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VIH ABC ABC fncrarío Novela- 1 agosto- 1987 El niño asombrado Antonio Rabinad Editorial Lumen Barcelona, 1987; 161 páginas i OMO tantos otros tópicos tenaces pero sin fundamento, el de que ios españoles son especialmente remisos a exponer su interioridad por escrito debería ser rechazado de una vez y para siempre. ¿Que los españoles no escriben memorias, autobiografías, etcétera? Por poco informado que se esté de la vida cultural reciente, resulta difícil ignorar la evidencia de que en los últimos tiempos muchos escritores de aquí han ido publicando libros en los que, de una forma u otra, pasaban revista a su vida, Antonio Rabinad sin olvidar los aspectos más íntimos de la misma. Y no vaya a creerse que este fenómeno es cosa exclusiva del presente: de las memorias de Pío Baraja- para ¡imitarnos a nuestro siglo- pasando por las anoveladas de Sender- y sigo aquí, en esta enumeración somera, el orden de las generaciones, no el de la publicación de las obras- hasta las de Juan Goytisolo, son muchas ¡as que se han ido ofreciendo a la curiosidad de! lector. El niño asombrado, de Antonio Rabinad, se inscribe brillantemente en esta sucesión de libros autobiográficos de que hablo: publicado originariamente en 1967, y galardonado en dicho año con el Premio Ciudad de Barcelona, está integrado por una serie de viñetas en las que Rabinad- nacido en Barcelona, en 1927, de padres aragoneses- va sacando a luz sus recuerdos de infancia y adolescencia. El libro, mutilado en el momento de su aparición por la censura, aparece ahora, por fin, completo, razón por la cual puede tenerse a ésta de Editorial Lumen por su primera edición definitiva. Como me ha venido ocurriendo con mucha frecuencia desde que empecé a desempeñar la actividad de crítico de narrativa española, me encuentro ahora en la necesidad, antes de seguir adelante, antes de hablar más concretamente del libro que me ocupa, de manifestar mi estupor por el hecho de que Antonio Rabinad no haya visto aún reconocida su altura, la importancia de su obra dentro del panorama actual de nuestras letras. ¿Cómo es posible esto? ¿De qué baremos se sirven los intermediarios culturales al uso para jerarquizar los libros que van apareciendo? ¿A qué se debe el que, de un modo sistemático, se ensalce el ersatz, se aupe a los escritores sólidos y profundos, como Rabinad? Que cada lector conteste a estas preguntas como quiera y pueda, pero que no cierre los ojos ante el hecho que denuncio, pues sus efectos van a ser- están siendo- devastadores: la literatura española se encuentra, hoy por hoy, con la cabeza apara abajo y los pies para arriba, literalmente invertida, con la consiguiente confusión de quienes se aproximan a ella limpiamente, inocentemente. Según quedó dicho, el niño asombrado es una suma de viñetas en las que Antonio Rabinad da cuenta de su infancia y de su adolescencia, del tránsito de una a otra, de su descubrimiento del mundo, signado por el estupor, por la sorpresa (un estupor, una sorpresa, que ponen de manifiesto la falta de. adecuación última entre el autor y ese mundo en el que tantos- -por definición, peores y superficiales- se encuentran como pez en el agua) El libro se inicia en los meses que precedieron al comienzo de la guerra civil, da cuenta largamente de los años bélicos, y se cierra con los primeros tiempos de la posguerra, que aquí es vista desde una perspectiva inhabitual: la de un muchacho cuyo padre fue asesinado por fuerzas de la República, pero que, por pertenecer a una familia obrera, no es de derechas. Escrito, obviamente, en primera persona, este libro muy bello acierta a transmitir con ejemplar limpidez- como si el autor no hubiera roto su conexión con el niño que fue- -los movimientos interiores de ese niño asombrado de que habla el título: sensaciones, emociones, sentimientos, perplejidades desfilan ante nosotros sin reificar, con una frescura que Rabinad sólo ha podido lograr poniendo toda su experiencia, todas sus dotes artísticas al servicio exclusivo de la verdad del pasado, alumbrando el sentido que aquello tuvo y no permitiendo nunca que racionalizaciones extemporáneas interfirieran el surgimiento de lo que debemos considerar iluminaciones en un sentido joyciano. Los retratos de los otros personajes del libro, empezando por el muy sobrio de la madre, están trazados con un respeto exquisito hacia lo ajeno- por próximo que lo ajeno sea- y con una economía de medios realmente magistral: basta una notación ligera para que el personaje en cuestión comience a desplegar sus virtualidades en la imaginación del lector. Como recreador de ambientes, también Rabinad da muestras de una extraña maestría: sin efectismos, poniendo en juego un mínimo de elementos, consigue revivir para todos la Barcelona inquietante de los días previos al 18 de julio de 1936. El niño asombrado, en fin, constituye una prueba más de que Rabinad está en posesión, de uno de los estilos más ricos de la literatura española de hoy. Leopoldo AZANCOT El Mosaico de Perseo Alberto Díaz Rueda Plaza Janes. S. A. 240 páginas. Con cierto, viento de realidad agazapada, con estilo arriesgado y desigual, violento e irónico a veces, surge esta fantasía de El Mosaico de Perseo libro por un lado incómodo y por otro atrayente; incómoda amen ¡7 dad en definitiva. El escritor enreda la trama de una forma en exceso complicada y confusa. He aquí la incomodidad. Pero al propio tiempo, de este confusionismo nace y renace el interés del relato. Se producen demasiadas notas, demasiados tiempos de novela, excesiva ambigüedad con brotes nebulosos, quizá muchos valores entendidos. El ágil escritor Alberto Díaz Rueda, desde su punto de vista, ha de ver muy claras las situaciones que analiza y entremezcla. Pero quien lee es el lector. Y al lector hay que darle más facilidades, entregarle mayor luz, a fin de que no pierda la serenidad del ocio ni le abrumen las escenas vertiginosas del relato. Hay que tener en cuenta que el lector, en general, no pertenece al Cuerpo diplomático, ni es experto en especiales piraterías, en espionajes, en servicios secretos. ¿Que el escritor quiere que la intriga tenga por causa próxima el confusionismo parcial del relato? Está en su perfecto derecho; pero tal vez, insistimos con la mayor ecuanimidad, la escrupulosa narrativa exija un tratamiento más luminoso. El autor Díaz Rueda puede exigirse a sí mismo mayor brillantez. Indiscutiblemente dispone de categoría para ello. No vamos a descubrir ef argumento: la Embajada española en Túnez es ocupada por un comando del Frente Polisario como especial medida de presión. Esta es la base sobre la que gravitan infinidad de acontecimientos complicados, de espionaje, de relaciones sociales, de odió y violencia. El protagonista, dedicado a escribir una novela, realiza una especial misión y se verá envuelto en paralelas circunstancias a las de su relato. Al respecto se reducen hechos curiosamente significativos, de asombrosa ingenuidad: la confesión antidiplomática de un diplomático de carrera. (Páginas 70, 71, 72 y 73) Sin embargo, esta conversación sirve para los fines que se persiguen en la apasionada narración, en la que como el autor advierte resulta muy difícil deslindar las relaciones que existen entre la ficción y la realidad. Y tal es el fundamento, el motor dinámico de El Mosaico de Perseo Según se avanza en la lectura de la novela el interés aumenta también. En momentos de irritabilidad algunos personajes se producen con expresiva crudeza, a veces muy poco diplomática. Los diálogos son, en general, muy estimables. Como alguien querrá conocer la razón del título del relato me remito a lo que se nos dice. Tanto él (el protagonista) como su propia novela se convierten en piezas esenciales de un complot que tiene su clave oculta en un mosaico romano que existía en el Museo de El Bardo, en Túnez. José Luis MARTIN ABRIL COMPRAMOS RESTAURANTE O TERRENO APTO PARA RESTAURANTE Distancia máxima, 20 Km. de Madrid aproximadamente -PAGO CONTADO Ofertas por escrito: Sr. GARCÍA MUÑOZ Calle Navarra, 14. 28039 Madrid