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MTES de hablar de Rortn a n l c hniy qUL dtrcir. para que nn w n l v i d c que Don Ü u i p K de la NUnch rc enlrc olraá cosas o en úTiimo término, UÍIJI nnveta de caballerías en lu que viven y se r í f l e p n los grandes i d c a l o dé nijuel mundo medieval de los cübaJlernth dodaníes. l o i escuderos y íos y que todavía cuando Cervantes esl ¿cwrnbicndo su obra, allá en Aniértca al oiro lado del mar Vcitlo tcomo se conociii durante siglos al ocÉano A l l n n i i c o j IDS hidakos españoles siguen TCÜUzando la aventura qui oiesca mas gfiíndc que conocieron lo hombres. Poique ello es tunUamcnlal para centrar v coniprendcr La importancia de i R o d n a n Ic- en la famosa novela, -Dtcí mos en el capiiulo anterior que Rocinantr apait cc mc l u w anie quA Sancho V nia que él es el gran te- síipo di? ta- armadura de caballero del peTM naje. Pcio ¡ihora, va. v j m o s j decir de la mano del propio Cervantes írepasar el capítulo I I I de la g u n d a parte) que Rocinanl fue desde el pnmer momento un símtiolo, -Eí no- -respondió el bachiller S a n s ó n- porque es tan clara que rjo hay cosa que dificuhar en ella (se refiere a la novela) los nirms la manosean, lo mozo La leen, los hombres La eriiiemlen y los viejos la celebran; y, finalmente, es lan trillada v leída v t a n sabida de t o d o g é n e r o de gente, que apenas han vis o a l n rocín f l a t o cuando dicen: -A h í va RKJnanle) RoeínanlE es. por endma ée l o d o el símbolo del- caballo desconocido de esos miles v millones de animales sin nombre que hicieron posible la supervivencia del hombre, el avance dp la humanidad, el Iriunío o el retroceso de las Civilizaciones, la rupiurji 1 c Las fronteras, desde la servidumbre leal, el csfuer 7o cotidiano, la entresa hasta el agotamiento y el callado sufrimiento. R o c i n a n t e no es el caballo bieri c o m i d o bien cuidado y ejemplar capaz de engendiar apuras sangre- sino el que tenía más euaitos que un real- y más huesos a la vi ia que un esqueleto de no probar la cebada. Y- sin embargo, ahí esiü. presenté en toda la obra y con tanta o más fuerza que los personajes humanos. Porque ¿cómo habría didít embestir Don Quijote a i molinos de viento sin ir moñu d o en Rocmanle Y en diciendo esto, v encomendaiido e de todo coraiíin a su señora Dulanea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, eon la lanía en el ristre, arremeüri a lodo galope i k- RíKinanlc y embistió contra el prjrnei molmu que estaba delante. ¿Y eomo se habría podido celebrar la estupenda bafallji- que el gallardo vizcaíno y el valiente A ROCINANTE EL CABALLO DE DON QUIJOTE (36) manchevo sostuvieron en e camino de r u c r t o Lapice, aqué sobre una m u b de Las malas dír alquiler y tste sobre el flaco Curiosa es La escena que describe el autor en el capitulo X V donde se cuerna -la desgraciada aventura que se topo Don Quijote en topar con unos desalmados yangjüesesv. porque en ella aparece un Rodnanle incdíín: N o se había curado Sancho de echar sueltas a- Rueinanto- e s cribe Ccrvanleti- seijuro de que le conocía por tan manso y tan poco rijoso, uue todas las yeguas de ta dehesd de Cordübd no e h i cieran tomar mal siniestro, Orde- C no, pues, ta suerte, y el Oiablo- q u e no todas veces d u e r m e- que andaban por aquel alk- M ciendo una manada de hacas galicianas de unos arrieros yany; úeses, de los cuales es costumbre seslejr con su recua en lujiares y litios de yerba v a! i; ua. y aquel donde acertó a hallarse Don O u i oic era muv a propósito de los yangüeses. W e t l i o pues, que a Rocinanici le vmo en deseo de refocilarse con la. s señoras hacas, y saliendo, así como las olío. de su natural aso v costumbre, sin pedir licpncia a su dueño, tomó un trotico aljio picadillo y fue a c o m u n i c a r su necesidad con ellas, que. Ü lo que pareció, debían de tener más ganas de patcr que de recibiéronle t o n las herradtiras y con los dientes, de I H I muñera, que a p o m espacio se le rompieron las cmchas, v quedi in silla, en pelotd. Pero lo que él d e b i ó máN de s e n t i r fue q u e viendo los rrieri l j fuerza que a sus yeguas se les h a t ú acudieron con estacan, v tantos palos te dieron que le derribaron mal parado en el sijclo. ¿V no Vive D o n O u i n t e el manieo de Snncho en La venta a lomos de HwinAnle Probó a su bu desde el caballo a Las bardas: y asi, desde encima del caballo, cómen ó a decir tantos denuestos y baldones a los que a Sancho manteaban, que no es posible acertar a escnbirlos, Otras vetes Cervantes se burla injustamente del pobre y flaco animal. cHn estos coloquios y otros semejantes- escribe en el capítulo X- -pasüron la noche amo v mozo; mas viendo Sancho t ue á más andar se venia la mañana, con mucho tienti desligó a Rocin a n t e V üe ató los c a l z o n e s Como Rocinante se vio lihre, aunque el de suyo no era nada b n o v j parece que se resjntii y comenzó a dar manotadas, p o i que jíveta -a i n perdón s ü no las sabini hacer- E mclusu piensa en camhuirle por otro, como dice Don Quijote cuando la aventura de los dos ejércitos í t l de las ovejas v Jos carneros) -L o que puedes fijicer del- se refiere al asno de Sanchoes deiarJe a sus aventuras, ora se picrdü o no: porque serán tantos los caballos que tendremos después que salganios vencedorea. que aun corre peligro IR KÍnanle no le trueque por o t r o Sin embargo, hav un momento muy bello entre caballero y caballo; es aquel del capitulo X L i X en que ai verse libre Don Uuijole Le dice a- ¡Rucinanle -A u n espero en Dios y en su bendita Mydre. flor v espejo e tos cab; illos, que prestó nos hemos de ver los dos cual deseamos; tú. con tu señor a cuestas; v yo. encima de t i e j e r c i t a n d o el o f i c i o para que Dios me echo al mundorEn f i n así podríamos seguir cien páginas mas si no luese por la limitación del espacio y la prcsenaa de los otros caballos famosos q u e e s p e r a n Baste d e c i r como colofón que RiKinaote eitá presente hasta el final de la histona. cuando va se muere el bueno de A l o n s o O u i j a n o en contra de la voluntad del hel escudero; -j A v f- r e s p o n d i ó Sancho, l l o r a n d o- N o se muera vucsa merded, señor mío. sino tome mi consejo, y viva muchos años; porque la ma or locura que puede hacer un hombre en esta n d j es deiarst morir, sm más m mas, sm que n ¡idie le mate, ni otra i manos le acaben que las de la melancoha- -Julio MERINO S 7 Pnluiíihi CíjHtulo: -C L A V I L E Ñ O- EL MF- TOt D f PEGASO