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MIÉRCOLES 5- 8- 87- ESPECTACULOS -ABC, póg. 67 Un cuarteto bien empastado, Estrellas de la danza, entre con lo másbello de Mozart las fuentes de San Ildefonso Gran concierto del Chilingirian en la catedral Santander. Antonio Fernández- Cid, enviado especial El londinense Chilingirian string quartet, vino a Santander en actitud de servicio, no sólo a cumplir un concierto más en su brillante trayectoria. De una parte, fue decisiva su participación en las semifinales del Paloma O Shea donde, gracias a su concurso, los pianistas mostraron sus dotes en la música de cámara. De ahí el efecto ganado por los componentes del grupo unidos al amplísimo bloque de jurados e invitados de honor en la excursión por la bahía y el agasajo gastronómico en el club de golf de Pedreña, en la única jornada de relativo respiro en espera de las finales. Respiro para todos, que no para ellos, con actuación nocturna en el festival, ni para ese comité de recepción que se desvive en atenciones y preside, brazo derecho de Paloma O Shea y como ella modelo de cordialidad y simpatía, Elena García Botín. También a Eva Badura Skoda, que ya había pronunciado una documentada conferencia sobre mascarillas mortuorias de grandes músicos clásicos, le correspondió brindar otra en el Paraninfo de la Magdalena, ésta con ayuda de su marido, Paul, el prestigioso pianista, sobre fortepianos hasta el tiempo de Beethoven: un sustancioso recorrido en la evolución de los instrumentos de teclado, con ejemplos no sólo en un borsendofer representativo del gran piano de cola actual, sino en una deliciosa reproducción de fortepiano de comienzos del XIX, que pudimos oír gracias a la cesión por Félix Hazen de! tan curioso, bello y atrayente instrumento. (Y bueno es recordar la conferencia de Marios Nobre sobre la música contemporánea de Brasil después de Villa- Lobos, agudas observaciones sobre el influjo positivo y negativo del gran compositor y ejemplos muy concisos y orientadores) Pero hablaba del cuarteto Chilingirian, en el tan propicio, para actuaciones de una formación de cuerda, claustro de la catedral y tan justamente ovacionado en él Levon Chilingirian, primer violinista, es la gran figura: por calidad y personalidad. Como segundo violín, Mark Butler se produce con suma discreción, en el más elogioso valor del término. Louise Williams, tiene la rara virtud de un gran sonido de auténtica viola. Es muy dulce y afinado, un tanto flemático y de temperamento contenido, el cello Philip de Groóte. Lo mejor, es que forman un cuarteto empastado y digno de una denominación que exige largo trabajo en común. Brindaron el, para mí, más bello de Mozart, lo que es mucho decir: el en sol K. 387 en versión un punto romántica, un mucho expresiva y redonda. Cerraron su actuación con el noveno, el en fa menor op. 95 de Beethoven, expuesto con diafanidad y acierto. En medio, ofrecieron el Cuarteto de José María Usandizaga, oportuno recuerdo en el centenario del gran músico. Temas vascos, popularismo bien engarzado, lógica en el breve curso, quizá más de rapsodia y fantasía que con la envergadura de la forma cuarteto, pero acreditativo de lo que fue- y sobre todo lo que habría llegado a ser- el malogrado compositor. ¿Y por qué, si es tan escasa la música de cámara española, se toca tan poco esta obra que hoy sonó tan bien? Como regalo, no sin rúbrica de nuevas ovaciones, un motivo popular armenio de trazo y trato muy delicado. Un selecto plantel de bailarines, en La Granja La Granja (Segovia) Benjamín Ojeda Diana les vio danzar, mientras Albéniz les daba el tono y Tsachaikovsky los elevaba, los mecía en el aire sin esfuerzo y con pasión. Los jardines de Palacio lo presenciaron todo. Las estrellas de la danza, figuras de nombre ya internacional en el mundo del paso clásico se dieron nocturna cita en el Real Sitio de La Granja. Las fuentes borbónicas de La Granja se vistieron de moro para musicar Granada, de la que Luis Fuente sacó la idea del baile. Con su dirección se movieron José Antonio Beguiristain, Tino Moran y Alicia Rosado. El propio Fuente diseñó después sus movimientos, teñidos con tejido negro, para dedicárselos también al maestro Albéniz, con Un Asturias que arrancó del público lo mejor: sus aplausos. La Fuente de los Baños de Diana gozó de una espléndida gala, de una reunión de estrellas del movimiento acompasado. El Festival internacional de Segovia logró traer este año a lo más selecto, unificar en un mismo escenario, libre de tejado, el sudor y el compás de los cuerpos más valorados en las tablas del ballet mundial. Lo mejor del Cullberg Ballet de Estocolmo, Ana Laguna; el primer bailarín del Ballet del Teatro Lírico Nacional La Zarzuela, Antonio Castilla, y la primera bailarina del mismo ballet, Carmen Molina. Julia Olmedo, la ex solista del Ballet Clásico Nacional, se vistió de mora y danzó un romanee sefardí, junto a Marco Berriel, ex solista del Ballet del Siglo XX de Bruselas. Cuerpo a cuerpo, con música arábigoandaluza del siglo XI, idealizaron en sus miembros los sollozos y susurros de las tierras del sur. El público, que llenaba sobre todo en emoción, comprendió perfectamente la aventura sefardí. Arantxa Arguelles, también primera bailarina del Teatro Lírico La Zarzuela, y María Luisa Ramos, -solista del mismo ballet se deslizaron por. las tablas con fantástica violencia, la primera, y con delicadeza, la segunda. Arantxa, con coreografía de Petipa, se sirvió de la música de Minkus con las notas de Don Quichotte para volar en brazos de Antonio Castilla. María Luisa Ramos se transformó en muñeca para que, bajo la coreografía de Alberto Méndez, jugara con ella Ricardo Franco, primer bailarín del Lírico, que sudó junto a la joven, música de Egues. Raúl Tino, también primero del Lírico, lo hizo con sonido de Tschaikovsky y dirección de Ray Barra. Cascanueces fue la pieza elegida para que el bailarín fuera acompañado por Carmen Molina. Todos ellos pertenecen a una raza de cuerpos moldeables que entusiasmaron a los asistentes al Festival. Todos recibieron la ovación de un público, no necesariamente entendedor, que captó como si lo fuera la expresión directa de la danza. Pero de todos, los intérpretes que se vieron más especialmente agasajados, con una magnífica muestra de calidad expresiva, fueron Ana Laguna, Veli Pekka Peltokallio y Luis Fuente. Los dos primeros se lucieron con peculiar intensidad en la última actuación de la noche, Giselle, pieza de Adam, con coreografía de Mats Ek, con la que los dos componentes del Cullberg Ballet clausuraron esta única gala. Luís Fuente, primer bailarín estrella del Joffrey Ballet, de Nueva York, recibió delpúblico la ovación más sonada de la noche, en agradecimiento al magnífico espectáculo ofrecido por este hombre bajo el cielo de tan real sitio Mastroianni y la escena romana, un divorcio que rompe Mijailov Roma. Efe Tras dieciséis años de ausencia, Marceilo Mastroianni vuelve al teatro, y lo hace acompañado del director Nikita Mijailov, con quien parece compenetrarse perfectamente desde su particular éxito en el último Festival de Cannes con su filme Ochichornia Han sido varias las ocasiones en que se ha anunciado a voz llena la vuelta de Mastroianni a los escenarios teatrales. La última, hace un par de meses, cuando se afirmaba que interpretaría el Casanova de Arthur Schnitzler. El gran actor, ajeno siempre a cualquier juego publicitario al margen de su trabajo, ni siquiera se preocupó nunca de desmentir estas noticias. Ahora, al parecer gracias a la excelente relación profesional que le une al director Nikita Mijailov, ha aceptado trabajar con él en la puesta en escena de Partitura incompleta para pianola mecánica un texto juvenil e inconcluso de Antón Chejov, escrito en 1880. La obra figura en el programa de la próxima temporada del Teatro de Roma, y supondrá el regreso de Mastroianni a la escena de su país, donde no hacía teatro desde que interpretó el personaje de Rodolfo Valentino en la comedia musical Ciao Rudy de Garinei Giovannini. Supondrá, además, el estreno como director de teatro de Mijailov, uno de los representantes más genuinos del último cine soviético.