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32 A B C VEINTICINCO ANOS DE RAMÓN PÉREZ DE AYALA Las cartas boca arriba MIÉRCOLES 5- 8- 87 Ramón Pérez de Ayala mantuvo durante diversas etapas de su vida una intensa correspondencia con el escultor Sebastián Miranda. Un amplio muestrario de esas cartas inéditas se publicó hace años en Los domingos de ABC Ofrecemos a continuación una selección de esos testimonios que conservan hoy la frescura del día en que fueron escritos. Son cartas en las que conviven un intenso latido quevedesco y el pulso constante de la amistad mantenida a través de los años y de los avatares personales, textos impregnados de ironía, signados por el poderoso latigazo de la vida. El estilo de Pérez de Ayala, puro músculo narrativo, se manifiesta en ellas con libertad devastadora. Melancolía Biarritz, 28 agosto 1938 Hoy, domingo. Mi querido Sebastián: En este instante llega Mabelita, con la horrible nueva que has comunicado por telegrama a sus padres. Mabel no se ha enterado aún, ni acierto cómo se lo voy a decir. Sé que le va a partir el alma. Nuestro dolor y angustia eran unánimemente compartidos por todos los amigos y conocidos, pues nadie que se hubiera aproximado a ella podía dejar de amarla y enaltecerla como una criatura de excepción, en que se sumaban todas las gracias, hechizos, dones y virtudes, menos la buena suerte colmada. No se puede afrontar la muerte sin la conciencia religiosa. Ella la tenía. ¿La tendrás tú? No me refiero a la mera creencia en el más allá, sino en un concepto profundo de la vida, que por su brevedad miserable nada vale, sino en cuanto, por fortuna o por esfuerzo, logramos multiplicarla y conservaría en el amor y en el recuerdo de las personas queridas. ¿Es que uno vive por sí y para sí? Te abrazo con más amor que nunca y estoy seguro que sabrás comportarte como un hombre, pensando en cómo a ella le gustaría que te comportases. RAMuN Biarritz, mayo, 39. Mi querido Sebas: La tragedia española Biarritz, 8- VIH- 39. Mi querido Sebas: recibo tu sombría carta, que hiere mis fibras más sensibles. No sé por qué uno presumía, o temía, que el periodo inmediato a la posguerra llegase a ser el más ingrato y amargo para los desterrados. Entre otras razones, por la siguiente: cronológicamente, porque coincidiría con el límite máximo de la resistencia económica y, ya establecida la paz, los prolectores extranjeros, más o menos espontáneos, y tanto más fatigados y desganados en proporción del tiempo transcurrido, hallarían justificación suficiente en sofocar o cancelar el motivo sentimental, puesto que cabría que dijesen al protegido: ahora puede usted volver a su país y no necesita de mi ayuda. Son éstas, en verdad, fútiles consideraciones generales. Se trata de problemas humanos individuales, de casos concretos. Y el tuyo es sin duda dolorosísimo, como quiera que se mire; singularmente aflictivo, a causa de la soledad íntima en que el destino te ha colocado. Después de cercenarte, si no las raíces de la vida, sí la mitad de tu tronco y ramazón, quiere el destino diseminar lejos de tí aquellos amigos que más te quieren. Todo pasará. El tiempo huye. Así, el dolor como la alegría son transitorios y recíprocos. En una carta anterior creo recordar haberte dicho que, puesto que ignoro tu predisposición psicológica, no sé qué aconsejarte respecto de tu vuelta a España. Y en una carta posterior te insinuaba que quizá, solicitar pase libre de entrada y salida no les sentase del todo bien. Aunque mi opinión tal vez sea temeraria, no acierto a imaginar por qué no has de poder ir a Madrid y desde allí. arreglar tus asuntos. Antes de tu ingreso en España, acaso pudieras tener algunos encargos escultóricos pendientes y algunas otras obras en trámite, los cuales ser a menester que llevases a cabo de vuelta en París, durante algún tiempo, antes de tu reingreso definitivo. Biarritz, 24 julio, 39. Mi querido Sebas: procuraré contestar a tu carta, con afán vigilante de que no se me quede nada en el tintero. Sí, Eelmonte estuvo tres días aquí. Pero después de tres años de incomunicación, no creo haber pecado de hiperbólico al denotar su estancia como cpnstítuida por horas brevísimas. Lo del mostacho era, naturalmente, una chanza harto patente, y yo pensé que, con tu ingénita sagacidad, lo echarías al pronto de ver y lo celebrarías. Sobre todo, que el día anterior había toreado en San Sebastián. Y figúrate la guasa hispánica si hubiera salido a caballo con una comadreja sobre su belfo imperial (a los Carlos V) En cambio, lo que te decía de su estado físico y psíquico es perfectamente auténtico. Su hijo paso por aquí el sábado. El verle, ya hombre, me despertó gran ternura. La calificación que me merece, desde luego, es la de sobresaliente. Se parece mucho al padre, con reminiscencias de la madre (que por cierto, como recordarás, poseía un diseño facial un tanto en el orden del de Juan) Tiene muy buena facha. Se produce con discreción espontánea; en modo alguno estudiada o reservada. Antes por el contrario, toma la palabra cuando viene a cuento, habla fácilmente, no dice nada superfluo ni vano, y muestra al pronto gran sentido común, buen juicio, agudeza nada común y rasgos de gracejo. Advierto en él, en su expresión, un fondo, muy hondo y encubierto, de tristeza, o mejor, de melancolía. Este imponderable casi indescifrable le añade simpatía y nobleza. En suma, quedé prendado de él, quizá por influjo sentimental. Ayer fue a verle torear a Moni de Marsan, Lalanda y la Sema, dos birrias. Juanito estuvo pero que muy bien. De torero se parece también a su padre. Ha heredado mucho de su estilo, aunque no de su personalidad. RAMÓN Gon ocasión del estrago de tu casa, que, ¡perdóname! creo que hiperbolizas un tanto cuanto por demás- s i bien toda merma material es dolorosísima- dejas en libertad un lamento desengañado a lo Job, que me afiige mucho. Me aflige porque no acierto a ver la congruencia entre lo uno y lo otro. Dices que empieza a formarse en tí y te va ganando día por día un íntimo deseo de irte a reunir con ella. Tu sentimiento, harto lo comprendo y lo comparto. Pero no el reflejo en tu conciencia. Como nadie puede aducir, con plenitud de inteligencia, una cita, si no es propia, me excusarás que me cite a mí mismo. Cuando Simona estaba a punto de morir, Urbano desea morir y piensa quitarse la vida. Pero, al pronto, recibe una intuición trascendente; humana, íntegramente humana, puesto que sin ella la vida, la perduración de la vida, no tendría sentido, o no tendría otro sentido que la continuidad mecánica y sin memoria, como el fluir de un río. Urbano piensa al pronto; si yo me muero también, ella se muere por segunda vez; en tanto mientras yo viva, vivirá ella. (Con esta misma idea, más o menos, escribió Unamuno, después, su San Manuel Bueno Una de las formas más satisfactorias de plenitud de vida espiritual consiste en observarse multiplicado y fertilizado tácitamente en los demás, como el poeta que compone poesía popular y canciones anónimas. Sea la vida larga o corta sobrevive en el amor. Amar bien es lo que importa. Alemania derrotada Biarritz, 25 de septiembre, 39. Querido Sebastián: En cuanto a tu vuelta a España no sé qué decirte. Es tan subjetivo... Y yo ignoro, en verdad, los factores auténticos. Tampoco sé qué decirte de la guerra. Las incidencias que sobrevengan son imprevisibles. Yo me atengo a mi certidumbre interior. Alemania entra en la guerra virtualmente derrotada; más aún, exasperada con la ciega intuición de su derrota fatal e inexorable (1) Claro que, antes de que humille la cerviz, puede causar, y no dejará de causarlos, enormes daños. Esto es to horrible y lo estúpido. La eterna estupidez teutónica. Un fuerte abrazo. RAMÓN (1) El pacto ruso es un acto de exasperación y estupidez, como cortarse la cabeza para curarse una jaqueca. RAMÓN