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SÁBADO 1- 8- 87 LA FIESTA NACIONAL Séptima corrida de la feria de Valencia -ABC, pág. 63 ¿Será posible que estéis dispuestos a volver al afeitado? Queremos- -y pronto- -el análisis de los pitones Valencia. Vicente Zabala, enviado especial Había malestar entre la afición como consecuencia del ganado lidiado ayer. Los triunfos de Espartaco, El Soro y del chico de Pablo Lozano se veían enturbiados por la presentación del ganado, que supuso una especie de retorno a los años sesenta. Sería una lástima que tuviéramos que desenterrar el hacha de guerra, obligados por unos taurinos que están empeñados en desandar el camino de la dignidad. Habíamos conseguido, en líneas generales, una fiesta pulcra. De ahí que nos sublevara que algunos insistieran con la campaña cuando los objetivos estaban conseguidos. Irritaba contemplar un sector de la plaza de Madrid sintiéndose permanentemente engañado cuando por los chiqueros sale un toro de verdad. Por eso, cuando en Valencia hemos vuelto a ver el toro aparente, con los pitones más que sospechosos, se ñas ha caído el alma a los pies. Y nos hemos acordado de ese toro que sale Niño de la Capea en Madrid, el que acabamos de ver en Pamplona, que luego las peñas ni siquiera miran, y la dignidad con que se estaban lidiando las corridas en la mayoría dé los sitios. Basta con comparar lo astifino que estaba el toro que le partió el corazón al poblé Yiyo y la apariencia de manipulados que tenían los toros de la misma ganadería que estoquearon Espartaco, Lozano y compañía en la tarde de ayer. No se trata de traer a Valencia, plaza eminentemente torerista, el toro de la carretera, el del anuncio, pero es inadmisible que en un coso de primera categoría salte a la arena lo que salió la otra tarde aquí. Esta mañana Enrique Grau, propietario de un popular establecimiento de hostelería, ha espantado en un momento a determinados taurinos cuando ha dicho en alto las verdades del barquero. Son estos, taurinos los que producen los movimientos pendulares. Nosotros habíamos apostado por la moderación, lo que no podemos aceptar son los abusos, el pasarse de listos y tomar a todo el mundo por tonto. Entonces les dan la razón a los ultras y, claro, caemos tristemente en los extremismos. Queremos el toro normal, el cuatreño limpio, el que ordena el reglamento. No estamos por lo imposible, por el sueño de un toro inventado, creado en la mente calenturienta de presuntos cazadores de búfalos. Pero tampoco admitiremos el torete de refilonazo en el primer tercio y pitones como brochas de afeitar. Vamos a poner las cosas en su justo medio. Odio las guerras, todas las guerras, pero nadie, absolutamente nadie, nos va a poner el pie en el cuello, cueste lo que cueste. El dinero de los huertanos es tan sagrado, por mucho que les guste Espartaco a esta pobre gente, como el dinero de mis paisanos de Madrid, o el de los sevillanos. Ficha de la corrida Plaza de toros de Valencia. Séptima corrida de la feria de San Jaime. Más de tres cuartos de plaza. Toros de Antonio Arribas, flojos de remos y con las defensas con síntomas de estar manipuladas. José Mari Manzanares, de grana y oró. Cinco pinchazos y un descabello (silencio) En el cuarto, estocada (división de opiniones) Niño de la Capea, de azul y oro. Pinchazo y estocada (ovación) En el quinto, pinchazo y estocada (ovación, oreja y vuelta al ruedo) Joselito, de verde oliva y oro. Pinchazo y estocada (ovación) En el sexto, estocada (ovación) tad y tres o cuatro muletazos de mérito. Lo demás no vale la pena reseñarlo. En. el quinto el Niño de la Capea volvió a recuperar el sentido del temple, que había adquirido en México y que había perdido en dos serios traspiés: en la corrida de Beneficencia de Madrid y en la absurda de seis toros que mató en Málaga. En esta ocasión llevó a cabo una faena de largos y lentísimos muletazos con una y otra mano, sin dejarse puntear el engaño. Bonita faena, merecedora de la oreja que el público pidió y el presidente concedió. Capea dio la vuelta al ruedo, con la sonrisa recobrada y el trofeo en la mano diestra. Sin suerte Joselito recibió a su primero con dos largas cambiadas de rodillas y apretados lances a pies juntos. También este toro exhibía unos pitones como escobas. Es muy viejo eso de que el toro tocado, al derrotar contra la madera, se le abren los pitones como brochas de afeitar. El que está sin tocar, cuando derrota, se astilla, pero no se abre. El animal, por si fuera poco, se caía. La voluntad de Joselito se estrellaba contra la endeblez del toro, que no le permitió lucirse. Se las prometían muy felices los valencianos jaleando a Joselito en los lances de capa al sexto. Manejó con garbo ese capote tan chico que le hace torear sin ninguna ventaja, pero todo se torció porque al llevarle al caballo el animal humilló mucho y se partió un pitón por la mazorca. La bronca fue de cam- peonato. El público pedía el cambio del toro. Desconocen el Reglamento. Cuando los toros se inutilizan durante la lidia no se pueden devolver. Joselito, muy inteligente, sin un solo muletazo entró a matar y dejó una estocada. El público le ovacionó con fuerza, mientras la emprendían con el presidente. Pero la bronca- y grande- debió ser para los veterinarios, que dejaron pasar una corrida con tan lamentables pitones. Bronca también para quien adquirió esa mercancía, que supone un grosero desprecio a una plaza como la de Valencia, que no merece toros que presentan claras pruebas de manipulación en las astas. Dispuesto a rectificar si se me presenta en el transcurso de esta semana el certificado del análisis de estos pitones, demostrándome que las astas estaban intactas. ¡Qué pena, qué rabia y qué asco! tener que volver a un periodismo de denuncia por culpa de unos desaprensivos que han perdido las cabeza porque quieren retornar al pasado, un ayer denigrante que estuvo a punto de acabar con la fiesta. Hoy inicia Espartaco su maratón taurino Madrid. L. G. Con la corrida que se celebre hoy en Hellín iniciará Espartaco su maratón taurino de agosto y septiembre, en los que cruzará repetidamente toda la geografía española. Hay quien ha echado cuentas y asegura que él y su cuadrilla recorrerán durante estos dos meses algo más de cuarenta mil kilómetros. Todo un récord. Además, cada una de esas tardes Espartaco tendrá que enfrentarse a dos toros y a un público siempre diferente, y éste con la ilusión común de presenciar en su plaza el éxito del torero. Por de pronto ayer, en la primera de feria de Azpeitia, el de Espartinas, puesto a calentar motores, cortó las dos orejas de su primer enemigo y fue ovacionado en el quinto. Completaron la terna Morenito de Maracay y Emilio Oliva, que escucharon sendas ovaciones en uno de sus toros y dieron respectivas vueltas al ruedo en los otros. Se lidiaron cinco astados de Bernardino Giménez y uno de Martínez Uranga, que dieron regular juego. Y hoy... El primero de Manzanares lucía dos pitones que bendito sea Dios... Sin embargo, desarrolló nobleza ante la muleta de José Mari, que le hizo cosas muy bonitas, algunas muy toreras, pero había que hacer esfuerzos para no mirar a los pitones del toro. ¿Por qué esta marcha atrás, señores? ¿Por qué tanto descaro? Si esto sucede en Valencia, ¿qué pasará en los pueblos? Atención, autoridad. Atención, veterinarios. Manzanares lo mató muy mal, estropeando los detalles toreros. Lo que iba para oreja acabó en silencio. El cuarto era otro inválido, gordo, pero inválido. Cuanto hizo Manzanares, entre tumbo y tumbo del toro, careció de interés. Faltaba la emoción. Faltaba el toro. Faltaba todo. Mató pronto y hubo división de opiniones. Cal y arena Niño de la Capea anduvo atropellado con su primero. El aplomado toro arrancaba con una embestida muy corta, pero el diestro salmantino se embarulló mucho. Se produjeron dos desarmes. Cuando entró a matar sólo nos quedaba el recuerdo de su buena volun-