Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Viendo visiones La más grande estrella I que decir tiene que no me disgustaría ser rica y famosa. Eso entra de lleno en mis planes y algún día trataré de conseguirlo; pero, si eso sucede, quisiera llevar conmigo a mi ego. (Holly Golightly) Me la encontré en la escalera N de incendios, acurrucada, tan bizca y desgarbada como siempre, con su camiseta índigo dada de sí, sus jeans descoloridos, sus zapatillas de deporte. Tarareaba, acompañándose con su guitarra, una vieja melodía de Mancini. De cuando en cuando, indolente, soplaba el flequillo que se derramaba sobre sus ojos y, m o v i e n d o la c a b e z a h a c i a atrás, agitaba la cola de caballo recogida con un lacito lila. La luz del atardecer alteró su habitual palidez y le sacó los colores. Su gato sin nombre seducía a maullidos quedos a una minina forastera manchada de calicó. Los dos bichos sabían perfectamente cómo sacarle ei jugo al melancólico tarareo ambiental. Benjie, el viejo negro de la casa de enfrente, se asomó al patio y saludó. Después, regó su bonsai: un ciprés del bayou chapoteando en un orinal estampado con orquídeas. Ella dejó de tocar. Sacó del pantalón un pitillo extralargo y un mechero de jade. El viejo Benjie reía a gritos. Hablaba solo otra vez. O, quizá, con su arbolito. El patio parecía completamente teñido de rojo. Miré el reloj: Vera se retrasaba. Ella lanzaba al cielo escarlata finas bocanadas de humo. Yo reprimí un bostezo. Los gatos habían desaparecido. Nuestras miradas se cruzaron. Me saludó apuntándome con su larguísimo índice. Le devolví el gesto esbozando una mueca. Sonó el tiembre. Vera, seguramente. Di la espalda a la ventana. Me topé con el espejo del armario, pero no me vi. Ella reanudó su tarareo. Oí al viejo Benjie aplaudir. No cabía duda: era la más grande estrella. Fernando MÁRQUEZ SÁBADO 1- 8- 87 ABC 81 Aunque la inspiración artística exige permanente vigilia, Ouka- Lele elige como heroína a la Bella Durmiente, esperando al Príncipe Azul a la orilla del lago de los sueños La voz de la luz En la mano, una manzana mordida. El cielo... la luz... los dioses... un ensueño. Sueño, sueño eterno. El tocó su frente; ella abrió los ojos, que comenzaron a brillar como dos estrellas. ¿Me reconoces? ¡Oh, espíritu divino, luz celestial que resplandece bajo la forma de hombre! Cada vez que me despiertas creo vivir por vez primera; los mundos renacen, el pasado, el futuro, se convierten en el inmortal presente, y siento que en mi corazón reluce el universo. OUKA- LELE Queridos villanos E SO de ir a un colegio de pago y que le eduquen a uno para ser un niño bueno es una pesadez, pero tiene sus ventajas. Aprendes a amar a los villanos. No importa que Alfrédito, el empollón con cara de altramuz, se dedique a alabar una y otra vez las hazañas de James Bond, porque el corazón impone su negativa haciendo que admires al doctor. No. Nietzsche podía andar más allá del bien y del mal, pero nosotros podemos posar nuestra mirada inocente en el mal del más acá. ¿Qué sería de las aventuras homofílicas de Roberto Alcázar y Pedrín si no tuvieran el peligro sardónico del malvado Svintus como acicate del ingenio? Superman puede llegar a ser ün pelma, pero tiene la suerte de contar con un enemigo que no tiene un piéto de tonto, Lex Luthor, eterno afilador de sus superpoderes, que sin tan sórdida ayuda acabarían sin duda anquilosados. Batman encontraba la horma de su batizapato en el Joker, un agudo apostador por la baza de la infamia. El capitán América pinchaba en hueso a la hora de enfrentarse con El Cráneo Rojo y Tarzán se quedaba afónico tras tener que cumplir con las exigencias de Jane. Mientras Popeye se ponía ciego de espinacas, Bluto le ponía los cuernos descoyuntando los ¡ja- res de Oliva. Todos sospechamos que a la princesa Narda le iba más el paquete del negro Lothar que los truquitos de Kámasutra de Mandrake. No se puede ir de bueno con las mujeres. Ahí estaba la gata loca, encantada con los ladrillazos qué le pegaba en el cogote el vil ratón Ignatz. Está claro que no hay pasión sin maldad. ¿Puede haber alguien más fascinante a quien entregar las flaquezas del corazón que la Dragón Lady, malévola jefa de chinos bebedores de sangre que alegraba las malas horas de Terry y los piratas? ¿O qué decir de todas las princesas lascivas que estaban dispuestas a acabar con las correrías de Flash Gordon para capitalizar sus corridas heroicas? Hay que decir de una vez por todas que la humanidad del villano es más entrañable que el ejemplo inhumano del héroe. El correcaminos es odioso y el coyote un santo. Pixie y Dlxie un par de ratones infames y Jihx todo un caballero andaluz. El canario Tweety merecería hacer bulto en una bandeja de pajaritos fritos en una taberna de Ventas y el gato Silvestre tomar en el Ritz. Aunque los buenos quieran dar lecciones, los malos siempre acaban dándonos la nota. Jorge BERLANGA