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MIÉRCOLES 5- 8- 87 VEINTICINCO ANOS DE RAMÓN PÉREZ DE AYALA -Rueda de testimonios- ABC 35 Cerebro memorioso Ayala había escrito que si él fuera gobernante, prohibiría los toros; pero que, como no era gobernante, iba a los toros por razón de estética. No es del todo una jerarquía intachablemente correcta. Pero sí una trocha de las que la bondad de Dios dispone al lado de la carretera, para el retorno de los despistados. Cuando la moral anda indecisa, puede bastar la estética para ir a los toros o para salirse de la República. Por la elegancia pueden empezarse muchas convicciones que todavía no están maduras en el plano intelectual. No está fuera del orden providencial colocar en el corazón del hombre frenos humanísticos y repugnancias estéticas, mientras no funciona la claridad de la fe. Por ese camino de moderación y elegancia iba a llegar Pérez de Ayala a esos últimos días de estatua parlante, esculpido por la parálisis: listo siempre el cerebro memorioso y la lengua selecta, sobre el medio cuerpo con reposo de Sócrates de piedra. Por ese camino llegó a la confesión general y a Dios. José María PEMAN Verbo preciso e ideas claras Ramón nos deja una obra extensa; otros hablarán de ella, pues yo ya soy poco lector de novelas, de ficciones, como dicen los ingleses; ya no me acabo de interesar por personajes inventados. Pero Ayala nos deja además sus recuerdos infantiles y sus lances de adolescente, su estado de vigilia, su verbo preciso y sus ideas claras. La gloria llega- lentamente al escritor español, el dinero aún más lentamente, si es que llega, y por eso tal vez nos conservamos jóvenes, porque el que da el mal paso de dejarse envejecer muere al poco tiempo. Edgar NEVILLE Luz de domingo Admirables son las novelas de Ayala, sobre todo, las de su temprana madurez. ¿Por qué calló en la mejor sazón? Pero con todo, yo no sé si prefiero al Belarmino y a las dos partes de Tigre Juan; yo no sé si prefiero, repito, la intensa concentración y el perfecto equilibrio de estilo, composición, naturalidad e ironía, bañadas, traspasadas de caritativa ternura, que resplandece en las breves páginas de Luz de domingo. El autor gusta de preludiar cada capítulo de sus obras novelescas con un comento a manera de coro griego escrito en verso y como para afirmar su nunca renunciada vocación a la poesía. En tales augurios y plantos se hallan, por ventura, las más felices estrofas del poeta de los tres senderos. Pero, en rigor, la poesía en Ayala va por dentro, tan bella, y de su concepción de la vida, tan clásica y profunda. Gerardo DIEGO Intelectualismo y humanidad De intelectualistas en alto grado, y, por ende, falazmente de inhumanas, han querido algunos tachar las novelas ayalescas, entendiendo así que estaban horras de emoción y vitalidad. ¡Qué lamentable estrabismo, qué supeditación tan servil a las leyes del realismo más primario y obtuso! Ayala no se queda en frías abstracciones descarnadas; sus personajes son verdaderas creaciones novelescas, sin dejar de ser criaturas humanas. Sus novelas satisfacen de consuno las necesidades de los sentidos (amenidad, legibilidad, intriga progresiva, atmósfera expectante) y las del espíritu, mediante el espectáculo de una inteligencia que rebasa lo aparencial de las cosas y los seres, buscando su sentido último. Se gustará o no de esta técnica novelesca, pero resulta ya inadmisible la objeción vulgar (sobre todo cuando es proferida por gente que no lo es, pero que sufre contagios fáciles) que reprocha a las novelas ayalescas no serlo, entendiéndolas más bien como ensayos. El estilo de Ayala, que algunos tienen como envarado, artificial, une la dicción llana y popular con el tono culto y empinado. Guillermo DE TORRE Conversador insuperable Ramón Pérez de Ayala era un gran escritor; era un conversador insuperable. Le veo en su casa de Oviedo, donde yo estuve hospedado unos días. En el saloncito de estar, puestos en un anaquel, estaban los numerosos volúmenes de las Obras Completas de Balzac, en la bella edición Conard, en París, Conard en la rinconada de la Magdalena. Y Balzac me lleva- sin querer- a considerar la literatura de Pérez de Ayala. Como novelista, ¿qué hay en Ayala de Baizac? Novelista es Ayala por encima de sus ensayos, de sus poemas. Novelista con ironía, con sarcasmo, con toda la gama de los sentimientos humanos. Un novelista que hace pensar. Clarín le aleccionó; luego, la vida le ha dado copiosa experiencia. En su última etapa yo le veía- d e lejos- como sobreponiéndose a todo, como retrotraído a los tiempos de Roma y Grecia, que él conocía directamente, por medio de los cultos idiomas que leía y escribía. AZORIN Genio agudo y mordiente Dos rasgos caracterizan a Ramón Pérez de Ayala: ante todo, una ciencia extraordinaria del arte de escribir; después, un genio agudo, pérfido, mordiente. Su lengua no desdeña ningún recurso, su vocabulario es inagotable, su estilo es rico, airoso, de una soltura deslumbrante, con aquel matiz de academicismo barroco que hizo la gloria del arte jesuítico... La retórica de Ayala está colmada de sustancia y espíritu. Jean CASSOU escritor de raza Nueva y El Sol. Además, fue uno de los fundadores de Helios y España. 1911: Con una beca del Centro de Ampliación de Estudio, viaja por Italia, Suiza y Alemania. En Florencia conoce a la que había de ser su esposa, Mabel Rick, de origen norteamericano. 1913: Viaja a los Estados Unidos para contraer matrimonio. brir informativamente los frentes de combate. Visita Italia sobre todo. Tras su experiencia bélica se instala en Madrid. Frecuenta al escultor Sebastián Miranda, al doctor Marañón, a Julio Camba, a Ignacio Zuloaga y a Juan Belmonte. Su fama crece, sus colaboraciones son muy solicitadas y sus libros obtienen gran éxito. 1921: Logra el Premio de Periodismo Mariano de Cavia por un artículo sobre Ignacio Zuloaga. 1926: Obtiene el Premio Nacional de Literatura por su novela Tigre Juan. 1928: Es elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar la vacante de Vázquez de Mella. Ramón Pérez de Ayala nunca leería su discurso de ingreso. 1930: Es cofundador de la denominada Agrupación en Defensa de la República 1931- 1936: Recibe el nombramiento de embajador de la II República y es destinado a Londres. 1936- 1939: En el transcurso de la guerra civil española reside, sucesivamente, en Londres, París y Biarritz. 1940: Marcha a Argentina, donde permanece catorce años. 1948: Con Saludo a Larreta reanuda su colaboración en las terceras de ABC. 1949: Retorna por primera vez a España desde el final de la guerra civil. 1954: Fija su residencia definitiva en Madrid. 1960: Obtiene el Premio de Literatura de la Fundación Juan March. Ese mismo año recibe el premio Juan Palomo instituido por la revista Semana. 1962. 5 de agosto: Ramón Pérez de Ayala fallece en Madrid. La literatura y el periodismo pierden una pluma magistral, aguda, capaz de la mejor expresión sobre el papel.