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14 ABC OPINIÓN SÁBADO 22- 8- 87 Panorama EL DOCTOR RUBIO HORA debe de estar navegando en su hermoso yate, el Addaia, a través del Mediterráneo. Lo hace todos los veranos. Porque este patriarca de la farmacopea moderna nació, justamente, en 1900, en octubre, de modo que ronda ya las 87 primaveras. Se dice pronto, pero se hace despacio. Miren, voy a intentar resumirles su dilatadísima biografía. Y será una biografía afectiva, porque don Fernando Rubio Tudurí, además de un hombre riquísimo, y por añadidura inteligente, es alguien que se hace querer. Les diré que ¡e respetan gentes de toda ideología, desde la izquierda a la derecha, que ya es difícil. Ha sabido relacionarse con Maciá y Companys, durante la República, con quien tuvo sus flirteos políticos y casi aceptó una cartera ministerial del propio Maciá. Pero se salió por la tangente, vivo, como siempre: Yo si salgo ministro- dicen que dijo- pondré monjas en ios hospitales, donde faltan enfermeras, y sacerdotes en las escuelas, donde no hay maestros Y, claro, Maciá exclamó: ¡Qué diría, el partido! -Perdone, yo no soy del partido... Muy cuco, inteligente, listo, hábil... clever, que dicen en inglés. Este hombre ha sabido amasar una fortuna, así, a golpe de cerebro, neurona pura, materia gris... Hijo de un ingeniero militar, Mariano Rubio Bellvé, y de una amable, caritativa menorquina, María Tudurí Monjo. Perteneciente a una saga de destacados intelectuales, entre los que destaca Nicolás Rubio, celebrado arquitecto de parques y jardines barceloneses. Estudió, fíjense, en el Instituto Pasteur, de París, con eminencias como Bertrand o Calmette, el de la vacuna antituberculosis. Se doctoró en Farmacia y más tarde en Medicina. Formó parte del comité tutelar del Príncipe de Asturias, don Alfonso, y de don Gonzalo. Y cierto día, en Barcelona, en su casa del Tibidabo, compuso un reconstituyente infantil, que llamó Glefina. Y obtuvo un éxito extraordinario. Al cabo de un año tenía casa, auto y chófer propios. Más tarde compuso Lasa, otro de sus medicamentos famosos. Y luego vinieron más. Y su carrera no conoció el declive. Durante diez años vendió personalmente sus medicinas a todos los médicos de todos los pueblos de España. Había fundado el laboratorio Andrómaco, que pronto tuvo sucursales en Madrid, Lisboa, Buenos Aires, Cuba, Nueva York, Montevideo, Sao Paulo, Caracas, México, París, Montreal, Bogotá, etcétera. Ha conocido a todos los papas de nuestra época, algunos, como el cardenal Pacelli, antes de serlo. A los mejores artistas, Picasso, Dalí, Cugat, Pruna... Se ha paseado por todo el mundo- menos Rusia- y se siente estusiasmado por la elegancia y el sentido de la propiedad de los pingüinos de la Antártida. Como un niño, como todos los grandes hombres tiene la ingenuidad y frescura de un niño. Pau FANER A -E l presidente aragonés ha suprimido 21 cargos de confianza. Sólo ha dejado los cargos en los que se puede confiar. Mirador EL PASADO U N personaje de un libro del escritor Ignacio Agustí exclama en un momento de desoladora resignación: Al pisar el pasado se siente un rumor de hojarasca seca, y con él, al propio tiempo, una suave conformidad. Después de leer frases de este tono, parece como si alguien hubiese llamado a las puertas de alguien. Son frases con eco. Se puede comparar el después de un pensamiento elevado, casi etéreo, con el que se puede producir tras escuchar una melodía de conmovedora asonancia. Es el presente, sí, pero que se nutre de las líricas y las prosas del pasado que no siempre anuncian florecientes primaveras. Sin embargo, el pasado es un hecho que reúne infinidad de circunstancias que, a veces, introduce vertiginosamente en los instantes del tiempo. El pasado se siente con severidad en aquellos momentos en los que el corazón desea crear melancolías. Este pasado puede ser amplio, como un inmenso paisaje, o también puede quedarse reducido a la esencia mítica de una flor o a la vieja historia de un viejo piano. Pero todo el mundo tiene que aceptar la idea del pasado. Un niño, nada más nacer, ya tiene pasado. El joven presumirá de un interesante pasado, en tanto el anciano se conforma con estar a la sombra del presente sin sobresaltos ni amarguras. Y eso sí: nadie quiere que el tiempo pase. Pero si el tiempo se detiene la historia se muere, y la historia no puede morir. Tal vez la historia sea la que sujete mejor al pasado. Un loco, a quien nosotros conocíamos mucho, cuando en la calle le preguntábamos qué es lo que hacía, se nos quedaba mirando para responder así: Estoy viendo el aire. Y no veía el aire, sino el pasado, muy difícil de expresar por un perturbado que en el aire lo que veía era un mundo escapado a otros mundos. Todo ello, posiblemente, dentro de una nube soñada, de un manantial o junto a la corriente de un arroyo triste. Hace unos años me escribió un amigo poeta desde París una postal, precisamente escrita en el mismo café donde acostumbraba a escribir el delirante Paul Verlaine. La postal- que ahora encuentro entre viejos papelesrepresenta una atardecida en los jardines de Luxemburgo; tarjeta que miro mucho con objeto de hallar en el grabado el misterio del tiempo. Son los de Luxemburgo en París jardines románticos que se prestan mucho a los diálogos de amor o a los sueños recreativos. Leo también algo de lo que dice la postal: Aquí, en este sitio, escribía Verlaine, y yo, al enviarte esta recordación creo que mi poesía se está llenando de reflejos, de historia, de esa historia mía que. en ocasiones de pasión o indiferencia, tanto me pesa. En su día gozó la tarjeta de anecdótico y literario lujo. Pero hoy, se quiera o no, esta tarjeta de los jardines de Luxemburgo, con olor a ala de mariposa disecada, es ya el pasado. Para Miller el futuro siempre ha pertenecido a los poetas. Y es cierto; pero alimentado en su presentimiento de las esencias vitales del pasado. El poeta, todos los días, todos los años, desde el alba hasta el crepúsculo, está esperando la proclamación de la primavera. José Luis MARTIN ABRIL Bravo Murillo, 36. TU. 446 62 50 Bravo Murillo, 63. TH. 254 9 9 6 8 MOVILAIJTO ES GPEL.