Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
14 ABC OPINIÓN Panorama Planetario SÁBADO 1- 8- 87 LOS VIEJOS NUEVOS EMPRESARIOS MI DESCANSO, EL... E RA catedrático en la Universidad de Barcelona y profesaba la disciplina de Historia. Jubilado, no tiene un duro porque se ha dedicado, siempre, sólo, a la docencia. Casado, sin hijos, católico practicante, sigue con optimismo, pero es realista. -Calculo que con lo que cobro por jubilación puedo aguantar un par de años; sé que cada día estará mas desfasado mi retiro. La actualización de pensiones es pura trampa y a final de cada mes, el dinero que percibo está más alejado del coste de la vida. Espero que antes de dos años fallezca mi esposa e inmediatamente yo. Y punto final. ¿Y por qué tu esposa debe morir primero? -Lo tengo muy claro; en los dos años que puedo resistir, aumentan cada mes las dificultades, pero si fallezco antes yo, a mi esposa la reducirán la pensión. Ya me dirás. Quiero sobreviviría sólo unos meses para que no pase más privaciones, hasta que de nuevo nos reencontremos. Me dejó impresionado el sereno razonamiento del antiguo catedrático de Historia. Ignoro el importe de su retiro, mas, realmente, cualquier pensión se devalúa mes a mes. Los jubilados no pueden mantener ni la esperanza de encontrar un empleo Es un tema acuciante, sin indicios de solución, problema que se agrava en los casos de matrimonio sin descendencia. El aumento de residencias de la tercera edad es útil, pero triste. No se puede improvisar una nueva familia a los 70 años. ¡Ah! y compárese los precios año tras año: ¿aumentan, tos pupilajes en residencias de fa tercera edad al mismo ritmo que aumentan las pensiones por jubilación? El porvenir es de los jóvenes, evidentemente, y resulta hermoso ver como las organizaciones empresariales apoyan iniciativas para que surjan nuevos empresarios, se formen nuevos empresarios, aprendan a ser empresarios. Pero, ¿qué hacembs con los viejos? ¿qué hacemos con los jubilados? Desde las checas, a las fosas de Katyn y al campo de Mauthausen, ya se conocen procedimientos para resolver el problema de los viejos. Pero algunos de los sistemas conocidos duelen. Si es cierto que, en algunos casos, biológicamente, se produce un cierto retorno a la juventud, aun sin pasar por los tratamientos drásticos de la doctora Asland, quizá habrá que pensar que algunos viejos y jubilados puedan reintegrarse a la sociedad, incluso con la exclusiva finalidad de restablecer unos presupuestos domésticos que permitan subsanar las diferencias de las pensiones con la realidad. Bien está que surjan iniciativas tan modélicas como la de impulsar jóvenes empresarios pero, ¿por qué no fomentar los empresarios pensionistas Muchos, muchos de los jubilados, están en condiciones de rendir un servicio a la sociedad, no de mensajeros con motocicleta propia, pero sí en otros renglones: jardinería, conferencias, consejos para la tercera edad, control publicitario de programas de radio y televisión... No se les debe abandonar. Manuel TARÍN- IGLESIAS N O se puede conocer de veras aquello cuyo nombre se desconoce. Incluso no es posible amarlo. Es cierto. Se trata de una idea clásica, antigua. ¿Es posible para el hombre de hoy, el español de hoy, conocer realmente aquello cuyo nombre conoce? Se habla mucho de semántica. Pero los signos lingüisticos reducidos a simples convenciones nos traicionan. No es posible entender lo que significa ajuste fino puesto en circulación por un ministro bioquímico, ni qué quieren decir, o que entendamos, vocablos como presunto, comando, Estado español, recastados por el terrorismo, o, para no decir más, parado que no será de aplicación a quien trabaje. un día al trimestre. Todo esto se dice cuando la refriega semántica nos alborota, nos confunde; cuando algún obispo no distingue nominalmente el asesino del guardia, y se propaga la especie de que el tiro en la nuca de los unos es ún acto heroico y el de los otros, si se produce, cosa del juzgado de guardia. Cuando el nombre ya no está unido a la sustancia, ya no aspira a ser la cosa que nombra, sino la apariencia que unos, maquiavélicos, sugieren y otros, bobalicones, aceptan y ponen en curso legal desde los discursos a la Prensa y los electrónicos. Filosófico estás Es que no descanso. Comer, va uno comiendo, como Rocinante, que por ser monstruo, es decir hijo de hombre y no de yegua, metafísico estaba en esNo entendemos nada. Conocemos nomtos casos. Descansar para cualquiera en esbres, pero no realidades. Y sin embargo Juan tos tiempos es cerrar los oídos a los nombres Ramón, en la primera década del siglo, pedia: Jntelijencia, dame el nombre exacto... que ya no corresponden con las viejas cosas de las cosas Que mi palabra sea la cosa sino con otras, no darle vueltas si lo que le misma ¿Es eso posible en nuestros días? han sajado, cómo él dice, al alcalde de la villa, es un quiste de la barriga, una hernia umLos nominalistas, ni realistas, ni idealistas, bilical, o una indigestión de chiringuitos y renegaban existencia objetiva a los predicados güeldo de discriminaciones. universales. Los franceses, de siempre muy Descansar, y es lo que voy a hacer yo, con lógicos y muy prácticos, dicen que le nom benévolo permiso de Anson, mi ilustre direcne fait pas la chose concepto más abstracto y más preciso que nuestro proverbial el há- tor, es olvidarse por unas semanas de la Prensa y arrelladito en el sillón, con la persiabito no hace al fraile Yo he visto a jóvenes na baja, emprender la segunda vuelta- años campesinos gallegos convertirse en héroes, amortizando a la memoria- a Chase, Thomen temerarios soldados, tan sólo porque al movilizarlos les habían dado el uniforme de la pson, Mariolle, Hammet, Highsmith, maestros de la Serie noir Fleuve noir y otras neLegión. gruras abundantes en argot, que es mi delei ¿Son legionarios quienes visten el uniforte. Anoche empecé Le chien jaune leída me, frailes quienes se vuelven en el pardo hace medio siglo. En la tercera página caía sayal? Acabarán por serlo. Pascal, agudaherido monsieur Mostanguen, Gracias, querimente, afirmaba que lo primero es tomar do Stmenón. agua bendita La creencia vendrá por añadidura. Lorenzo LÓPEZ SANCHO Mirador UNEA N O voy a contar una historia de extraterrestres, esos seres anónimos, desconocidos, que tal vez nos observen desde algún rincón de la tierra, o desde nuestro país, o incluso quién sabe si desde nuestra propia casa, ante nuestras mismas narices. Pero pienso que podría resultar curioso observar la vida de los humanos detrás de un cristal aséptico, preservador, sin llegar a contaminarse de sus ilusiones y frustraciones, sus pequeños, a veces minúsculos problemas. Enfocar con alguna lupa potente a una muchachita cualquiera de nuestra raza, tal vez a una mujer entrada en años, a un mozo en sazón o a algún hombre ya maduro, acaso provecto. Llega el verano, el sol inunda nuestros hogares, desaparecen los abrigos, los embozos, y por doquier se anuncian trajes de baño, bebidas refrescantes y productos maravillosos para perder peso sin pasar hambre. Ahí está, maravilla de las maravillas, ser bello sin padecer. ¿Y qué es ser bello para un extraterrestre, cuyo código de la hermosura vete a saber en qué escondidos parámetros se cifra? No sé si un extraterrestre ten- drá la facultad de reírse a mandíbula batiente, pero si de algún modo puede hacerlo, tal vez ahora sea la ocasión propicia. El hombre será a sus ojos un ser evolucionado a partir de algún ser microscópico. De pronto, hacia el final de la cadena evolutiva, quiere ser hermoso. Y la belleza no radica ya en tener una práctica cola- abanico para espantar insectos o agarrarse de los árboles, sino en lucir una esbelta, demacrada figura. Ahí tenemos a la jovencita contoneándose en la discoteca, con falda corta, piernas torneadas y algún cóctel para infundirse ánimos, o cimbreando su cintura estrechísima, sus pechitos firmes en la playa. Y el muchachito suda en el gimnasio, posando ante el espejo, lleno de bultos abrillantadóSi y al llegar a casa sigue una dieta demasiado estricta para su poca edad: Y la señora gorda, la que se pirra por los dulces, toma el café con sacarina tras una comida opípara. Y el extraterrestre se ríe, buscando al mísero protozoo marino del que procedemos todos, allá en el límite de la cadena evolutiva. Pau FANER