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1 agosto- 1987 ABC HTcraríQ ABC XI La última palabra Juan García Hortelano Elasticidad (Los diablos rojos contra los ángeles blancos) O M O ganar el alma de Procusto? Ya ProJ f custo agonizaba en su lecho y aún per J t a manecía incierto el resultado de la batalla entre las celestiales huestes y las infernales hordas. Combate, a decir verdad, desangelado, desanimados por sus repetidos fracasos tanto los ángeles del bien cómo los del mal. ¿Cómo, repito, ganar un alma que se entragaba a unos y a otros con igual complacencia, con idéntica sinceridad? Hasta Yo, en mi omnipotencia, no sabía qué solución tomar. Me repugnaba, después de más de un milenio sin llamar a consulta a tal miserable, convocar a Satán. Desde la nauseabunda componenda con la que resolvimos el final de aquel charlatán griego, que a punto estuvo de embarullarnos, habíamos delegado en nuestras respectivas huestes y hordas la rutinaria tarea de salvar o perder almas. Y, al fin y al cabo, aquel Sócrates dicen que era alguien, pero este Proscuto ¿quién se creía ser? Antes de recurrir a un convenio con el Sulfuroso, quise estudiar la ficha de Procusto. Tardaron en proporcianármela avergonzados justamente (como descubrí, nada más iluminarse la pantalla del supremo ordenador) de ta pifia que me habían hecho cometer al dar vida a Proscuto años ha. Por refinados que sean los instrumentos y excelentes las condiciones de trabajo que me molesto en procurarles, siguen siendo una panda de inútiles. ¿Cómo, si no es por incompetencia y desidia, se explica que me pusiesen a la firma la creación de una criatura que, bajo el nombre de Procusto (lo que denota resabios mitológicos y atufa a rito masónico) había de ser hombre de su época? Que no se me diga que falté a la benevolencia trasladando a un puñado de burócratas, en lo que tarde un relámpago, a ennegrecerse las alas en las covachuelas del averno. Hombre de su época, Procusto no encontró otro remedio a su singularidad que entenderse con sus contemporáneos, hombres de otras épocas. Para evitar esa desdicha de la mutua comprensión, he determinado precisamente que cada hombre nazca en época histórica distinta a la que por carácter y mentalidad le corresponda. Sólo quien es dueño del tiempo en que existe sabe que no merece la pena encajar congruentemente a seres fugaces en el infinito tapiz del ir pasando. No menos presuntuoso que otros, aunque sí más delirante, el siglo deProcusto permitió a Procusto, sin traicionarse a sí mismo jamás, tener pocos amigos y amar a muchas mujeres. Esta curiosa convención, que las ideas de la época estipulan y nadie cumple, fue llenando de las más diversas hembras el lecho de Procusto, en el que toda diversidad encontraba su medida gracias a la comprensión de Procusto. Tan grande era la capacidad acomodaticia de esta criatura que, en aras de la amistad, hasta consentía Procusto, si así el amigo se lo pedía, en compartir con el amigo el lecho. Como consecuencia. de esa virtud de dar a cada uno lo que pide, sobre cama tan famosa (y con razón... Procusto hizo feliz a la ramera con espíritu de monja, a la monja enamorada de mí, a la atareada madre con glándulas de ninfómana, a la ninfómana estéril, a la fecunda bestializada, a la intelectual fecundada, a la lesbiana casta, a la casta, a la tuerta, a la magra, a la evanescente, al condiscípulo, al magnate exhausto, al maricón de natura, al anacoreta y al hermafrodito, seres de la especie racional mal colocados todos; ellos, no en la vida que es siempre la misma, sino en el tiempo del mundo, que parece otra cosa. En la actividad de este concurrido lecho confiaron mis ángeles azules. Acostumbrados a recoger cómodamente las almas de los lascivos cuando suena la hora de la artrosis, acudieron puntuales a recoger el alma de Procusto en cuanto, además de artrosis, el doctor diagnosticó el cáncer que Yo le había asignado en mis inescrutables designios. Craso error el de mis ángeles, porque Procusto, que había dado indiscriminadamente r rí V rV r Juan García Hortelano nació en Madrid en 1928. Su primera nóvela, Nuevas amistades, obtuvo en 1959 el premio Biblioteca Breve. Con Tormenta de verano, su segunda obra, consiguió el premio Formentor. Es autor, además, de Gente de Madrid, El gran momento de Mary Tribune, Apólogos y milesios, Gramática parda (con el que logró el Premio de la Crítica) Echarse las pecas a la espalda. Cuentos completos y Los vaqueros en el pozo. Miembro de la generación del 50, (Sarcia Hortelano es uno de los más destacados exponentes de la novela social- realista española. Elasticidad el cuento que presentamos en estas páginas, pertenece a su último libro, en el que, bajo el título Mucho cuento, García Hortelano reúne una serie de relatos publicados o inéditos, como éste, y. qué va a publicar próximamente Mondadori.