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VI ABC ABC 1 agosto- 1987 ya: Boris fue amor hasta el último día. Un amor pleno, con instantes de profunda felicidad y mágicos sobreentendidos, pero también un amor marcado por un continuo miedo y absurdas lejanías. Aquellos años me costaron mucho, demasiado; y sin embargo, aún hoy, no quisiera cambiar nada de nuestras vidas de entonces, ni siquiera en los recuerdos. Quizás, si volviera hacia atrás, me esforzaría por tener menos miedo, por no vivir en la angustia de pensar en lo que le hicieron al entonces mayor poeta ruso vivo Quien así habla. es Olva Ivinskaya, la mujer amada por Pasternak desde que tuvieron su primer encuentro, la inspiradora de El doctor Zhivago, la mujer a quien todo el mundo identifica con Lara, la protagonista de la novela. entre las bocanadas de humo de sus interminables cigarrillos quisiera fumar hasta en el lecho de muerte, y morir con el cigarrillo entre los dedos Su voz es cálida, dulce, sensual todavía a pesar de la edad. Sus manos, bellísimas, se mueven con rapidez para hurgar entre los recuerdos. Su porte, digno de una reina, hace olvidar los defectos que el tiempo acentúa sin piedad. Timur, su pequinés, gruñe, ladra, está por todas partes. Derrama su larga pelambre blanca sobre las alfombras y redama una atención constante. Es el testimonio solitario del gran amor de Olga por los animales, amor que Pasternak no compartía lo que se dice del todo. Una vez- cuenta- en Peredelkino había perdido uno de mis perros y, desesperada, había puesto un anuncio con la promesa de cien rublos para quien me lo hubiera traído. Boris, viniendo hacia mi casa, se encontró por la calle a un muchachito triunfante con el animal en sus brazos. Acabó dándole ciento cincuenta rublos con tal de que se lo quedara SO También entonces, hace muchos años, cuando fui a visitarla casi a hurtadillas en su nueva casa de Lugovskaja, Olga estaba rodeada de animales: un número sin precisar de perros y gatos, y, alrededor, el esplendor del bosque ruso, el perfume de los pinos y los abedules en el calor del estío, el silencio absoluto roto por un continuo ladrar. OlgaLara en la campiña rusa con su pelo rubio contra el atardecer. OlgaLara personaje incómodo, casi prohibido durante demasiados años. Olga- Lara resurgida de las tinieblas gracias a la Perestroika (la renovación cultural emprendida por Gorbachov) Boris Pasternak dibujó en las páginas de su Doctor Zhivago una d la literatura de este siglo. Una historia que, lejos de su cuna, agitó las La magia del cine la hizo familiar, y los rostros de Ornar Shariff dos protagonistas del relato: Zhivago y Lara. Pero Lara tiene nombr inspiró al poeta versos hermosísimos y que vivió junto a él en el fini ha sido rehabilitado por las autoridades soviéticas, ha roto su silen publicado una emotiva entrevista con Olga Ivinskaya, de la que publi Un amor irracional y constante Se conocieron en 1945, en la Redacción de Noyvi mir (El nuevo mundo) en la que ella trabajaba. Y fue un amor a primera vista, un amor que se impuso con la violencia irracional de los sentimientos y que les acompañó, constante, durante catorce años irrepetibles, hasta el día de la muerte del escritor. La diferencia de edad- ella, poco más de treinta años; él casi sexagenario- fue el elemento desencadenante de una simbiosis afectiva: Boris reencontró el sabor de una juventud lejana, Olga vivió la realidad del mito. Nunca quise que cambiara su vida por mí. La existencia de Zinalda Nikolaevna, su segunda esposa, junto a él, no alteró nunca la naturaleza de nuestra relación. Y además, Zinalda era varios años mayor que él, sombría, austera. Ciertamente no podía ser motivo de ningún tipo de celos. Todo estaba bien. Sabía que era yo quien ocupaba sus pensamientos. El resto, las miserias cotidianas, no nos afectaban Lara habla en su casa de Moscú, cerca de la estación Saveleskij: en el salón, un desorden tranquilo, lleno de libros, de viejas y sorprendentes fotografías que ella muestra generosamente. En un rincón, una pantalla que acaba de ofrecemos las imágenes- las únicas que existen- de Pasternak paseando sonriente por las avenidas de Peredelkino, el pueblo de los escritores, creado por Stalin en los años treinta. Recuerdos, recuerdos, recuerdos por todas partes: en las paredes, en las mesas y en las numerosas mesillas, en las estanterías. Olga habla