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48 ABC DOMINGO 9- 8- 87 cincu Pepe Luis- Vázquez debutó en Sevilla hace ahora cincuenta años. Era una nocturna de verano, y aquel chaval rubio de San Bernardo, que iba a inundar de arte el toreo, hacía sus primeros pinitos en esa plaza de la Maestranza que le sería siempre fiel. Pepe Luis se ha confesado con Manolo Ramírez durante un festejo similar, El traje era rosa, rosa y oro, con los remates, con los cabos negros; lo alquilamos en casa de Manfredi, en la Europa, en esa calle que va de las Siete Puertas para arriba, por donde iba el tranvía; el traje estaba bien, tenía sus arrugas, pero Manfredi, que era uno de los tíos más graciosos del mundo, y que después te contaré algo de Manfredi que ha sido único en la historia del toreo, el traje me decía Manfredi que estaba pintao que ni hecho para mí; me parece que era un vestido de torear que había sido del Galluno. o de Gitapil. jp. de uno de los dos decían que. había sido. Yo entonces pesaba cuarenta y ocho kilos, figúrate, cuarenta y ocho kilos; me vestí en mi casa, en la calle Campamento, y me trajeron para la Maestranza en un coche de servicio público que era de un amigo de mi padre, le decían Limones colorao, muy rubio, que iba siempre limpio como los chorros del oro; un coche que tenía los radios de madera y que después fue el coche que me llevó a Sanlúcar, a otra novilla, y a la vuelta perdimos una rueda, que salió la rueda por delante del coche corriendo y todavía estábamos diciendo: Mira, una rueda corriendo sola. Y, claro, pegó el coche el batacazo y Limones que ya hay que tener gracia, para justificar el coche, no se le ocurrió más que decir: Hay que ver lo malo y lo travieso que son los niños de Sanlúcar. ¿Po no se han entretenío en aflojarle los tornillos a las ruedas del coche? Como te iba contando, llegamos a la Maestranza, aunque yo ya había toreado aquí, en la Maestranza, a puerta cerrada, que luego te lo contaré cómo fue, y este debut oficial fue un sábado, en agosto del treinta y siete, agosto del treinta y siete, Dios mío, hace cincuenta años ya, cincuenta años, con la cantidad de gente que no llega ni a vivir los cincuenta años... Fue, sí, una nocturna de dos partes. Una, la primera, con una cosa que anunciaban ópera flamenca o algo así y la verdad es que no me acuerdo de los nombres de los artistas; en la segunda nos echaron cuatro erales de la ganadería de Juan Belmonte para Paquito Casado y para mí; era de esas nocturnas, a las once de la noche de entonces que son como ahora las nueve, en las que había pero con medio siglo por medio: sus recuerdo, su sapiencia quedan reflejados en la entrevista realizada mientras que el diestro retirado veía a los toreros del futuro. Pepe Luis Vázquez, como El Gallo, como Chicuelo, como el mismo Curro, será siempre un símbolo de esa Sevilla que todavía sueña con su cartucho de pescao tenía la garganta de lata, porque tomábamos café y él se lo bebía de un tirón, recién puesto, caliente, y, claro, yo tardaba más y me decía: ¿Pero todavía no has terminao el café? Vamos hombre, que vamos a llegar tarde. Y de aquí nos íbamos a la plaza. Correos, Postigo, Arenal que huele a pescao frito, tarde de julio, veladores con taurinos- mira, niño, ese señor que va ahí es Pepe Luis Vázquez Antonia Díaz, callejón del Iris- que antes se entraba por una puertecita que hay más acá que espera a tres chavales para su oportunidad. rifas y regalos en el intermedio, sorteos para el público y cosas de ésas. Muy poquita gente. Muy poquita. Y yo, la verdad, no estuve ni bien ni mal, tampoco la. novillada fue ni buena ni mala. Hubo, sí, detalles sueltos, pero sin triunfos grandes; la verdad es que no pudimos estar muy lucidos, y yo recuerdo a uno de mis novillos que iba mucho por las tablas y aunque no hubo triunfos grandes, sí se empezó a hablar de nosotros, se mantuvo el interés y yo me volví para mi casa, en la calle Campamento; hombre, contento, porque había toreado en la Maestranza y con público, aun- ai L- V b, Un desplante característico del artista de San Bernardo Grada del ocho. Nos acompaña que poco, y con ilusión; ilusión, toda la del mundo, porque me veía ca- Antonio Esquivias y su esportón de paz... máquinas y teleobjetivos. Lleva Antonio su pase de callejón y duda el dejarlo subir por esa Desde San Bernardo por porteroa si grada, pero la sola prepuerta la el Postigo sencia de Pepe Luis hace el quite: Maestro, si van con usted, que enCasi cincuenta años después tren por donde quieran. -Ésto nos pasa en Bilbao- -co- que faltan sólo pocos días- Pepe Luis Vázquez Garcés volvía a una menta Pepe Luis- y tenemos que ir nocturna a la Maestranza. Me con Antonio hasta Sestao dando acuerdo que mi padre parecía que vueltas; pero aquí se arregla todo. Maestranza desde la terraza de la solanera. Se recorta la Giralda entre tejados. Corre brisa- y después dice la gente que es en las playas donde se está bien -y la tarde cae poniendo el Guadalquivir de rosa. -A mí se me despertó la afición a los toros aquí, en la Maestranza. Esto era, y sigue siendo aunque venga poco ahora, mi segunda casa; cuando yo venía de chico y lo único que quería era ser como los toreros que veía aquí. Grada del ocho. La Maestranza se va llenando de chavalería. Hace fresco, aunque todavía no se ha ido del todo el sol por detrás de Triana. ¿No te dije que aquí estaríamos bien? Porque a esta hora tiene Sevilla el fresco justo; sí, porque si hiciera un poquito menos, haría calor, y si apretara más, haría frío; esto no lo entienden mis amigos del Norte, cuando les digo que sí, que aquí tendremos cuarentaitantos grados, todos los de) termómetro, pero después, por la tarde, refresca, sube la marea, viene estre fresco y es lo que yo digo: la única manera de saber cotizar el fresco es habiendo pasado calor antes, y no como me pasó en San Sebastián, la primera vez que fui. ¿Que qué me pasó? Aquello tuvo su gracia: Era en agosto. Me planto allí, como si fuera a ir a Cádiz, con una chaqueta blanca, zapatitos marrones y blancos... Iba a torear con Paco Ceste y Juan Belmonte y tuvieron que suspender la novillada porque se puso a llover, se llevó una semana lloviendo; mira, me tuve que comprar un traje, una gabardina, un paraguas y no me compré una boina porque me la probé y no me gustó. Y yo le decía a mi gente, a mi cuadrilla, ¿y aquí viene la gente a veranear? Hombre, después sí, después, cuando escampó, hacía allí una temperatura muy agradable y entonces lo comprendí, pero, claro, ¿llover en pleno agosto? Y como yo, entonces, que era todavía un chaval, estaba cortito de geografía, pues me decía: a lo mejor es que nos hemos metido en el invierno sin damos cuenta. -Maestro, me decía usted antes que me iba a contar una cosa de Manfredi el sastre... -Sí, de muchísima gracia. Manfredi el sastre fue banderillero. Y ha sido un caso único en la historia, porque se retiró en el tendido. Fue un día- y a te dije antes que este Manfrdi era de ¡os- hombres con más gracia del mundo- en que vino a ver una corrida de Miura que toreaba Chicuelo. Salió un miura de