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Los tres mosqueteros C UANDO me hablan de héroes, me vienen a la memoria los años que vivimos juntos, en el mismo piso, Ouka- Lele, Ceesepe y yo, en el Paseo Imperial, cerca de la Puerta de Toledo, en Madrid y en los años de gracia de 1975- 1979. También estuvimos en otra casa de la calle Doctor Castelo, junto al Retiro. Tiempos heroicos. Comer era una lotería. A veces te tocaba y otras no. Madrid no era como ahora, todo tan fácil y moderno. No había prácticamente bares donde reunimos, ni nada, y nos teníamos que buscar la vida día a día. Tocábamos la guitarra disfrazados en el Metro, por cuatro duros para un bocadillo, y había noches que aparecíamos con Ouka- Lele en casa de sus padres a las cuatro de la mañana, cuando ya estaban acos- tados, y nos liábamos con la nevera a mordisco limpio. Eso nos servía para dos o tres días, como los camellos. Solíamos trabajar de noche, y nos acostábamos al amanecer. Así se ahorraba el desayuno y la comida. También aparecía por allí Alberto G. Alix y mucha gente que ahora sale en los papeles. Como poníamos la música muy alta, los vecinos nos tiraban macetas y cubos de agua a nuestro patio. Y casualmente, eran los tiempos del Héroes de David Bowie, que lo teníamos girando todo el día en un artilugio patatero de Ceesepe, y que sonaba como a cataratas del Niágara. Nuestra casa (hogar, dulce hogar) era un museo de lo más selecto de los containers del ba- rrio: sillas desvencijadas, somieres y colchones hechos polvo, mesas con la pata coja y demás joyas. La cocina era lo más parecido al Infierno del Dante, o a un espectáculo de la Fura deis Baus: cacerolas con arroz fosilizado de meses, frutas con inquilinos, y decenas de bolsas de basura a modo de barricadas del Apocalipsys Now. No sé cómo pudimos sobrevivir. Y cuando se mezclaba todo este amasijo de maravillas, con las borracheras y los pasotes, la combinación era explosiva y bastante parecida al Deli- J rium Tremens. Pero nos lo pasábamos como reyes, y estábamos en la gloria. Supongo que gracias a esos años, hemos desarrollado anticuerpos como conejos. Señoras y señores, distinguido público, así comenzó la Movida Madrileña... ¡Glupsü! HO R T ELANO Sobre héroes y triángulos ENGA, Ansi, no seas sór 1 dida, ¡cómo va a ser IV eso tu héroe favorito! -le dije a mi amiga, mientras se iba con su look egipcio y andando de lado hacia... -hasta avergüenza confesarlo- pues hacia la esquina, así como suena- La barra de la terraza ya pertenecía al túnel del tiempo. ¿Y cuál es el tuyo? ¿Tu héroe favorito? me preguntó Lurdina, mirando con estupor a la excavadora de Riaño, que insistía en cargarse la famosa terraza madrileña. -M i héroe favorito no es un hombre. -Pues, entonces, ¿quién es? -s e moría por saber Lur, entre los forcejeos de los clientes y los guardias- M i héroe favorito son los anuncios de la tele. Algunos. El de La Casera, los de Manuel Luque... El griterío era ensordecedor. Lur había desaparecido de improviso en medio de descomunales empujones. ¡Vaya, Ansi, no sé cómo te atreves a confesar, en un momento SÁBADO 1- 8- 87 así, que eso pueda ser tu villano favorito! -l e dije con mi sonrisa más cordial, andando a su lado, sobre los escombros humeantes y los botes. Los emotivos sollozos de las folclóricas de la terraza resonaban entre el follón de la gente, los coches, los pitos, en tanto buscábamos a Lur, matando el tiempo con el juego preelectrónico de los favoritos que se lleva, lo afirma Lur. -Mira, bonita, yo no tengo un villano favorito. En realidad, yo tengo un triángulo, una trinidad de favoritos, que a mí me gusta más llamar mis diablillos favoritos. Uno, mira tú lo que son las cosas, no va por sevillanas, le va Mahler... ¡Sí que le va mal! -jNo seas cruel! ¡No dije que le va mal, sorda! Que le va Mahler. ¿Vale? El otro, que es un cronista de la Señora de la Casa promete. Mira, Ansi, tanto es así que una le recuerda... que debe artículo sobre la escritora de su Asturias, patria querida Corín Tellado, que vende tantos libros como Cervantes. Y el otro, que llegó de un lugar con molinos de viento, de cuyo nombre no quiero acordarme, para no darte pistas, cuenta en películas las historias más inconvenientes de la Corte. Sus nombres no vienen a cuento, ¿sabes, rica? Es algo personal. Y las personas cambian. El que hoy es un diablillo mañana es un héroe lo que hoy es favorito mañana no. Es la ley del mercado. RUBÍ Mahler, en pie de guerra A B C 83