Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
IV ABC ABC Ufcr vlo 22 agosto- 1987 Gris marengo Luis Otero Edicions Xerais de Galicia Vigo, ¡987. 1 H 8 páginas Muy conocido como periodista, Luis Otero aborda con Gris marengo el campo de la novela con resultados inciertos: no cabe, tras la lectura del libro en cuestión, pronunciarse acerca de su futuro en cuanto novelista, ya que Gris marengo constituye una obra híbrida, á caballo entre lo autobiográfico y la viñeta esperpéntica. Es la historia de un niño de unos diez años, gallego, que, perteneciente a una familia rica y falangista, vive en su aldea durante el período de ia posguerra encorsetado por las convenciones de su clase Luis Otero y envidioso de. Ja: libertad de sus compañeros de escuela, todos ellos pobres, y va explorando poco a poco el ámbito de la sexualidad. Escrita en primera persona- n o totalmente: hay escenas en tercera persona, contadas del mismo modo que las otras- más que de historia habría que hablar a su respecto de una suma de episodios, dado que el protagonista no sufre evolución alguna a lo largo del libro, ni existe progresión dramática entre ios distintos episodios que los componen. ¿Una novela, pues, fallida a causa de la falta de oficio novelesco del autor? Ello sería de desear, pues Luis Otero tiene virtudes narrativas que podrían hacer de él un novelista de interés. nista, de un lado; todos los demás, de otro. Con respecto al primero, ese C. amilo Iglesias que cuenta su propia historia, hay que decir ante todo que no es, en contra de lo que el autor pretende, un niño de diez años: demasiado infantiloide en ocasiones- por ejemplo, cuando redacta un deber escolar- y excesivamente maduro en otras; Luis Otero no ha conseguido hacerlo creíble- se le ve demasiado detrás del supuesto niño- Este personaje, además- y según quedó dicho- no experimenta ninguna variación interior a lo largo del libro, lo que ha llevado al autor, consciente de ello, a recurrir a un truco para compensar este falto que no funciona: intenta infructuosamente dar profundidad y dinamizar a Camilo ofreciendo, una vez que éste ha dado por concluido su relato en primera persona, noticias sobre él de un período muy posterior que lo muestran convertido en un miembro del maquis antifranquista lo, -que debería hacer que el lector repensara y retnterpretara el grueso del libro en función de esta información nueva, haciendo por su cuenta lo que Otero no logró hacer. El resto de los personajes tampoco alcanza a poseer vida propia debido a que el autor no renuncia prácticamente nunca a ejercer sobre ellos relaciones de poder que resultan muy fáciles y bastante ridiculas en un novelista- u n hombre y una mujer que pueden, por definición, hacer impunemente lo que quieran con sus criaturas de ficción- Despreciativo al modo de Cela con los más de sus personajes, sometiéndolos a un tratamiento que acaba por convertirlos en verdaderos monigotes, Luis Otero se ensaña con los restantes, Desafortunadamente los modelos escogidos por Otero a Ja hora de redactar su obra que todos ellos resultan ser mujeres. Esas no eran los más idóneos para guiarlo por el mujeres son mostradas, como seres hamcampo de lo novelesco. En efecto, ni Cela ni brientos de sexo que rompen cualquier barreValle- lnclán son novelistas natos; ambos prira para satisfacer sus deseos, que no dudan vilegian el lenguaje, considerado como un va- en destrozar a los hombres para dar rienda lor en sí, y la escena, concebida como un suelta a su rijosidad, lo que tiene que resultar todo autónomo, en detrimento de la dramaticuanto menos excesivo para cualquier lector zación del cambio, de la tensión dialéctica medianamente equilibrado: el comprensible entre pasado y futuro novelescos, y tienden a pavor de Camilo ante la irrupción de la tipificar con exceso a sus personajes, deifisexualidad femenina en su vida no hubiera cándolos. Luis Otero incurre en todos estos debido ser asumido por Otero al escribir su lidefectos, y aun los agrava al dejarse arrastrar bro. por ¡o que en sus dos modelos está sometido Señalemos, para terminar, que Luis Otero a un relativo control: el desprecio hacia los tiene un convincente sentido del humor que demás y el gusto por lo escatológico de Cela, lo podría llevar a hacer aportaciones de intela tentación esteticista- inversión de la jerarrés a la literatura cómica si aprendiera a conquía de valores: lo insignificante sobrevalora- trolarlo, a no apoyarse en fáciles exageraciod o- y el maniqueísmo arbitrario de Vallenes que trivializan lo que de otra forma quizá lnclán. Como consecuencia, en Gris marengo hubieran abierto nuevas vías al entendimiento pierde con frecuencia pie a medida que avande lo humano. Leopoldo AZANCOT za el libro y se aleja de la realidad hasta abocarse a la más gratuita de las fantasías, lo que provoca el desinterés del lector, su aburrimiento. Si a esto se añade que no posee el dominio del lenguaje de los otros dos escrito 2 y 4 DORMITORIOS con PLAZAS DE res gallegos, se comprenderá que su libro resulta, con frecuencia, endeble en exceso: un GARAJE PISCINA y JARDINES mero borrador de lo que hubiera podido ser. LLAVE en MANO Para intentar una aproximación crítica a los CALLE JOSÉ SILVA, N. 3 personajes de Gris marengo hay que empezar por dividirlos en dos grupos: el protago- Verlos: Todos los días excepto Miércoles Orgullo y prejuicio Jane Austen Ediciones Cátedra. Letras Universales 477 páginas. Madrid La acción de esta historia es la vida misma presenciada con sosegado ánimo; es el delicado convencionalismo ideológico y social del siglo XVIII en algunos rincones. perfumados y lentos de la presumida Inglaterra; es el cabriolé, el lando, el featón; es, en definitiva, la suavidad de unos silencios que gozan en su rigurosidad de románticos, fríos y poéticos. Y así la historia de Jane Austen se transforma en novela de fnuchos colores, de infinidad de severos paisajes de un país en el que el sol, la escarcha, la niebla y la lluvia son elementos que forman parte del amor tibio de unas adolescentes que sueñan con la incierta gloria de la felicidad. Elizabeth se revuelve indómita y no pierde la alegría. Es encantádorámete decorativa, exacta, profunda, arriesgada. La sensatez de Jane es de una tenacidad exquisita. La leve frivolidad de una época lucha con las cómodas sensibilidades; frpvilidad, sí, de elevada elegancia. Y ese esencial mundo contemplado por el eminente humorista, refinado filósofo, padre de familia, señor Bennet, creador de ironías, de antológicas frases breves, cruzadas y tajantes, no compartidas de ninguna manera por la neurótica esposa. La conversación es la que concede vida, preseverancia y personalidad a las figuras del relato. Por lo que hablan sabemos lo que piensan, lo que son y cómo son. Y como se expresan con indudable inteligecia, con cultura, hay que reconocer que el libro está repleto de ideas que, a veces, pasan a constituir conceptos. Es, pues, la filosofía del diálogo, la iluminación de la palabra, la severidad de la imagen, la leve y oportuna metáfora. La escritora se recrea en los personajes para penetrar con ellos en la soledad, la indiferencia, la desilusión, la fiesta. Algunas figuras, como sir William Lucas, se dedican nada más que a pensar en su propia importancia y a ser amables con el mundo. Las frases aparentemente agresivas no pierden en la narración el tono inglés de la elegancia ni, en ocasiones, el aburrimiento de la reiteración. La novelista Jane Austen- muere a los cuarente y un años de edad en 1817, de desconocida enfermedad- llega lejos en su absorbente sagacidad creadora sin abandonar la difícil sencillez. El orgullo está relacionado con la opinión que tenemos de nosotros mismos; la vanidad, con lo que quisiéramos que los demás pensaran de nosotros. Pero, realmente, son los personajes quienes nos dicen en sus coloquios, conversaciones y melancolías lo que es la vida, lo que puede suponer el amor, lo que aconseja la pereza, lo que demanda la cultura, en qué consiste el ocio y la pasión. Contrasentidos de! corazón y especial lírica de una sociedad. Hay un gran espejo en la novela que es el que refleja con ironía la sátira social dentro de una inteligente agudeza. También refleja arrugas y adivina silencios... José Luis MARTIN ABRIL PISOS ARTURO SORIAj