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1 agosto- 1987 O se justifica el s i l e n c i o con que ha sido acogida, en general, la versión castellana de El giocatore invisibile, la tercera novela de Giuseppe Pontiggia (Como, 1934) y la primera, según mis noticias, que se publica en España. Se trata de una obra muy estimable, que confirma el excelente momento por el que atraviesa la narrativa italiana. A juzgar por este título, la voz de Pontiggia está claramente diferenciada respecto a la de los otros mosqueteros frente a la densidad poética de Bufalino, la opulencia verbal de Manganelli, el inquietante alegorismo de Morselli, la épica visionaria de Satta, el sutil arabesco de Tabucchi o las geometrías de Del Giudice, Pontiggia alza un estilo más cronístico, más próximo en apariencia a ciertos esquemas realistas y, no obstante, eficaz y profundo a la vez. ABC Hícrario ABC V (matemáticamente hablando) Su uso simbólico sedujo por ello a Borges- y también a Gerardo Diego- Como el otro, este juego es infinito escribió el primero. Son luminosas las consideraciones que se hacen al final del relato sobre el concepto de sacrificio en el ajedrez, de trasposición unívoca sobre el texto: el suicida de la historia es la pieza sacrificada. El relato se cierra en un clima de piedad y melancolía, resueltos en nada los odios profesionales, los hostigamientos, y con la sola certidumbre de la muerte en el horizonte. Obra, pues, El jugador invisible mucho más compleja de lo que parece proponer su estructura formal. El narrador maneja con destreza los elementos clave, sabiamente combinados sobre el supuesto inicial del seudothriller la investigación cuasi policíaca se transforma en el principio generador de episodios y situaciones, y permite una articulación simple pero funcional. El tono narrativo se mantiene uniforme, fiel el escritor a una actitud dominante de cronista, a la que va inyectando un fraseo a veces intencionadamente distante, otras irónico. No falta el componenete cómico, grotesco, derivado de la crítica a la cultura burocratizada, que da lugar a momentos sumamente divertidos. El estilo se ajusta al propósito primordial de narrar, lo que no impide algunas fulguraciones imaginativas, aunque bien dosificadas, y la remisión constante a fondos de alcance simbólico. Cabe señalar contrapartidas: tal vez las relaciones del profesor Daverio con su mujer hubieran necesitado de mayor desarrollo; se entiende con dificultad el que le hable de sus preocupaciones sentimentales La misma condición autoritaria de ella queda algo diluida. La ruptura del protagonista con su esposa es presentada con excesiva brevedad. Este personaje quizá hubiera precisado de un mayor ahondamiento, lo mismo que el de la amante. No ignoro al decir esto que el relato está construido con una deliberada técnica de concentración en unos cuantos personajes y de dilución de contornos en los otros, según módulos heredados del expresionismo. Aun así, creo que la novela habría salido ganando con una mayor atención a estos puntos. Con todo, no son éstas objeciones que pongan en tela de juicio la consistencia de la novela, su capacidad de integrar niveles de significado y de plantear, en definitiva, problemas culturales é ideológicos de primer orden. Se trata, en última instancia, de una cuestión de dosis. Lo sustancial es que estamos ante una obra muy inteligente, que se lee con fruición, prendido el lector de un ritmo trepidante que nunca se consigue sobre la depauperación de los contenidos. De la sociedad al ser discurre este Jugador invisible, en el que los más jóvenes narradores españoles pueden aprender algo que me parece básico en estos momentos: alejar la tentación del exotismo; formular cuestiones de fondo sin tener que recurrir a marcos culturalistas o intemporales. Puede hablarse de una sociedad, como aquí se habla de la italiana, sin costumbrismos ni localismos, dos lastres ya antiguos de nuestra novela que no se abandonan con cosmopolitismos de provincia, valga la expresión. Miguel GARCÍA- POSADA N EL JUGADOR INVISIBLE Giuseppe Pontiggia Anagrama. Barcelona, 1987. 203 páginas nadamos: nos mantiene a flote durante toda la vida, y al final ella misma nos engulle Por aquí deben entenderse las relaciones que entabla la esposa del profesor, mucho más joven que él, con un antiguo alumno de. éste, que acabarán con el matrimonio: repre- El jugador invisible se apropia, parcialmente al menos, de la estructura de la novela de intriga, cosa que no es: aquí reside uno de sus mayores atractivos. Es evidente que el propósito del narrador no se encuentra en la intriga y apunta mucho más alto. Pero los módulos formales del thriller atrapan enseguida al lector y lo sumergen en una historia que desde el principio está desarrollada en varios niveles de significado. Niveles que la ejecución narrativa hace simultáneos. La síntesis de la trama iluminará lo que acabo de decir: un renombrado profesor universitario, de filología clásica, en la cumbre de su carrera académica, es atacado por un desconocido desde las páginas de una revista de la especialidad. Violentamente conturbado, se convierte en detective a la caza y captura del misterioso enemigo. Las pistas se enmarañan mientras el asunto adquiere nuevas dimensiones: las peripecias sentimentales se interfieren con el móvil desencadenante del relato. Este concluye de manera trágica, con el suicidio de un colega del eminente profesor. El primer nivel de lectura, el más inmediato, es el del thriller su eficacia constructiva y estilística es evidente. Pero se halla claramenté al servicio de un segundo plano, que es el de la crítica de un mundo moralmente degradado: el de la universidad. Las peque- ñas conspiraciones, las zancadillas, las envidias y recelos de esos ambientes se ponen aquí de manifiesto. No parece casual la elección de las humanidades clásicas. Hay pasajes abiertamente críticos, incluso paródicos. Eres como un lago muerto le dice al protagonista su amante, una universitaria. De la pureza originaria del humanismo no queda nada: la burocracia ha ocupado su lugar. En realidad, este mundo reproduce en gran medida los valores del universo en tomo, aunque a veces, ante la saña de las rivalidades, se diría que lo excede: los filólogos se odian... más que los demás... Tal vez exasperados por sus esfuerzos agotadores en obras ajenas comentará uno de ellos. Este segundo plano constituye la plataforma sobre la que se asienta el tercero, bastante más decisivo: la inautenticidad vital de quienes se han dedicado a una cultura que han convertido en letra muerta, simple pasto o carroña de erudición. Lo confirma el hecho de que el mismo ataque anónimo en la revista hable de hipocresía es el agua en que sentan la venganza del impulso vital sofocado por una manera deformante y puramente arqueológica de entender la cultura. De hecho, el personaje más patético de la novela, el profesor Daverio, resulta ser un pobre pelele neurótico y frustrado, al que, más allá de cátedras y erudiciones, lo único que realmente le importa es el amor de una mujer. Tu pasado... también es tu futuro le dice- casi eliotianamente- su amante al protagonista. Esta dialéctica de fondo, entre vida y cultura informa todo el conjunto. Si los personajes se presentan instalados en lo libresco, el narrador sugiere su posición crítica ante este modo específico de la alienación. Tal ocurre con el desenlace de una crisis del protagonista, que había creído morir: Abrió los ojos y vio sus libros detrás de los cristales. Libros sólo; el resto parece no existir. Y no libros cualesquiera, sino los suyos. Por el contrario, el narrador muestra su aquiescencia cuando, como sucede en aígún caso, el vitalismo, aunque más o menos atenuado, termina por imponerse. Pero existe aún un cuarto plano o nivel de significado, en el que la novela pisa ya terrenos decididamente ontologistas o de. reflexión metafísica: es la rebelión de los personajes ante la vejez y la comprobación de que el vivir es intrínsecamente azaroso, casual, como reconoce uno de ellos (página 116) un juego imprevisto y sorprendente en el que alguien juega siempre con nosotros. De ahí, creo, la importancia que el ajedrez cobra en la trama: es el juego de las posibilidades ilimitadas