Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC, póg. 52 LA FIESTA NACIONAL Segunda corrida de la feria de Malaga -LUNES 17- 8- 87 Un minuto de silencio por Pepe Cáceres Las cuadrillas hicieron el paseíllo sin música Málaga. Vicente Zabala, enviado especial Hoy ha amanecido con tanto sofoco como ayer. Salir del hotel supone recibir una bofetada de calor húmedo, un bajón de tensión, que le hace andar a uno como un boxeador sonado durante todo el día. He buscado la querencia del mar para un paseo matinal y un remojón final. Pero el sol me ha hecho añorar esos sombreros de paja que los labradores castellanos usaban en la época de la trilla. Los bañistas se agrupan, como en todas partes, al amor de los toldos. Yo me acuerdo cuando en Ondarreta ¿verdad Alfonso Ussía? miraban con cierto desdén a los que se remojaban en el sur bajo un sol de justicia. Eran tiempos de Semana Grande con grandes corridas de toros también, organizadas por Livinio a las órdenes de José María Jardón. Todo ha cambiado. Ahora en San Sebastián no hay plaza, ni, por tanto, corridas de ¡k toros, ni siquiera banderas... Pretenden zurrar al flamante presiCurro Duran dente vasco cuando va a rezar la Salve, ya les importa un rábano que sea un separatista aunque lleve corbata, y aquellos veraneantes han cambiado de paisaje, de temperatura (para mal) y de ambiente (para bien) Aquí no encuentran otra violencia que las caricias del siempre peligroso aire acondicionado; pero, a cambio de tantos sudores, encuentran alegría, palmoteo, gracia y simpatía en un pueblo que toma felizmente unas sardinas asadas en cualquier chiringuito con la paz en la mirada, que no todo es el lío ese de la jet marbellí cuyos personajes son pocos (adviertan ustedes que siempre salen ios mismos en las revistas del corazón y no pasan de veinte... mientras la gente, ingenua, cree que toda la Costa del Sol es una permanente fiesta de la alta sociedad y que venir a veranear aquí supone, indefectiblemente, alternar con Jaime de Mora, Boyer, Isabel Preysler, el príncipe Hohenlohe y tener ocasión de preguntarle a Lolita por su embarazo... Málaga está de feria. Y da gloria contemplar con la intensidad que la vive. De otra manera, Sevilla, pero con el mismo amor y entusiasmo, con parecidas ansias de diversión. Pasean a caballo por la calle Larios sudando la gota gorda. Esa es la gran diferencia entre el mes de abril y el mes de agosto en una ciudad donde no existe el invierno. Pero son capaces de organizar una romería de cuatrocientas mil personas para trasladar a la Virgen de la Victoria desde el santuario hasta la catedral. Este año se celebran los quinientos dé la incorporación de Málaga a la Corona de Castilla. Y lo hacen con alborozo y vino fino. ¡Qué alegría! Ficha de la corrida Plaza de toros de la Magdalena. Segunda corrida de feria. Cinco toros de Fermín Bohórquez y uno del marqués de Domecq. Los de Bohórquez, muy bien presentados, astifinos y sin grandes problemas, aunque presentaran algunas dificultades. El del marqués de Domecq, bueno, por el pitón izquierdo. José Luis Calloso, de cardenal y oro, pinchazo y media estocada (ovación) En su segundo, estocada (algunas palmas) Tomás Campuzano, de burdeos y oro, dos pinchazos y estocada (ovación) En el quinto, media estocada y dos descabellos (aviso y ovación) Curro Duran, de teja y oro, pinchazo y estocada (ovación y vuelta al ruedo) En el sexto, estocada (ovación) to, dificultades para los toreros; pero esto de los toros no tiene por qué ser un camino de pétalos de rosas, unas rosas sin espinas, porque luego pasa lo que pasa: que la mayoría de los ganaderos han acabado criando burras que se caen al suelo. La corrida resultó aburrida, tediosa, larga. Los toreros anduvieron con voluntad, pero no se trataba de hombres con inspiración precisamente, sino de empedernidos voluntariosos. Tesón derrochó Galloso con el primero, al que porfió mucho. Vio el pitón derecho, que no era malo y por ahí le hizo una larguísima faena de muleta, que acabaría en una fuerte ovación. Su segundo toro, del marqués de Domecq, tenía un buen pitón izquierdo, pero había que tragarle mucho. El de El Puerto de Santa María no se decidió. Anduvo queriendo... queriendo, pero no lo consiguió. Tomás Campuzano tuvo una de esas tardes en las que se puso a trabajar como un obrero del campo. Cientos de pases a uno y otro toro. No salían los oles de las gargantas, pero tampoco había cristiano capaz de desaprobar tanto esfuerzo con el calorazo que hacía. Le aplaudieron, claro, porque se lo merecía, por valiente y luchador pero... Curró Duran anduvo muy bien con su primero. El de Utrera hizo un esfuerzo por ponerse por encima del toro, que le cogió en un derrote con enorme sentido. El animal, muy cornalón, lo recogió del suelo y se lo echó a los lomos. Todos pensamos en la cornada. Afortunadamente, no fue así. Sólo un porrazo. A continuación vinieron los molinetes de rodillas y la estocada. Hubo vuelta al ruedo para el diestro. Salió maltrecho de la enfermería para estoquear el sexto. Lo hizo con decoro y fue despedido con una ovación. El público salió de la plaza aplomado por el calor, con indolencia moruna. Los malagueños encajan las corridas pesadas, como la de hoy, con su vieja sabiduría vital. Ante el infortunio de una mala tarde de toros, adoptan la pasividad como un milagro químico que constraste con el ardor que ponen en las tardes gloriosas: pero en estas ocasiones no hay enfado, ni crispación, ni mala pata. Sólo resignación. No cabía otra postura ante una corrida de toreros trabajadores que habían guardado un minuto de silencio por un compañero muerto en las astas de un toro a muchos kilómetros de este cante por malagueñas, que escucho a lo lejos mientras la calurosa y estrellada noche contempla a un mar manso y dulce como un torito de lujo. Para guerrilleros El solo anuncio del nombre de Pablo Romero con un cartel de espadas no conceptuados como exquisitos hacía presumir una corrida de toros de sustos; pero, mira por dónde, la autoridad ha echado para atrás los toros del legendario hierro por encontrarlos pobres de cabeza, por no tener el trapío que se debe exigir en una plaza de esta categoría. Nosotros no los hemos visto en los corrales, pero nos extraña una enormidad de que los toros de tan histórica divisa, casi siempre aparatosos y guapos, no hayan podido pasar el reconocimiento. De cualquier manera mejor es que se pongan las cosas serías que tengamos que soportar la manga ancha, el compadreo y el toro chico. Al llegar a la plaza nos encontramos con la mala noticia de la muerte de Pepe Cáceres. Las cuadrilas le guardaron un minuto de silencio. Un toro le atravesó un pulmón en el Estado de Yucatán. Mañana le dedicaré un artículo al maestro colombiano, que quiero hacer extensivo a otros toreros... Los toros de Pablo Romero fueron sustituidos por otros de Fermín Bohórquez. El ganadero llega deprisa y corriendo, sudando, desde Sigüenza, donde había rejoneado el día anterior, para contemplar el juego de sus pupilos. Para empezar, diremos que salieron muy bien presentados, astifinos, muy serios, una auténtica corrida de toros. El juego, aún sin brillantez, ha resultado, mejor que el de las corridas que le vimos lidiar el pasado año. Dentro del tipo murubeño de la casa, todavía no han recobrado el estilo que le dio fama a esta ganadería. Hubo aspereza y, por lo tan- Julio Robles se resintió de su lesión muscular Barcelona. Alfredo Puente Seis toros del marqués de Domecq. Justos de presencia y blandos. El primero fue cambiado antirreglamentariamente tras recibir tres puyazos. En su lugar salió un buey de Los Majadales. Julio Robles se retiró a la enfermería tras matar a su primero. Le diagnosticaron lesión de abductores como si de futbolista se tratara. Ya no salió. José Antonio Campuzano vino de turista a Barcelona vestido de torero. Para su desgracia y la nuestra, tuvo que matar tres toros. Injustamente le silenciaron por partida triple. Mereció ser abroncado, pues no estuvo a la altura de los toros. Jerezano no tuvo qué o a quién torear, ya que los animales anunciados como toros bravos no se comportaron como tales. Ovación y saludos, tras gran estocada, y silencio, es lo que obtuvo. Entre los toros y los toreros aburrieron a conciencia a los tres cuartos del aforo y, además, el calor.