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ABC OPINIÓN MERCÓLES 22- 7- 87 Prensa extranjera Primavera portuguesa Portugal ha terminado por fin con la revolución. Ha necesitado trece años y dieciocho gobiernos. Pero, al dar la mayoría absoluta al Partido Socialdemócrata, el centro- derecha, los portugueses han realizado un pacto. A las quimeras ideológicas han preferido esta vez el realismo. Portugal quería ser gobernada por el centro. El viejo sueño ha terminado. Al contrario del CDS (Centro Democrático y Social) siempre nostálgico del buen doctor Salazar Cavaco Silva, el jefe del PSD, no simboliza la revancha de los anteriores. No volverá sobre los derechos adquiridos de 1974 y 1975. Ño cuestionará los grandes principios de la justicia social. Pero, a la inversa del socialista Mario Soares, varias veces jefe del Gobierno y hoy presidente de la República, no se dejará llevar por una deuda de solidaridad con los sindicatos y pondrá en práctica la única posibilidad: la austeridad. El próximo primer ministro afronta esta experiencia inédita con dos bases sólidas: más del 50 por 100 de los votos emitidos y 145 escaños en el Parlamento. Mientras que su más próximo opositor, el Partido Socialista, cuenta solamente con 59, Cavaco Silva tendrá tiempo de hacer oír su voz, dispondrá para gobernar el país de un lujo sin precedentes desde 1974: la duración de la legislatura, es decir, cuatro años. Portugal quería el consenso. Y él mismo se ha dado los medios. En principio, y gracias a Mario Soares, que ha tenido el coraje de erigirse en arbitro irnparcial más que en jefe de partido. Desde qué el Gobierno minoritario de Cavaco Silva cayó en abril, él hubiera podido conseguir una mayoría dé concordia con los pequeños partidos habituales para dar poder a su formación, el Partido Socialdemócrata. Ha escogido el riesgo. Su partido ha perdido, pero el país ha ganado la oportunidad del cambio. Además, los electores han añadido su madurez. Han castigado al Partido Renovador Democrático, que había desencadenado la crisis que derrocó a Cavaco Silva: el PRD queda destrozado, pasando del 12 por 100 a menos del 5 por 100. Pero han rendido una especie de homenaje al PS, que sube del 20 al 22 por 100. El resultado de las urnas es incontestable: los portugueses rechazan ya todos los extremos. Por un lado, el CDS, que, al perder la mitad de sus electores, se encuentra con un 4,5 por 100. De otro, los comunistas y sus aliados, que retroceden del 15 al 10 por 100. Esta madurez confirma la confianza depositada por la CEE. Admitido hace dos años en el seno de la Comunidad Económica Europea, Portugal ha aceptado todos los sacrificios impuestos por la competencia de sus socios, más grandes y más ricos, para escapar al destino at que se sentía abocado: el de un país en vía de desarrollo. Para conseguir la modernización, los portugueses han escogido la estabilidad. -Charles Lambroschini. Le Fígaro París. Planetario EL SILENCIO Y LOS PROBLEMAS veces no está uno tan solo como teme. No va uno tan a repelo cuando describe cierta tendencia de nuestro ¡zquierdismo oficial á la descalificación dogmática y a la censura. Martínez Zato, miembro del CS del Poder Judicial, acaba de decir- Tiempo lo rec o g e- que ser progre no, consiste en meterse con un policía cuando dauna bofetada a un terrorista Barrionuevo había dicho el otro día algo por el estilo, y la izquierda, desde muchos ángulos, se ha apresurado a decirle que se calle. Da gusto ver de acuerdo en eso a Barrionuevo y Martínez Zato. Quien tampoco se calla, aunque al ministro de Sanidad le agradaría que lo hiciera, es el presidente de la Organización Médica Colegial, Ricardo Ferré, que el otro día escribía en estas mismas páginas su temor a que en vista de que la huelga de los médicos se ha callado, tras la promesa de negociar, el ministro de Sanidad proyecte colocarle a la profesión médica un Estatuto Marco mediante el trágala de una ley. Lluch y su continuador, que mejora lá marca de incompetencia y tozudez, han llevado a la Sanidad a un verdadero caos en su obstinación por rebajar el prestigio de los médicos y domesticarlos dentro de sus planes de medicina socializada, estatalizada. Frente al autoritarismo, dogmático supuestamente izquierdista del ministro, la enérgica temperancia del doctor Ferré ha producido un curioso equilibrio del sistema sanitario. Por un lado, los enormes plazos para la asistencia, para la simple exploración radiológica o la intervención quirúrgica de los enfermos en los hospitales del Seguro, ven el asombro y el descrédito de nuestra Seguridad Social ante los medios europeos. Por otro, la perseverante y serena actitud de los médicos ha logrado que España sea designada sede del Comité Per- A manente de Médicos de ia CEE para e l trienio 1988- 91. Estado pierde. Medicina gana. La intransigencia, como del crimen dicen las novelas policiacas, no gana. El doctor Ferré, mediando para que la grave huelga de los médicos cesara, na dado a la OMC una autoridad que el Ministerio ha perdido. Pero se trata de consideraciones de valores morales. En la práctica, el ministro dispone del temible poder presupuestario en su Departamento. Si frente a las requisitorias médicas los presupuestos para el año que viene, que se harán durante esta tregua, no son actualizados, mejoradas las dotaciones, corregidos los despilfarras, la catastrófica situación actual se repetirá, se agravará mañana. Tenemos hoy uno de los peores servicios sanitarios de la Europa comunitaria. En contraste llamativo, empresarios y trabajadores pagan las cuotas más caras. Es curioso que esto suceda bajo un Gobierno socialista que propone una concertación social. Los dos grandes sindicatos le dicen a Felipe González que no a esa concertación con la que aspira a gozar un tranquilo fin de mandato. Los médicos no son llamados a opinar, pero se sabe de sobra lo que opinan: que la Seguridad Social trata todavía peor que a los doctores a los trabajadores asegurados. Decirle al doctor Ferré que se calle puede ser muy normal en la nueva concepción del izquierdismo censurador que tan brillantemente se ha expresado respecto a Barrionuevo. El callar, el silencio, no resuelve los problemas. Sólo los agrava. ¿Se da cuenta el ministro de Sanidad? Lorenzo LÓPEZ SANCHO