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14 ABC OPINIÓN MIÉRCOLES 5- 8- 87 Panorama Contraventana EL TIBIO CAMINO DE LA EXISTENCIA COLECCIONISTA DE CARNÉS POLÍTICOS P IÓ Baroja regresa de París, rendido y hambriento. Toma un café en la estación de Irún y se sienta en un banco. Allí se queda dormido. Unas señoras que pasaban por el lugar se preguntan: Este pobre, ¿de dónde vendrá? Esta pregunta le sirve a Baroja para hablar de la simpatía que en España se siente por el pobre. No era pobre Pío Baroja, pero, en ocasiones, parece que presumía de ello. Constituyen para el autor de Vidas sombrías los bancos públicos un elemento de trabajo, un vehículo parado de la itinerante cultura, un importante observatorio. Y utiliza don Pío el banco con entusiasmo y frecuencia, real y literariamente. Yo creo que siempre que puede. No pierde el tiempo el escritor en París. Lo dice él: Había aprendido y practicaba algo esa filosofía que se adquiere mirando a un río por donde pasan barcos y gabarras y sentándome en los bancos del jardín público, lo que no deja de ser transcendente. Se ve el mundo de muy distinta manera desde el banco de la calle que desde la terraza de un palacio particular. Insiste, pues, Baroja en la filosofía amorosa del banco. Es lo que los hombres de negocios, los comerciantes, los grandes empresarios y los burócratas no acaban de comprender. Sí, éstos, el aval bancario y la letra de cambio. Es especialista en bancos, en los de Baroja, el humilde poeta que necesita ver la vida sin pagar más que con la mirada. Desde el banco se puede presenciar todo un mundo, fundamentalmente cuando ya se ha abandonado el movimiento vertiginoso del pasado. Y es en tales, circunstancias cuando la vida cambia y se hace más estremecida en nostalgias. Lejos queda la política tenebrosa- que ya pertenece a otras generaciones- el despacho y el humo, la sala de juntas, la mecánica de la fábrica, ei gabinete de la Embajada, el viaje de negocios, el hotel o la pensión, la peligrosa reunión de Roma, la contratación de Londres, la Bolsa de Bruselas. Y surgen las modificaciones del alma. Son cambios que se producen lentamente. Hay vidas que penetran en una penumbra de suave melancolía con frecuentes lagos de entusiasmo en los pensamientos del amanecer. Es una felicidad nueva, agotadora a veces, o una segunda etapa especial dentro del enorme misterio de la existencia. En cierto modo uno ya participa de este regocijo que nos hace olvidar las pasadas soberbias, aunque presenciemos desde nuestras ventanas cómo estalla el odio humano en el rostro de la calle por la más estúpida diferencia. Sí, hay que reconocer que la brutalidad está en las calles convertidas en suciamente peligrosas. Es igual el centro que el llamado barrio residencial, pues a todos los lugares llega el delito, la envidia, la farsa o el atropello. Padece mucho así el tibio camino de la existencia que, incluso, a veces, no llega a ser camino porque se hace intransitable y hay que recluirse en la intimidad poética de los bellos recuerdos, dóciles y acariciadores, inventando, quizá, nuevas y limpias esperanzas. José Luis MARTIN ABRIL P ASO por la tentación de Fuerza Nueva y estuvo en la pomada de Blas Pinar, Goya arriba, Goya abajo, hasta que la cosa empezó a verse clara y las listas de las candidaturas empezaron a funcionar. No tuvo necesidad de tirarse en marcha. De la noche a la mañana apareció en UCD, una oferta política que venía arrollando y le iba a sus condiciones de servicio. No dijo que era de UCD de toda la vida porque tampoco convenía exagerar. Valía con ser de Adolfo Suárez y si había que añadir de toda la vida pues, bueno, de toda la vida... Tiró una moneda al aire, UCD o AP, y salió caras... Fue una buena decisión, efectivamente. Llegó a moverse con cierta desenvoltura, an- tes y después de 1977, antes y después de 1979. Pisó fuerte en los pasillos de Arlaban, ¿se acuerdan? y si no llega a ser por lo de Palma de Mallorca anda todavía instalado en el aparato. Había cogido el carril con buen pie. Luego estuvo tres meses en la mediación trascendente y a poco inventa el establecimiento de independiente. Lo utilizó de palabra, pero nadie daba carné de independiente. Una lástima... Así que se fue al PDP y se paseó por UL, no se sabe si primero lo de Alzaga y después lo de Segurado, o al revés. Pero estuvo ahí, que es lo importante. Y conserva los dos documentos acreditativos de militante, con algunas pruebas de haber mojado en la salsa de las decisiones de uno y otro partido. Influyó en los préstamos y anduvo en los diálogos directos. Ahora, mientras extiende sobre su mesa tos diferentes carnés, reconoce que aquella época de la coalición fue bastante feliz. Y pudo ser la oca, pero los políticos siempre son los últimos en enterarse del fuego interno en su partido. Vivió intensamente la renovación y la lucha. Hoy, se da perfectamente cuenta de que con una misma fotografía cumplió la inscripción en más de dos partidos diferentes. Lo duro llegó después de las urnas de 1986. Con los saltos y la afición convencida, ahora democristiana, ahora liberal, estuvo a punto de inventar otra vía de liberales y otra opción democrática, pero como viera que todo aquello tenía menos chicha y menos créditos para estar en la piragua política, aguantó el aluvión y asistió con bastante preocupación, por cierto, la voladura de los acuerdos y el naufragio de tantas promesas unidas. Antes de marcharse Fraga y después de marcharse Fraga desembarcó con su experiencia política en AP. Le hizo ilusión este nuevo carné y llegó a conspirar para la cosa municipal y autonómica, bien que no con la suerte que su fidelidad política se merecía. En el fondo, podría haber empezado por ahí. De vez en cuendo repasa los documentos y los idearios, en los que reconoce su mano y su capacidad para convencer dentro de un grupo de trabajo. No es difícil encontrar alguna frase brillante o ¡dea feliz idéntica en más de un programa, aunque sean presentados por diferentes siglas. Hay cosas que, verdaderamente, sirven siempre para todo. El personaje de tan azarosa vida política piensa este verano, después de meditar las cosas y el futuro con bastane serenidad. No se decide ni explica las razones de algo que le bulle en la cabeza. Los tiempos políticos cercanos a las elecciones son bien diferentes a los tiempos políticos con elecciones a largo plazo. Unas veces se imponen las decisiones rápidas y otras veces se aconseja la meditación profunda. Y en eso anda... Lo que no sabe es cómo decirle a Hernández Mancha que él está a punto de darse de baja en AP, y que lo suyo tal vez sea pasarse por el CDS de Adolfo Suárez y Rodríguez Sahagún. O bien pisar más fuerte y confesarle a Paco Ordóñez que su socialdemocracia está sin estrenar. Estos dos carnés le están faltando, de momento, en su colección. Luis PRADOS DE LA PLAZA Mirador RECTA FINAL D URANTE años, si usted ha sido estudiante, sabía que se acercaba el verano, que arreciaban los primeros calores, porque llegaban los exámenes finales. La vida tomaba otro color, entre la claridad diáfana de la primavera, el perfume de las flores silvestres, el zumbido monótono de nubes de insectos. No era, todavía, el color liberador del verano, las vacaciones en la orilla, la brisilla fragante de salitre, el baño fresco, Son gajes del sistema educativo. He pertenecido a cierta generación de estudiantes y he visto desfilar luego varias promociones más, desde las aulas de un instituto de enseñanza media. He visto cambiar las directrices del Bachillerato, los planes de estudio. He contemplado con curiosidad las nuevas perspectivas de reforma. He asistido a discusiones acaloradas acerca de lo que se entiende por evaluación continua, métodos de trabajo. Y he observado que, en este caso, la historia se repite, con precisión casi matemática. Son siempre los mismos rostros fatigados, con ojeras, por haber permanecido insomnes en el esfuerzo final, los codos, la empollada que permite aprobar a duras penas, o que determina el fracaso escolar, o en el mejor de los casos, condiciona la obtención de notas brillantes. He presenciado nerviosismos, depresiones, llantos, quejas de progenitores y, lo que determina todo, acumulación de pruebas escritas, en muchos casos perfectamente definitivas. Es así, desde la Enseñanza General Básica hasta los estudiantes de COU, que deben superar la Selectividad con un único examen, o ios alumnos de facultades universitarias. Es, me temo, todo un sistema tan enraizado en la actitud misma de todos los estudiantes, y de los que lo fuimos, que se me antoja difícil de cambiar. Pau FANER