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50 A B C ESPAÑA EN VACACIONES Crónicas del verano JUEVES 23- 7- 87 -Pan y vino andan camino MAS COCINA EXTREMEÑA Mi itinerario de cada día dura de siete a diez horas. Mucho más tiempo del que se necesita para comer. Y por esa razón los comentarios gastronómicos se me adelantan a los viajeros. No se extrañen, por lo tanto, si notan un cierto desajuste entre unos y otros. En el Parador de Jarandina intentamos seguir conociendo la cocina de Extremadura. El cabrito tiene en ella un importante papel y por eso, cuando veo en la carta un guiso de patatas con participación de ese tierno animal, las elijo sin vacilación. Ya sé que no es una fórmula complicada, digna de inspirar literarias anotaciones, pero ustedes convendrán conmigo en que estos guisos populares, a la española merecen el máximo respeto. Sobre todo cuando, como en este caso, la carne era tan tierna y tan suave y tan sabrosa. Mi acompañante prefirió el animalito en forma de chuletillas, para seguir con su costumbre, y sus elogios fueron semejantes a los míos. Seguimos cultivando las recetas regionales con unos muslos de pollo a lo padre Pedro y un cabrito frito al hinojo. Esto en otra comida, naturalmente. El ave que cedió sus miembros para mi almuerzo debía tener un tamaño considerable, ya que parecían venir no de una gallinácea de corral, sino de una vicetiple de las antiguas, cuando al personal le gustaban más bien gordas. Frito al hinojo, el cabrito continuaba siendo una deliciosa criatura. Tengo anotada favorablemente una puesta de huevos de codorniz. Se trata de cuatro escalfados huevos de esa avecilla, rodeados de pimientos rojos. Mi acompañante, más carnívora que yo, prefería, unos escalopes de ternera con níscalos, que en su tierra catalana se llaman rovellones y constituyen una escolta bien lucida para un plato de carne. La tarta de naranja fue una agradable sorpresa. Fina, leve, ponía un delicado remate a la refección. Y me hizo preguntarme si los españoles le. sacamos a nuestra naranja, la fruta que nos representa en el mundo, todo el partido posible. Las cerezas de Garganta la Olla, que también probamos, eran una delicia. Esta tierra está cuajada de cerezos y da gloria ver los árboles desde el camino, colmados de fruto, en un contraste de color maravilloso. Entre lo rojo, lo verde como decía Góngora en su romance, aunque la materia fuera distinta. Én fin, hemos tratado de hacer honor a los sabores tradicionales de esta Extremadura que todos debíamos conocer a fondo. C. L. T. Encinas y trigales Al salir de Zafra, temprano como siempre, nos metemos por la ancha tierra de Badajoz, lejos de las carreteras principales. Hinojosa del Valle, Hornachos, Campillo de Llerena... Campos donde crecen la vid, el olivar y el trigo. Pueblos en calma donde acaso hay un pequeño coro de mujeres junto a la camioneta que es comercio ambulante y donde los jubilados sé sientan a la sombra y gastan en conversación sus horas ya vacías bajo la oscura torre de la vieja iglesia. A veces, el encinar se adueña del paisaje. De vez en cuando hay unos eucaliptos, altos y desflecados. El camino está tan desierto que nos sentimos solos en el mundo. Corren los kilómetros y no encontramos ningún coche. Hacia Peraleda de Zuacejo la calzada, estrecha, pero lisa de superficie, se nos descompone en agujeros que hay que sortear reduciendo la marcha. Una ladera poblada de eucaliptos nos recuerda el conflicto generacional de estos árboles. Los jóvenes son grises, casi plateados. Sus progenitores oscilan entre el amarillo y el verde. Es como si se copiaran la quiebra que separa hoy a muchas familias humanas, como un brote de rebeldía colectiva de estos arbolitos que no quieren parecerse a sus mayores, que afirman insolentemente su independencia por medio del color de sus hojas. Monterrubio de la Serena, Helechal, Cabeza del Buey. La actividad de un pueblo grande y campesino. Máquinas de labranza, tractores, bestias, camiones cargados. Ahora el paisaje, hacia Puebla de Alcocer, es un mundo totalmente distinto. El trigal amarillo se extiende hasta perderse de vista. Una lejana cadena montañosa le pone el contraste imprescindible para evitar la monotonía. Hay un castillo limpiamente perfilado contra el cielo, alzado exactamente donde tenía que estar para que la estampa resultase perfecta. Más que a una conveniencia militar, se podría decir que obedece a una intención estética. Pasada la Puebla de Alcocer, entramos por las sierras de La Solana y de la Chimenea en el verde camino que ciñe los embalses de Cijara y García de Sola. Se nos alegra el corazón con la vista del agua y de esta frondosa, alta, refrescante arboleda. Algunos bañistas, algunos pescadores, algunas familias con niños que han venido a pasar un día de campo. En Valdecaballeros salimos del amparo del bosque para arrostrar el duro sor del mediodía. No dura mucho el castigo. Poco a poco volvemos a encontrar el abrigo de la sierra de San Simón y giramos una y cien veces por las curvas cerradas que nos llevan hacia Guadalupe. ¿Cuántos personajes de la antigüedad, por uno u otro sendero de estas sierras, peregrinaron hacia este rincón de Extremadura? Reyes, príncipes, nobles, ilustres viajeros venidos de Francia o Alemania. Aquí recibió el Emperador Carlos a Hernán Cortés, que le traía el fabuloso regalo de un México distinto y sorprendente, ganado con inteligencia y osadía en la mayor aventura de la Historia. Aquí, don Sebastián, el rey portugués, vino a pedir ayuda a Felipe II para intentar la empresa de Alcazarquivir, donde encontraría la derrota y la muerte. Aquí se asombraban los cronistas de la riqueza en tierras y ganados del antiguo monasterio Jerónimo, que daba de comer- según afirman- a más de mil personas diariamente. La peregrinación continúa. Los extremeños vienen a rezar a su Virgen o a casarse bajo su mirada. Y los extranjeros se enfrentan con los difíciles caminos para sorprenderse con la belleza de un claustro mudejar, con el color caliente de los muros y torres o con la abrumadora opulencia de los lienzos de Zurbarán en la sacristía de la gran iglesia. Aquí en el parador- antiguo colegio donde se practicó por primera vez la disección de cadáveres, con licencia papal- se oye hablar en alemán y en inglés por las galerías del claustro o en el breve y primoroso jardín, junto al templete rodeado de cipreses y olivos. Cuesta arrancarse de esta paz, de este sosegado rincón cantado por tantos poetas. Por cierto, los versos que se inscriben en el templete del jardín como obra de don Luis de Góngora, creo yo que son de Lope, y de su comedia Las sierras de Guadalupe Porque no creo que un ser tan orguloso como el autor de Polifemo se apoderara de rimas ajenas, aun en un tiempo en que el plagio no era delito condenable. Cuesta arrancarse de Guadalupe y del tranquilo encanto de su parador. Nosotros nos vamos por la ruta más enredada y quizá más bella, por el camino que sube entre el bosque hacia Navalvillar y Castañar de Ibor. La visión del pueblo desde arriba, apiñado en tomo al monasterio, es una imagen inolvidable. A veces los castaños o los robles se cierran tanto sobre el sendero que ni un rayo de sol puede alcanzarlo. Las amarillas flores del espino decoran las orillas mientras el roble sucede al castaño y el alcornoque lo reemplaza un poco más allá. Despojados de su corteza, desnudos ante las miradas de los viajeros, los árboles se ocultan pudorosamente, desplegando sus ramas. La jara se instala al borde de la carretera y nos acompaña, perfumándonos, durante mucho tiempo. Los dos pueblos que llevan Ibor por apellido estallan en flores a nuestro paso. Por Rebledollano el bosque se aparta y nos deja ver un horizonte ancho donde los montes se dibujan con un primor casi caligráfico. En Deleitosa hemos tocado fondo y la tierra es casi llana, salpicada de encinas y olivos. Un tramo de la carretera general hasta Jaraicejo y un desvío hacia Monroy. ¿Por qué este nombre francés en un paisaje tan ibérico? Las encinas ahora serán presencia abrumadora a lo largo de muchos kilómetros. Sólo el trigal vendrá de vez en cuando a intercalar una mancha amarilla. El camino es tan RECUERDE: (Con precios de choque) LOCAL SEMIESQUINA A SERRANO CENTRO 10.001 Internacional de ALFOMBRAS Y TAPICES Ilusión, confort, categoría B B 1850. Paseo de Recoletos, 18 SE VENDE O ALQUILA EN EL MEJOR SITIO del barrio Salamanca, 900 m. 2 en tres plantas. 14 m. de fachada. Directamente propiedad Interesados escribir al Apartado de Correos número 16.184 de Madrid derecho y tan igual que casi nos da sueño. Cayetano LUCA DE TENA