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AL LORO HUMOR Historias del más acá LAS GUERRAS ÚTILES E L hombre es un anim: il racional, pero sobre t o d o un a n i m a l- E s agresivo y despiadado v si su agresión no se consume por los izaucc constitucionales pueden producirá gravísimas Juchas jndiwduaks y colectivas. Hasta aquí, supongo, esíán usledís de acuerdo, A pamr de ahora pero que tamhi n. Es, pues, con enientc dirigir e a af iesividad Latente del hombrí hada fines nobleSr LJI guena. por ejemplo, que tantos admiradores y apologistas tiene. MilJones de ciudadanos no pueden vivir sin ironipeieos, desfiles, gritos patrióticos, ondear de bandera y otroí acltjs semcjanies que enardecen y tranquilizan sus belicosos instintos. Bsos millones de ciudadanos no pertenecen a la misma nadiín. sino a todas ellas y por esa tonta fartSn. en cualquier descuido, los pueblos se arrojan unos sobre los OITOÍI para degollarse con fines altamente cívicos, E í decir- con los fines llamados patrióticos. Hasla aquí, supongo, seguirán csl a n d o de acuerdo- Esto que digo dencia. Se Irala pues de hacer guerras, innumerables guerras, pero guerras imposibles. Guerras en las que se obtengan iiclorias que cantar en la televisión, en las que asciendan sus gloriosos conductores, en l.i s que el pueblo sienta vibmr sus tripas con la noble gesintcion del amor a la patria, pero guerras que no causen bajas y. sobre Iodo, que cuesten poco dinero. Por eso propi npo que se declaren guerras a países lejnnos, casi inromunicaJos con nosotros. España podría, por ejemplo, declarar la guerra Nueva Zelanda. Jamíis sus ejóraios ni sus iirmadas se eneoníranan, ro la Prenda nos informarla quí, en España, a nueslros patriotas: allin en Nue -a b l a n da. 3 ios suyos) de la valenlia, la abnegacii n- el valor en los suífimientos. la generosidad en las vicio rías de nuestras tiopa í. A los tres aiios, agobiados de heroísmos y grande as. ha ríatnos ías nace jQuc maravillosos desfiles se celehranan para conmeniorar la honra de nuestra Patria, la valenlia de sus soldados! Tras tres años de paz tendríamos una nueva guerra. A Laponia. por ejemplo. -A -1- -1- K Tratado de Las Buenas Maneras Lección 13 EL MENIQUE EN EL CAFE S Esta es una idea oue propongo a las Naciones Unidas. TurSuia podría g u e r r e a r Ci nlrj irmania; Hungria conlru Gabón; Finlandia contra Ecuador, Y así sucesivamente. Todo, menos ijuc los rusos y los americanos caigan en la tentación de imitarnos. Eso sería el fin del mundo. Hasta aquí, supongo, ustedes h a b r á n s e g u i d o e s t a n d o de acuerdo. Gracin s, ACARSE un moco de las nances delante de la gent e es u n a o r d i n a r i e z También lo es sacárselo a solas. SI bien a esto último no jwdríamoi c n í r e n r a r n o s infleüiblcmenle sin caer en la mus sospechosa hipocresía. Como decía el joven pioela belga R k Van de Loonen en su hermoso V casi desconocido poema nEn cuclillas tras el seto- un mocü ES un moco, y quien no se lo si, SLiila, Vsen vuelve olocO Esompu- s ik a de L o n e n ¡a ú efectuaba la operación en blico: lo hacía siguiendo las Siibidunas de su inmortal composición, en cuelillas y Iras los set o s Y si n o h a b í a s e t o s escondido detrás de las cortinas, que es donde mejor y más cómodamente se quitan. Pero hay movimientos más ordinarios que cosechar mocos de las narices y que sorprendentemente se Llevan a cabo en sociedad sin rubor alguno en sus practicanics asiduos. Uno de ellos, quizá el más significativo, es escayolar el dedo meñique de la mano que eleva la laza de caftí. Los hay que para intentar mostrarse finos disparan de tal manera su meñique que bien podrían aprovechar la coyuntura cálida de un breve sorbo- -nunca sorbido- pard peinarse las cejas. Estirar el dedo menique de la mano que sujeta la laza de csíú- siempre a derecha- -es Síntoma indiscutible de distinción ficticia. La persona que hace tal cosa llama irremediablemente a los almohadones coiines a los pilíLlos cigarrillos a los niños chavales y a la zona que com- CHUMY CHUMEZ prende del esternón a las industrias con ombhgo en el medio, vientre Me duele mucho el vientre- dijo en cierta ocasión doña Bomuolda López Pespunte de Pericot en el transcurso de la última fiesta a la que fue invitada a pesar de ser la legitima espc) sa de don Ernesto de Pericol y Puíg Fcliú el rey cíe os grifos pavonados- Una persona a la que le duele el vientre en lugar de dolerle la tripa o el estómago, lo menos que da es muchísimo asco- Y lo dijo, obvio es, al tiempo que bebía su café disparando de manera ostenlosa el dedo meiíique a hn de resultar acoslumbradamenle ñna. Cuando el conde Rudolf Von Der Blaucn Donau pretendió, en p l e n o i m p e r i o a u s t r o húngaro, mutilar los dedos meniques de lodos los súbdilos que no fueran nobles o pianistas, eiagerc quizá un poco. Las c o s a s por i m p o r t a n t e s que sean, nü hay que tomárselas tan a la tremenda. Pero hemos de reconocer, superando la posible brutalidad de la acertada medida, i uc ha sido hasta la fecha la única persona que se ha mostrado decidida a terminar con la costumbre. Hoy los restos mortales del conde Rudolf Von Der Blauen Donau yacen bajo un abeto en los jardines de Belvedere, sin mas flores ijue las que el viento, distraída c inv ni un la na mente, lleva hasía su lápida. Rindamos nuestro homenaje de recuerdo a la memoria de tan gran hombre. ÍPníj Tj (2. ri CJE. LnEíii Alfonso USSIA 22