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ABC, pág. 52 TRIBUNA ABIERTA JUEVES 23- 7- 87 UANDO un pintor copia a otro puede hacerlo por tres razones: Para obtener una reproducción lo más fiel posible por un encargo o para venderla y ganar algún dinero, como es el caso de tantos modestos copistas. Puede copiar también para aprender, como han hecho y siguen haciendo los alumnos de las escuelas de Bellas Artes y algún día quizá ellos lleguen a superar lo copiado. Pero es posible que, a veces, se copie con un secreto e inconfesado impulso de corrección y de superación. Nada nos asegura que éste no fuera el oculto designio de Pedro Pablo Rubens, cuando ya con cincuenta y un años en su segundo viaje a España en 1628, reprodujo por encargo de la corte, algunas de las obras maestras que del gran veneciano, había en la colección real. Rubens fue siempre un gran admirador de Tiziano. Había nacido un año después de morir éste, de suerte que nunca le conoció. Pero pudo admirar y estudiar, sobre todo en Madrid, sus obras largamente. Las influencias de Vecellio en Pedro Pablo, son indudables. Y sin embargo, este último en sus copias: ¿Diríamos que traiciona al maestro? Por lo menos, no le es enteramente fiel. Hemos podido ver en Madrid seis cuadros de Rubens que son copias o réplicas de Tiziano, de tres de ellos podemos ver el original y de uno más, sabemos dónde está, se ha exhibido una fotografía, pero no han querido prestarlo. Viendo los cuadros del veneciano, con la copia del flamenco al lado, nos damos cuenta de que este último introduce cambios a veces muy notables. Seguramente un experto verá muchas más diferencias que las que yo he visto, pero ahí van, lector, unas cuantas ingenuas observaciones de un aficionado. c RUBENS: ¿COPIA A TIZIANO? Dos exposiciones simultáneas nos han permitidover copias del veneciano hechas por el de Amberes. Una de ellas, la verdaderamente hecha con gran acierto, para este fin en el Prado. La otra fue la exposición de obras maestras de la Casa de Alba, donde se mostraron dos Rubens, copias de Tiziano, aunque los originales hayan desaparecido, o al menos no estén allí presentes. Y vistas las dos, despaciosamente, no me resisto a escribir este comentario. En el Prado hay en total cuatro copias y tres originales; el cuarto, el Rapto de Europa -actualmente en una colección de Boston- no ha podido venir porque las normas de aquel museo no permiten la salida de cuadros. Y es de lamentar que sólo se haya mostrado una fotografía en blanco y negro, cuando quizá no hubiera sido demasiado difícil poner una buena lámina en color. De una u otra forma, los cuatro cuadros pueden compararse dos a dos y su observación sugiere muchos comentarios. El Rapto de Europa es el más difícil de comparar por la falta del original tizianesco, pero tengo la impresión, la impresión nada más, de que es aquél en el que Rubens ha puesto menos de su cosecha. Como los otros que figuraban en la muestra, este cuadro fue copiado hacia 1628 en el viejo palacio de Madrid. Velázquez nos da puntual noticia de ello. El Rubens, que pertenece al Prado, no puede negar la personalidad de su autor. Era mucho Rubens para limitarse a copiar fielmente, aunque fuera al mismísimo Tiziano. El toro, más que un animal potente y mítico, es del Rubens hay una cosa importantísima: ha aparecido un loro, hasta entonces inexisPor José BOTELLA LLUSIA tente. Este loro esmuy importante, señores. un gordo semental de raza fhsona. El angeli- Con sus vivos colores parece un toque de llo, rollizo y juguetón, es el Menneken pis trompeta que nos diga: El barroco está aquí. En la otra exposición, en la de Alba, en la Pero sobre todo el celaje. Siempre las nubes son diferentes en los Rubens que en los Ti- calle de Serrano, pudimos admirar dos Ruzianos. Las nubes, se ha dicho, es lo que- bens, los dos copia dé Tiziano. Uno de ellos, Carlos I con la Emperatriz Isabel más refleja las reconditeces del detrás de una mesa y un reloj, alma de un pintor. igual que uno que todavía queda En la Bacanal de los Anen Yuste, probablemente el misdrios o bacanal a secas, se mo. El original se perdió en el marca ya una mayor diferencia. gran incendio del Alcázar de MaNo sólo el cielo es distinto, tamdrid, en la noche de Navidad de bién lo son el paisaje y sobre 1735. El otro, un retrato del gran todo la luz. Pero ante todo conduque de Alba, todavía joven y templemos a la mujer desnuda con la barba negra, puede comdel primer plano. En el veneciapararse con la obra de Tiziano, no es una venus clásica, en la lípero como es un hombre ya munea de las afroditas griegas. Es cho más viejo, con la barba cauna de las más bellas expresionosa, es muy difícil hacer una nes que yo recuerde del desnucomparación. No se trata de una do femenino. Es un desnudo tan copia, sino de dos retratos distinclásico, que resulta casto. En tos muy separados en el tiempo. cambio, la bacante dormida del Esta exposición comparativa flamenco es una hermosa rubia José Botella ha servido para mostrarnos rubeniana, gorda y oronda, conCatedrático cómo nace el barroco. Rubens gestionada y dormida tras una buena juerga. Y sin embargo, si medimos, las era, y lo expresó así muchas veces a lo largo dimensiones y los cánones son idénticos. Pa- de su vida, un gran admirador del Tiziano. Es más, sin éste no puede comprenderse a rece como si esta mujer desnuda, le hubiera salido así a Rubens sin poderlo evitar. Por aquél. Cuando vino a Madrid y recibió el enfin, en Tiziano hay un Baco dormido en el cargo de copiar los lienzos de la corona, no sólo cumplió una misión magníficamente retrifondo y en cambio en Pedro Pablo, un pasbuida, sino que realizó- é l mismo nos lo torcillo con unas ovejas y tocando un caramillo. Aquí el barroco parecería el primero y el cuenta- uno de sus más recónditos deseos que ya albergaba desde su primer viaje a Esclásico, el segundo. Contrastes. paña un cuarto de siglo antes: admirar, ver y En la Ofrenda a la Diosa de los Amores estudiar la colección de Tizianos del Rey de la diferencia está también en el cielo y en la España. Sin embargo, empapándose en la luz, pero está sobre todo en el paisaje. Uno belleza de los originales, gozándose día a día es un paisaje italiano, el otro es un paisaje en ella, conforme avanzaba la obra, iba poflamenco que recuerda a un Ruysdael. Las fi- niendo- porque no lo podía remediar, ya que guras de los amorcillos, tan iguales, sin em- su temperamento era demasiado fuerte para bargo, unas a otras, tienen en Rubens el se- poder soterrarlo- todo cuanto llevaba dentro, llo inconfundible del autor. La estatua de Ve- que era mucho. Tiziano era en la época que nus en la copia no se puede librar de ser una pintó estos cuadros un anciano sereno. Rude las Tres Gracias con sus opulentas ca- bens era un flamenco jocundo, que cuando deras. Y a su vera aparece un delfín. Este pintaba una venus no podía olvidarse de su delfín es muy importante, nos dice muchas dulce y opulenta Elena, y que cuando reprecosas. Por fin- no ha podido evitarlo- Ru- sentaba a un fauno copiaba al viejo courreur bens en una esquina nos ha retratado a Ele- a filies de una kermesse. na Fourment. Pero hay, sobre todo, un papagayo y un Y pasemos ahora al Adán y Eva que delfín que aparecen, no ya interpretados, sino por suerte para los madrileños y para nues- creados de nuevo. ¿Y qué quieren decir estros turistas están los dos, original y copia, en tos animales tan distintos? Significan lo nueel Prado, y allí siempre se pueden admirar. vo, lo exótico. Lo que nos traen los marineros Su contraste, ya Je llamó la atención a Euge- de puertos lejanos, allí al pie de nuestra casa nio d Ors. Tanto él como ella, son en Rubens de Amberes. Y éste es el germen del barroco menos clásicos, menos estatua griega que que ahora nace. La serenidad clásica se esen Tiziano. Con medidas casi iguales- u n tremece con la expansión del mundo. Los traje del Adán del Tiziano le serviría al de Ru- frontones de las fachadas y de los retablos, bens sin sacar ni meter- las figuras flamen- se parten y se curvan. Las columnas se recas parecen más gordas. Tienen una morbo- tuercen, la pintura adquiere una secreta pasidad, un pathos que las otras no poseen. sión. Porque esta, a veces imperceptible, vaLa mano de Adán que toca suavemente a riante que Rubens introduce en sus copias, Eva en el veneciano, lo hace de una manera da fe de que el mundo ha cambiado y ya no inocente, casta. La mano del Adán de Ru- volverá a ser nunca lo que fue. bens tiene en ella toda la fuerza del pecado original. Los mismos cuerpos parecen de diEn el título de estas modestas líneas, yo ferente sustancia. Los de Vecellio si hubiera ponía en duda que Rubens hubiera copiado a que esculpirlos habría que hacerlo en már- Tiziano. Creo que no, que no lo copió, simmol, los otros tendrían que tallarse en made- plemente se valió de él para enviamos un ra o fundirse en bronce. Pero a la izquierda nuevo mensaje.