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Pastora, por los mares de Pollensa E ha refugiado a leer y a pensar y a contemplar a su hijo pequeño. El pelo le azulea de puro negro y en los ojos parece haberse detenido la noche de todos los tiempos. Pastora es clara, tímida, rotunda. La casa en Pollensa tiene macetas y persianas. Hay un presentimiento constante de la mar y de los pinos. Ahí, en el pueblo, quedan callejas estrechas y misteriosas y torres que al atardecer las pueblan de campanas, de gaviotas y de vencejos. Pastora piensa. Mira el trajín de los hombres de la casa, Imanol Arias, su marido, y Luis Eduardo Aute. Ellos han venido a trabajar. Preparan una serie de televisión que se llamará Delirios de amor con trece captítulos de media hora. En los MIÉRCOLES 5- 8- 87 S ratos libres, tantos, Pastora lee a Agatha Christie. Quizá ella no sepa que Agatha, la vieja y terrible y maravillosa Agatha, estuvo aquí mismo en Pollensa. En el Misterio de la regata se lee: Después de pasar por las estrechas calles de Pollensa, siguiendo la sinuosa línea de la costa, llegaron al hotel Pin d Or, un pequeño hotel situado a la orilla del mar, con una vista que, en la neblina de aquella hermosa mañana, tenía la exquisita vaguedad de una lámina japonesa. Parker Pyne comprendió enseguida que aquél, y sólo aquél, era el sitio que buscaba... ¿Sabe Pastora que sus ojos están mirando el mismo mar y que cuando se sobresalta por una escena de suspense casi es idéntica la casa 9 Le gustaría volver a Televisión, pero no a La tarde Hace un año, por estas mismas fechas, nos reunió allí, en Torrespaña, a unos poetas. Estaba triste Pastora. Se lo dije y ella se sonrió. Ahora confiesa: Fue una experiencia desastrosa. En aquel programa se notaba que yo estaba amargada. Yo no soy presentadora- periodista y aquello fue un desastre... Quisiera volver a Televisión, pero sobre todo sueña con el teatro. Ha hecho pruebas y aguarda los primeros pájaros de septiembre para ver si el sueño cuaja y sube a un escenario de Madrid. Quiere, en realidad, hacer teatro porque es un reto. Un reto a sus posibilidades, a sus deseo. Quiere cerciorarse de si tiene o no madera de actriz. Pastora mira al fondo de la casa. (La recuerdo, casi niña, de la mano de mamá Pastora, aquella gitana con señorío del viejo verso, inolvidable Pastora Imperio... Hoy, Pas- tora Vega, su bisnieta, lee a Agat- ha, casi vecina de espíritu; ve hablar a los hombres que discuten de no se sabe qué planos y secuencias; mira a su niño y aguarda, soñadora de la mar. Cuando el poeta de Pollensa Costa y Llobera quiso cantar a su pueblo, éste que hoy habita y vive Pastora, sólo pintó la elegía de un pastor solitario. ¡Cuánta coincidencia! ¿Verdad, Pastora? Santiago CASTELO ABC 89 V