí en el terreno del poeta que está innovando o que sigue una corriente de innovación y de poeta de signo tradicional. ¿Qué es lo que ocurre con los Poemas Adrede y La fábula de Equis y Zeda En lo que respecta al molde estrófico, va a meter una materia absolutamente creacionista. Es una poesía que no requiere ninguna explicación. El poeta dice; Pobres de aquellos comentaristas de mi obra que quieran buscar una explicación a esto. No la tiene El busca nada más un juego de imágenes, la fantasía, palabras en desorden pero dentro de un molde muy ordenado. ABC IX dad Es en realidad un poema inventado, con composición de elementos reales, pero desarrollados y combinados en busca de una unidad final. Libro subjetivo, personal hasta la anarquía y, a un tiempo, objetivo, neutral, humano y para todos. En los años 30, el creacionis- mo ya ha pasado: ha sido una corriente de vanguardia que ha tenido su apogeo entre 1918 y 1922. Toda la poesía española, la del 27 y la que aparecería después, ha estado influida por esa experiencia. Ha sido para la poesía española a la manera de una gimnasia, no un deporte que se va a practicar, excepto para Gerardo Diego y Juan Larrea que fue siempre fiel al creacio nismo hasta su muerte. Diego alternaría el tipo de poesía tradt- cional con el creacionismo. Enlos años 30, nos encontramos así con que Gerardo Diego hasido él poeta del 27 que no ha tenido nunca un momento de magisterio sobre los demás; no por falta de calidad sino por otras dos razones: en el año 28 está un poco marginal porque hace una poesía demasiado tradicional y porque el creacionismo ha pasado. Tras la guerra se imponen los poetas de las nuevas generaciones: los jóvenes maestros, como Dámaso A l o n s o y V i c e n t e Aleixandre. Hacen una poesía más ardiente, están hartos de esteticismo. Gerardo Diego no es el poeta que se cita cuando se habla de los grandes poetas Después vendrá el liderazgo dé Luis Cernuda cuando se impone una poesía de tipo anglosajón, donde no hay canto sino una conversación de tipo intelectual. Dice Jaime Gil de Biedma, qué gracias a Cernuda- que era un hombre del 2 7- pudieron dejar atrás lá generación del 27 y adoptar un estilo más europeo, el de Eliot, George o Pound, apartándose de lá tradición- e n nada europea- de Alberti o Lorca. Gerardo Diego ha evolucionado dentro de cada una de estas tradiciones poéticas: el creacionismo y la poesía tradicional. Di- gamos, para terminar, y de un modo casi caricaturesco, que el creacionismo es un señor con una gran imaginación, un señor que inventa cosas que no pueden existir en la realidad; el superrealismo sería todo lo contrario. Esta poesía de Gerardo Diego a veces participa de ese dar vuelta a la realidad, y otras, de ese lanzar una especie de río interior que se manifiesta de una forma no caótica sino irracionalista. Un gran poeta hasta el final. José HIERRO Alondra de verdad A partir de Versos humanos Gerardo Diego- u n poeta no muy clasificabie para la comodidad de los demás- reúne parte de su obra en Alondra de ver- Técnico y músico Gerardo Diego, además de ser un poeta que busca lo nuevo, tiene un conocimiento técnico, un oído finísimo- n o olvidemos que era también músico- y sus teorías sobre la utilización del verso son muy interesantes y conviene de vez en cuando escucharlas. Como ha especificado de una manera muy lapidaria Pedro Salinas, el verso, la poesía, es sentido y sonido Es decir, que el sonido es lo que hace que nos resulte grato, cautivador y contagiador de entusiasmo aquello que en las ideas no es más que una manifestación. Decir te quiero en un poema es decirlo de tal manera que todos nos sentimos enamorados cuando lo ha dicho el poeta a alguien, a quien sea, que no nos importa. Gerardo, entonces, que ha es-