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40 A B C REPORTAJE MIÉRCOLES 12- 8- 87 Proyecto La ciudad de Pisa tiene una plaza de los Milagros, y en la plaza el milagro que supone su célebre torre inclinada. ¿Caerá, no caerá? ¿Cuánto tiempo desafiará todavía a la ley de la gravedad? ¿La quisieron así sus constructores? ¿Falló el terreno sobre el que se asientan sus cimientos? La Torre de Pisa, que fuera construida en 1370, conserva su misterio y su belleza ante los habitantes de su ciudad y ante los curioEn el Prado de los Milagros de Pisa, la gran plaza cubierta de césped junto a la muralla del cementerio antiguo, el milagro más singular es ciertamente la torre. Milagro, como la Catedral y el Batisferio, por su increíble belleza arquitectónica, y milagro por el hecho mismo de su existencia, al cabo de 814 años desafiando las leyes físicas de la estática. Indudablemente, la torre tiene más fama por este motivo que por la estupenda perfección y originalidad de sus líneas, que contribuyen a clasificarla como uno de los monumentos medievales más suntuosos y perfectos. ¿Hasta cuándo podrá durar ese desafío? Los optimistas sostienen que con el ritmo que lleva- el. 1 de enero de 1987, la inclinación aumentó en 1,26 milímetros sobre la misma fecha de 1986- tardará aún doscientos años en hundirse. Pero los pesimistas replican que ése es un cálculo teórico que prescinde de las complicaciones que pueden presentarse en cualquier momento a medida que la inclinación se acentúa. En realidad, si las buenas intenciones de las autoridades compe- detener la indi sos y continuos visitantes atraídos por su fama. Esta magnífica obra arquitectónica, símbolo de la inestabilidad estable del desequilibrio equilibrado y del mayor riesgo calculado no es sólo uno de los motivos populares más atractivos para los turistas y para los autores de los chascarrillos más audaces, sino fundamentalmente uno de los monumentos más suntuosos y perfectos del medievo. El proyecto que según parece se va a escoger prevé la construcción de una plataforma de cemento armado, de 24 metros de diámetro, en torno a la base del monumento, como un gran anillo bien sujeto al mismo. En la parte inferior de la plataforma están empotrados 240 tubos de acero macizo que penetran en el terreno hasta más de 50 metros de profundidad, o sea, hasta la capa de arena comprimida que constituye allí el estrato subterráneo más sólido. Los tubos macizos, o microcolumnas miden 12 centímetros; de espesor, están colocados a un metro de distancia uno de otro, penetran hasta diez metros dentro de la capa de arena y soportan, tentes no se malogran por culpa de la proverbial lentitud burocrática, ese término catastrófico podría quedar borrado de las futuras efemérides de Pisa. Tras haber rechazado todos los proyectos del concurso internacional, por aparatosos e inadecuados, la Comisión especial del Ministerio de Obras Públicas está a punto de decidir de qué forma se piensa resolver el problema fundamental, que es el de reforzar el terreno sobre el cual se asientan los cimientos de la torre. Como una primera providencia, se ha asignado ya una cifra equivalente a 1.500 millones de pesetas para las obras, que figura ya en el presupuesto del Estado. w Consiste en un gra torno a la base, a macizo que penetr prol tas que han venido lloviendo sobre la mesa de la Comisión, como es, por ejemplo, la de decapitar la torre desmontando la llamada celda de las campanas que fue añadida en torno a 1370 por el propio Tommaso dÁndrea Pisano, el magister lapidum que terminó la obra. Dicha celda, que contiene siete campanas, pesa 750 toneladas, que corresponden sólo a un cinco por ciento del peso total de la torre. Pero al estar en la cumbre, su eliminación contribuiría a rebajar notablemente el baricentro de toda la construcción. ¿La quisieron así? Durante la fase preparatoria del concurso internacional, la Comisión volvió a revisar todos los archivos de Pisa, Florencia y Lucca, con una investigación a fondo que abarcaba un periodo muy amplio, desde 1163, diez años antes del comienzo de las obras, hasta 1400, o sea, treinta años después del remate final. Se redactaron centenares de fichas referentes a la torre y a su historia, pero no se encontró nada nuevo acerca del problema central que se quería investigar: ¿cuándo empezó a inclinarse? En el siglo pasado hubo una gran polémica entre dos grupos de historiadores y arquitectos. Unos atribuían la inclinación a la propia voluntad y habilidad de los constructores, que la quisieron El último año la inclinación aumentó en 1,26 milímetros, por lo que aún le quedan doscientos años para derrumbarse Sin embargo, los pesimistas creen que este cálculo teórico puede fallar y acelerarse la caída en un tiempo más corto cada uno, setenta toneladas de peso. Esta podría ser casi la solución definitiva para salvar el monumento, sin necesidad de dar paso a las ocurrencias un tanto sensacionalis- Ocho sigli 1172 (5 de enero) El testamento de Berta di Bernardo, que se encuentra en el Archivo Capitular de Pisa, nos informa de que se está trabajando desde hace años para preparar los mármoles y todo lo necesario para montar la torre campanada de Santa María. 1173 (9 de agosto) Bonanno di Pisa, famoso arquitecto y magister lapidum echa los cimientos y empieza a levantar el primer orden de arcos y columnas empotrados en el sólido tambor que va a servir de base a la torre. 1174: A lo largo dé este año se, termina la construcción del primer Estructura en forma de una pollera de niño con la que se manten- orden o tambor con las quince codrá la torre mientras se coloque un gran anillo con tubos metáli- lumnas empotradas, y se monta la cos que penetren en tierra hasta cincuenta metros de profundidad cornisa del primero de los seis espléndidos anillos o galerías que caracterizan el monumento. 1174- 1178: Siguen los trabajos hasta llegar a la mitad de la tercera galería, cuando se interrumpe de repente el montaje de la torre por un periodo de 95 años. 1178- 1272: Giovanni di Simone vuelve a emprender la construcción. 1272- 1360: Hay otra interrupción de unos 90 años aproximadamente. 1360- 1384: Tommaso dÁndrea Pisano reanuda y termina la obra en diez años, según la tradición confirmada por Giorgio Vasari a mediados del siglo XVI. 1380- 1384: Antonio Veneziano pinta en el cementerio de Pisa una serie de frescos dedicados a San Ranieri. En la escena del entierro