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82 A B C ESPECTÁCULOS El cine en el mundo DOMINGO 26- 7- 87 Valerie Perrine cambia de traje El nuevo agente 007- Dalton Atención, bandidos Claude Lelouche ataca de nuevo con Una casa en Roma no entusiasmó a los suecos Roma. Alejandro Pistóles! A pesar de los dos aparatosos incendios que en el espacio de siete días sufrieron los estudios de Cineccitá y el Centro Experimental de Cinematografía, se está viviendo una temporada de gran actividad en los platos del Hollywood del Tíber como se llamaban a estos estudios en los tiempos de La dolce vita y Ben- Hur. El rodaje de Una casa en Roma llama la atención más que ningún otro, por figurar en el reparto la siempre hermosa Valerie Perrine, que tiene a sus espaldas los éxitos de su lejana época de sex- symbol cuando aparecía con unas faldas de vértigo junto a Supermán o de Lenny. Confiesa Valerie haber llegado a los cuarenta y un años sin complejos de anciana ni podría tenerlos con esas espléndidas piernas de ex bailarina de Las Vegas, que cruza con desenvoltura al contar el argumento de la película. Es la historia de una mujer de cuarenta años, Julie, que echa de su casa al marido, un arquitecto italiano llamado Fabrizio, porque la engaña. En colaboración con su propia hija, monta una agencia- pensión para ayudar a mujeres separadas que no saben dónde alojarse y que así acaban teniendo Uña casa en Roma Una serie de malentendidos, de ocurrencias divertidas, de situaciones que oscilan entre la amargura y la ironía, le dan mucho brío al argumento. No falta siquiera el alto prelado que está dispuesto a darle un buen trabajo en el Vaticano al marido a condición de que éste demuestre que su vida familiar es normal e irreprensible. Julie se presta a la comedia, para que la inspección del prelado resulte plenamente favorable a los deseos del marido, pero luego le pasa a Fabrizio la factura por ese trabajo imprevisto y extraordinario Estocolmo. Carmen Villar Mir La nueva película de James Bond, The living daylight, que en sueco ha recibido el título de Misión peligrosa, fue estrenada hace unos días en cincuenta y nueve pantallas de manera simultánea. La expectación antes del día del estreno fue muy grande y más de ciento sesenta mil personas visitaron durante el fin de semana las salas cinematográficas para admirar la nueva superproducción ame ricaria. La crítica, por su parte, ha sido unánime: Timothy Dalton no es un Bond aceptable. El Svenska Dagbladet diario de la capital, comenta que Dalton es un tipo triste y sin humor Que el malo, el general de la KGB Koskow, es manso como una hermana de la caridad que Miss Moneypenny es una chica mona pero perfectamente anónima y que la chelistá checa (una copia rubia de Nastassja Kinsky) está lo más lejos posible de las fabulosas bellezas a las que nos habíamos acostumbrado con las anteriores películas sobre el agente 007 También el público echa de menos la elegancia sofisticada de Sean Connery actor, que, probablemente, personificaba al agente 007 tal y como Fleming lo había imaginado en sus libros. Connery era muy bueno. Moore, pasable. Le salvaba la actitud irónicay su distancia al personaje. El shakesperiano Dalton resulta insoportable escribe el Expressen siempre tajante y extremo en sus apreciaciones. Un hombre sosísimo exclama el Aftonbladet -y para colmo, es monógamo agrega, haciendo notar la falta de las escenas de amor, del cava y de las sábanas de seda brillante. París. Juan Pedro Quiñonero Claude Lelouche ataca de nuevo, infatigable: Attention, bandits (Atención, bandidos) con Jean Yanne, Marie- Sophie Lo, Patrick Bruel, es un thriller romántico, género histórico, si los hay, con todos los ingredientes más amenazantes manejados por el más popular y controvertido de los directores franceses. Lelouche utiliza todos los elementos más francamente clásicos: un padre, malo pero bueno, gángster pero heroico; una hija (la propia esposa de Lelouche) educada en un colegio para hijas de buena familia, en Suiza; y un joven gángster con un corazón generoso y simpático. Evidentemente: los gángster están llamados a entregarse a un ajuste de cuentas en la gran tradición del género, obedeciendo a la ley de la jungla del gran bandidaje de corazón generoso y ética heroica. Evidentemente: la niña- hija inocente, pura, bella y maravillosa no dejará de enfrentarse a un padre tan digno como condenado a su propia venganza, enamorándose (cómo no) del joven y no menos sublime gángster de nuevo cuño... Con muchos menos elementos de gloria, John Huston filmó el Halcón maltes. La jungla de asfalto parte de elementos fílmicos más modestos. Lelouche no es ni Huston. Helas comble de malheurs Lelouche suele provocar una profunda hurticaria en los espectadores que no le somos adictos. Los Lelouché- adictos, por el contrario, podrán llorar a lágrima viva y salir emocionados y contritos tras interminables duelos de pasiones. Lelouche amenaza con nuevas películas auténticas como la vida misma Horror. Así y todo, las entradas están casi agotadas y es difícil conseguir una. Y eso en días magníficos, con un sol de verano y una temperatura ideal de veinticinco grados a la sombra. Dos horas y diez minutos dura la versión sueca, lo que tal vez es demasiado. El argumento, de carácter totalmente realista, refleja algo de la situación internacional actual, pero Nueva York. J. M. Carrascal está falto, en su verosimilitud, de aventuras Ver a Jack Nicholson interpretar cualquier extranaturales y de los percances graciosos o papel es siempre una gozada. Pero verle insatíricos que tanto complacían al público. El terpretar el de diablo es casi el summum de director John Glen ha dado demasiada imporlo que puede esperarse en escena o en pan- tancia a la acción y ha complicado la trama talla. Que es lo que ocurre exactamente en dé manera innecesaria. Las dos horas de esLas brujas de Eastwíck, hace poco estrenada. cenas rápidas, potenciosas, culminan en un Cómica, trágica, lujosa, lujuriante, imaginati- final que sí es muy bueno. Los personajes, va, espectacular y cuantas más cosas quie- tienen razón los críticos, resultan indiferentes, ran añadirle, pues estamos ante una de esas y a lo largo de la proyección es difícil compelículas que convierten el cine en espec- prender quién vendía droga y porqué. Timottáculo total, aunque escapa también de con- hy Dalton, pensador y romántico, no es un centrarse en un detalle mínimo y convertirlo agente- con- derecho- a- matar que convence. en apoteosis. Toma el papel, y se toma a sí mismo, demasiado en serio. Timothy (llamarme Tim, dijo al Basada en la novela de Updike con el mis- llegar a Estocolmo) es, nadie lo duda, un mo nombre, narra la saga de tres amas de buen actor de la Real Compañía de Shakescasa que, por puro aburrimiento, se dedican peare. Resulta un ejemplo más de que algua la brujería y terminan echando un pulso con nos actores con talento y carisma en una esun demonio que, a la postre, resulta un pobre cena de teatro no sirven para el celuloide. diablo. Todo con un lujo de medios y un derroche de fantasía que mantiene en vilo al esCuando dice la famosa frase de: Mi nompectador de principio a fin. Tal vez en algubre es Bond. James Bond se espera que nos pasajes al director se le vaya la mano. con su magnífico acento inglés diga más Pero, en un tour de forcé como éste, todo bien: Mi nombre es Hamlet. Príncipe de se perdona. Hamlet he ahí el dilema. La brujería como hobby y un pobre diablo llamado Nicholson La sinfonía del cine mudo recuerda el Berlín de los veinte Bonn. Carlos Bribián Sesenta años después, el cine mudo acaba de cosechar en Berlín occidental un notable éxito de público: nada menos que diez mil personas se han dado cita en el auditorio al aire libre Waldbuehne (escenario del bosque) para asistir a la proyección del viejo filme Berlín, sinfonía de una gran ciudad. La película fue rodada en eí año 1927 bajo la dirección de Walter Ruttmann. Su tema, no hay argumento alguno, es sencillamente el discurrir dé la vida en Berlín durante las veinticuatro horas de un día, en aquellos tiempos en los que la ciudad era solamente una y la capital del Reich, además. La reposición se debe a la reciente recuperación de la película, cuyo original fue extraviado en el desastre de la segunda guerra mundial, en unos archivos y por pura casualidad. Berlín, sinfonía de una gran ciudad, tiene una duración de setenta minutos. Sus escenas, en perfecta hilvanación, muestran la madrugada de los trasnochadores de aquella época, obreros de la construcción afanados en su quehacer, trabajadores y empleados en sus pausas del yantar del mediodía.