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GENTE y aparte De Gomaespuma Ricas y famosas Los héroes también lloran Shows de noche S I de- algo me arrepiento y prometo que jamás, jamás olvidaré a los responsables de mi ya cotidiano despiste, fue de haberme perdido la actuación que dio en Madrid, tan sólo por dos noches, el bailarín más vanguardista del momento y mejor vestido en escena como es Michael Clark. Vino como un pájaro y se fue de pajarita sin que la que esto escribe pudiera dejar constancia de lo que allí pasó a no pascV Pero como piedra no hay más que una y no pienso volver a tropezarme, la que no me perdí füé la representación que dieron en el Centro Cultural Conde Duque el grupo japonés Sankaijuku. Vienen de Oriente, se rapan la cabeza, pintan su cuerpo de blanco y representan una historia en la que los occidentales, tan poco acostumbrados a la falta de diálogos, olvidan los, stress, taquicardias y menopáuseas relajándose paulatinamente con su baile sin que el frío que se díó cita en tan artística noche, contraiga sus músculos o hiele sus articulaciones. Un escenario dominado por grandes huevos en erque los factores tierra y agua juegan un papel fundamental no fueron suficientes para que al final de la obra el también artista, aunque fío en ja mímica, Juan Correa, supiera decirme sirte había gustado o no: es algo tan nuevo, tan diferente, que todavía en caliente no puedo opinar El que sí que opinaba y convencía con sus argumentos era el simpatiquísimo maquillador Yoshío Murakami. No es extraño. Vino del Japón y triunfó en el mundo de la moda cor) sus revolucionarios sistemas y fantásticas formas de tapar una ojera o combinar un mácpiiaj e con un traje de noche y ahora, en el, estretlafo de su profesión, se entusiasma cuándo ve venir de tan lejos a gentes que como él, se dedican al comercio del arte. N ADA más nacer me colocaron la capa. De los seis hermanos que vinimos al, mundo, sólo tres conseguimos sobrevivir, y en seguida nos trasladaron al planetario. Allí pasé algunas semanas jugando a policías y ladrones con los niños- araña. Nuestro padre venía de vez en cuando a hacernos una visita. Coqueteaba primero con mamá, halagando sus cualidades progenitoras, pues, según él, la nuestra había resultado una carnada excelente. Luego nos reunía a todos en un círculo para narrarnos excitantes aventuras de villanos que se rendían ante la fuerza de la ley. Recuerdo con especial lucidez el relato de un mago tailandés que había encantado su palacio y, debido al maleficio, todo aquél que traspasara el umbral de su guarida era inmediatamente acusado de haber robado una tienda de ultramarinos. Los ciudadanos de la aldea vivían en un estado de terror, hasta que se presentó mi padre con su aroma de Patriks. Lucharon durante dos días. La pelea fue arriesgada y difícil, porque el mago, utilizando sus poderes, se convertía primero en dragón, luego en serpiente, más tarde en vampiro. Mi padre estaba a punto de rendirse ya, el muy cobarde- gallina- capitán de las sardinas, cuando el terrible encantador, tras mutarse en cocodrilo, se convirtió al budismo. Aprovechando los minutos dedicados a la meditación, mi padre se le aproximó por la espalda y huyó como una rata, dejando una vez más el pabellón de la familia por los suelos. Después de contarnos estas historias, papá nos solía coger con los dientes del cuello y nos colocaba en su espalda para darnos un paseo. Planeábamos sobre el jardín y, agarrados fuertemente a su capa, siempre le pedíamos que hiciera un looping antes del aterrizaje. Mi infancia transcurrió feliz. Mis padres se llevaban a las mil maravillas y no recuerdo haberlos visto discutir, salvo en una ocasión. Mi madre le acababa de lavar la capa y él gritaba indignado: ¡Mira qué lamparones! ¡Yo así no salgo a salvar a nadie! Al cumplir los cinco años, el abuelo, con el que apenas tuvimos trato, nos llamó a los tres hermanos: -Ha llegado el día en que debéis demostrar vuestra valía ante el mundo. Seguidme hasta el huerto. Lo seguimos. Nos paramos ante un inmenso chopo y nos colocó una L de color verde a cada uno en la capa. Trepamos hasta la copa. Allí volvió a hablarnos: -Recordad cómo lo hace vuestro padre. Los brazos muy estirados. El rostro vuelto a la derecha y manteniendo una amplia sonrisa. No endurezcáis los músculos; relajad el cuerpo y dejad la capa muy suelta. Nos condujo hasta el final de una rama y nos fue empujando al vacío uno a uno. Caíamos como manzanas. Y vuelta a empezar. Así nos tiramos toda la mañana, hasta que al fin conseguimos planear unos metros. A las dos semanas nos dieron el carné de héroe y nos dejaron sueltos. Después vino lo de las risas en el colegio cada vez que el profesor decía: José Luis Supermán, a la pizarra y lo de casarme con una taquillera del metro. Pero de todo eso prefiero no hablar. Guillermo FESSER Otro tipo de raíces y de formas en el escenario füe el que vimos en la fiesta que la piscina II dio para que sus socios e in conocer y juzgar a nuestro t; r Paco Clavel. Kilos de más y ade- rezós pippágaridísticos fluían dé su cuerpo provocando sutiles comentarios de los niñosriadadores o madres pesadísimas empeñadas en bailar con su granudo quinceañero Las birmettes, envueltas con trapitos de Agatha Ruiz de la Preda, no pudieron hacer sombra a nuestro artista. Y es que Paco es todo un show y eso que Ceesepe se pasó casi todo el tiempo en el biar. Huyendo de los malos humos contaminantes nos escondimos en la terraza más protegida- ¿p e í i B k j f t t nuestra Villa, París- Madrid. Todo úrv puente aereo pilotado por Guillermo Blanco en e qúe fácjt encontrarse con la que fue novra, det. tenista Vilas y fiel compañera de bueríiais Juie gas con Oíanlna Faccio ¿qué será de ésta? Gabriela fileteen, ataviada a modo Nc eheviéja con una mini de lo más olímpica y bolas ibiqendás de lo menos recomendadas. Tan tranquilos Gomo estábamos contando las coletas que vetamos hasta que de pronto, como recién aterrizado, llega José Sacristán, el latinlover de los platos según cuentan, y se sienta con una famosa y recientemente separada cuya nombre me reservo) para hablar de lo que sea y achucharse sin miedo al paparazzi. ¿Habrá exclusiva? Beatriz CORTÁZAR Héroes y villanos Jorge Berlanga Beatriz Cortázar Guillermo Fésser Rubi Fernando Márquez Isidro Juan Palacios Joaquín Albaicín El Hortelano I Ouka- Lele Leopoldo María Panero 82 A B C SÁBADO 1- 8- 87