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MIÉRCOLES 22- 7- 87 CIENCIA Y FUTURO A B C 53 permanente en la Antártida ralada Antartico es muy reciente Y HESPÉRIDES üúññ NUEVA ZELANDA Si insólita es la situación de privilegio del archipiélago, donde Julio Verne ubicó su Isla misteriosa no menos insólitas son sus vicisitudes históricas. Después de la primera guerra mundial, la cartografía británica sustituye a la alemana en todo el mundo, las Hespérides misteriosamente desaparecen de los atlas (por eso aún hoy día es muy difícil localizarlas en éstos) Igual de invisible fue la efímera existencia del Estado Hespérico. En 1965 unos avispados negociantes- entre ellos algunos españoles- de acuerdo con banqueros neoyorquinos decidieron constituir esta ficticia nación y después de nombrar un Gobierno, redactar una constitución y hacer un himno nacional, solicitaron permiso a la ONU para legalizar el nuevo Estado. ZONAS RECLAMADAS POR LOS DISTINTOS PAÍSES INTEGRADOS EN EL TRATADO ANTARTICO límite de los océanos Pacífico y Glacial Antartico, por lo que no entra en la zona de influencia del Tratado Antartico. Sus grandes virtudes son el hecho singular de que la isla menor, Ya con el certificado de ésta no perdieron tiempo en lanzar sus primeras emisiones filatélicas, que constituyeron un lucrativo negocio en todo el mundo, y cuando la ONU se dio cuenta del engaño ya éste había proporcionado cuantiosos beneficios. Los sellos fueron impresos en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre española. También a la Armada de Su Graciosa Majestad alarmó la presencia del nuevo Estado cercano a la Antártida y envió secretamente un submarino atómico a investigar, no encontrando éste ni vestigios de la hipotética y abigarrada población multiracial. Para José Mons, directivo y fundador de la Asociación pro- Antártida y diplomado en Estudios Antarticos por la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores, hacen falta tres requisitos fundamentales para que España se asiente permanentemente en la Antártida: voluntad política de ir allí, lo que ya parece una realidad; un barco antartico, ya incluido en los presupuestos del próximo año y que llevará 40 tripulantes, 30 científicos, uno o dos helicópteros y modernos laboratorios y, en tercer lugar, la creación del Instituto Antartico Español, que unificará y coordinará todos los esfuerzos. El lugar idóneo para una base permanente española en 1988 podría ser la deshabitada isla de Livingstone, en el meridiano 62, donde ya en 1987 se estableció una base provisional por los cuatro investigadores de la expedición Biomass III Las esperanzas del futuro antartico español sé cifran en el Programa Nacional Antartico, J. L. JURADO- CENTURIÓN JAVIER SICILIA Mons Villa, directivo y miembro fundador de la organización. Su propósito era hacer entrega de un memorial que se adjuntará a la documentación que será entegada en octubre en Brasilia. Siguiendo un criterio de unificación de esfuerzos, ambas asociaciones han mantenido contactos, pero manteniendo, por ahora, su independencia. En marzo de 1956 la Comisión del Año Geofísico Internacional asignó a España la Isla de Pedro I o la de Bouvet para situar allí su centro de observación. De no hacerlo iría en su lugar Japón, que ya tenía asignado un asentamiento en la Costa del Príncipe Harold, y de no acudir ninguna de estas dos naciones lo haría una expedición internacional incluyendo a españoles. En 1957 ya estaban listas 25 expediciones al Antartico para instalar treinta bases y la Asociación proAntártida cuya finalidad primordial era organizar una netamente española, se dedica con ahinco a prepararla y, a pesar de que el coste económico de transporte y mantenimiento de cincuenta expedicionarios estaba totalmente sufragado por aportaciones particulares, los sucesivos informes negativos del Ministerio de Asuntos Exteriores, en mayo, y del Consejo de Ministros, en junio, dieron al traste con el proyecto. En 1963, después de firmarse el Tratado Antartico, la asociación busca una tierra más o menos cercana a la Antártida y elige las islas Hespérides o Dougherty. Para ello se envía una instancia el 24 de febrero de 1965 al ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María Cas- tiella, para solicitar colaboración y una propuesta en el Consejo de Ministros en este sentido, pero es desestimada y la misma suerte corren las gestiones del coronel Antonio Baeza con el ministro de Marina, La isla de Livingstone, posible enclave de la primera base científica española, con un presupuesto de 500 a 1.000 millones de pesetas anuales El Programa Nacional Antartico, incluido en el Plan Nacional de Ciencia y Tecnología, coordinará todos los esfuerzos de los investigadores españoles Nieto Antúnez, en noviembre de 1965. De nuevo se frustraban las esperanzas de colocar una primera base antartica. Desde el 31 de mayo de 1963 la revista Antártida editada trimestralmente por la Asociación, fue la única continuidad histórica que daba constancia del interés español por el continente helado. Hasta su desaparición en 1979 mantuvo un amplio intercambio con otras revis tas similares y entidades internacionales competentes en el tema. Las islas Hespérides o Dougherty que, curiosamente, ya habían sido tratadas en el Consejo de Ministros de 12 de enero de 1949, eran y siguen siendo un lugar privilegiado para el asentamiento de una gran factoría pesquera. Están situadas en tierra de nadie en el meridiano 120 y en latitud 60 justo en el que constituye un alto farallón alargado, protege de los fríos vientos polares a la isla mayor, que tiene forma de media luna con una amplia bahía capaz de albergar y resguardar una gran flota. El clima de esta segunda isla es benigno por llegar a ella vientos cálidos desde Hawai y también una corriente templada que rodea el pequeño archipiélago (con unas 25 millas de largo entre los dos extremos de la isla grande) y aleja el borde de la banquisa antartica, que retrocede alrededor de éste. Así las Hespérides, en las que apenas nieva, se puede permitir el lujo de mantener una vegetación subtropical en las cercanías de la Antártida y, por si fueran pocas ventajas, sus manantiales forman uh lago de agua dulce en el centro de la media luna